En los últimos sexenios los grandes protagonistas han sido la violencia, el crimen organizado y la impunidad. Desde hace tiempo, cada vez que termina un gobierno deja datos históricos de inseguridad, aumento de la violencia de cárteles y el crimen organizado. Esta información es usada por los gobiernos entrantes para promocionar acciones justicieras y hacer evidente el supuesto cambio y la transformación del nuevo régimen. En realidad, en todas las ocasiones esto ha quedado como mera propaganda porque en este país sigue reinando la impunidad.
Un claro ejemplo de esta práctica, es la actual guerra entre grupos de la delincuencia organizada que se disputan la frontera sur del país en el estado de Chiapas que tiene frontera con Guatemala.
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El sábado 23 de septiembre, filas de hombres y mujeres en la orilla de la carretera de la comunidad conocida como Chamic, una de las puertas de entrada a la zona fronteriza entre México y Guatemala, recibían a las camionetas con hombres con uniforme tipo militar y armas largas que desfilaban gritando ¡Puro Sinaloa! haciendo alusión al Cártel de Sinaloa, como un mensaje de guerra dirigido al cártel contrario, Jalisco Nuevo Generación.
Lo que está sucediendo en Chiapas es evidencia del vacío del poder del Estado, de la falta de una estrategia de seguridad y de que el Estado, una vez más, durante este sexenio ha sido rebasado por la delincuencia organizada, nuestro país se mantiene en una guerra contra el narco.
El grado de penetración, dominio e impunidad con la que se mueven los grupos organizados por todo el país, hace evidente el fracaso de la política de “abrazos, no balazos,” que ha incentivado el avance de la delincuencia y se aleja mucho de la grandeza histórica pretendida por la Cuarta Transformación.
El Presidente, tal como lo hicieron los anteriores, sostiene que es un evento limitado a una región específica y la difusión del mismo es por una campaña en contra de su gobierno; es decir, en el país donde no pasa nada, seguiremos viviendo las consecuencias de los grupos que se disputan el negocio de las drogas, del huachicol, secuestro, extorsión, trata de personas y demás crímenes, corrompiendo a las autoridades, sometiendo poblaciones enteras sin que el gobierno actúe en consecuencia.