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OPINIÓN

El Grito: ¿una nueva patria?

El grito de independencia no es un símbolo patrio, en consecuencia, no está reglamentado

Antonio Tenorio Adame

Licenciado en Economía por la UNAM, y docente en la BUAP. Fundador de la Academia de Historia y Crónica Parlamentaria y cofundador de la Asociación de Periodistas Democráticos junto con Renato Leduc. Ha sido diputado federal en diversas legislaturas, desde donde ha impulsado la apertura democrática. 

Lunes, Septiembre 18, 2023

Durante la ceremonia del Palacio Nacional del pasado 15 de septiembre, el Presidente gritó: "Vivan nuestros hermanos migrantes"; “vivan” respondió en coro el pueblo.

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El grito de independencia no es un símbolo patrio, en consecuencia, no está reglamentado, cada quien revela sus intenciones.

Aún Hidalgo en su enunciado se le atribuye vivas al Rey, versión desmentida por Abasolo quien estuvo presente en su momento.           

A través del tiempo, se admite, que es la más nítida manifestación de sentimientos de la patria. Un refrendo anual de mexicanismo.                     

Por tal razón, la inclusión de AMLO a migrantes, motivada quizás por su humanismo morenista, donde cobija por igual a quienes van en tránsito a su destino, como los propios y aquellos rechazados por Estados Unidos.                 

Una vez más la Patria va en ascenso sin cesar.

Su mayor incremento se registró el 18 de mayo de 2021 con la reforma constitucional del artículo 30 para otorgar la nacionalidad mexicana a descendientes de mexicanos de tercera generación, de tal modo resulta que la nación ya no corresponde a 129 millones de habitantes con residencia en el territorio nacional, sino a 163 millones con el añadido de la comunidad mexicoamericana que reside allende la frontera.

La nacionalidad mexicana, ahora, solo es renunciable de manera expresa sujeta a un protocolo, un candado que se aplica en caso de servir a un ejército extranjero, como ocurre en ciertos casos con mexicanos alistados en la U.S. Army.

La incorporación de la población migrante mexicana estimada en 14 millones fueron reconocidos sus derechos con la reforma de “no pérdida de nacionalidad”, así como también a sus descendientes 20 millones, lo que el especialista en migraciones Tonatiuh Guillén llama “nación transterritorial”, quien advierte la complejidad de sus efectos en la representación política y en la seguridad nacional, aspectos que son vulnerables.

La política migratoria es un espectro geopolítico determinante en los fundamentos nacionales, como lo demostró en el pasado el desorden introducido por la permisividad del poblamiento migrante de Texas que llevó a la pérdida primero de ese territorio y posteriormente a la sustracción ilegal de la mitad del territorio nacional. En el presente ¿adónde vamos?

Discurso de mayoría

Por principio, cabe distinguir: en el nacionalismo de estado, no obstante, se imponen las obligaciones a sus ciudadanos, en tanto a la patria se le concibe desde la profunda esencia del sentimiento. La nación se impone, la patria se ama.

México dispone de una historia señera, como otros pueblos más, se distingue porque en su recorrido por el ayer hubo dos instantes de fundición, conciliación, y redención, tal fuera: la obra cultural de las misiones del evangelio que rescataron la obra cultural de los indígenas, la otra, ocurrió con la llegada de los refugiados de la guerra civil española.

​Con la fundición de la cultura de México y España, se creó la patria de la palabra. Se constituye como capital, aquí reside el mayor número de hispanohablantes. También la expansión hacia los EE. UU. le da la dimensión de un idioma en crecimiento y resistencia frente a la discriminación y racismo. Dimensión de lo universal.

El patriotismo y la libertad son inseparables. El patriotismo del que hablamos no se refiere, en consecuencia, a un determinado texto constitucional en su literalidad, sino a los valores y principios democráticos que contiene al otorgar condición universal de ciudadanos. Dentro de ese entorno, la patria une el anhelo moral de los mexicanos

La complejidad demográfica que enfrentamos se deriva del reacomodo entre la ocupación territorial de la sobrepoblación mundial con escasos niveles de desarrollo y falta de empleo ante sociedades demandantes de mano de obra de bajo o nulo crecimiento de población. El desequilibrio es derivado del modelo de organización económica del neoliberalismo, el cual requiere de un rostro humano que incluya atenuantes, tales como considerar el trabajo de migrantes con sentido de cooperación internacional.

Los retos a los que se enfrenta la política demográfica del país no es simple, como lo señala la experiencia hebrea y alemana:

a) El pueblo judío durante siglos careció de espacio territorial hasta ocupar tierras del Golán, de las que ahora expulsan a los palestinos.

b) Después de la Segunda Guerra Mundial en 1945, Alemania se dividió por los vencedores, en la parte oriental se levantó el Muro de Berlín, hasta que en 9 de noviembre de 1989 se derribó dando lugar a la unificación de ambas alianzas.

Los costos de estas hazañas de la humanidad son inconmensurables.

La pregunta es: ¿cómo México mantendrá la unidad de sus nacionales sobre las tendencias que privan de exclusión y racismo del centro de dominio?

La médula histórica de México es diferente a la de Israel, tampoco dispone de los recursos económicos de Alemania.

El factor de unidad identitaria que dispone el pueblo mexicano es el patriotismo, como recurso diferente a la nacionalidad, a partir de que el primero es un sentimiento indiviso y el segundo es una relación con un Estado, es decir con una sociedad determinada.

El patriotismo mexicano como un elemento de identidad y cohesión social.

Dictamen Constitucional

Los alcances del Estado mexicano a favor de los “hermanos migrantes” no son reveladores de una comprensión basada en el respeto ni el apoyo solidario.

Para comenzar, el Estado se adjudica sus logros económicos y sociales, como son el envío de remesas ostentando su ascenso permanente. A la inversa; es capaz de reconocer el fracaso que significó no crear condiciones favorables a la retención de mano de obra abriendo un espacio ocupacional en el crecimiento económico del país.  

El trabajo migrante debe reconocerse como cooperación internacional capaz de generar una tasa de inversión a favor de las zonas expulsoras de mano de obra.

El gobierno debe favorecer el fortalecimiento de las redes sociales inter migrantes con sus orígenes con programas de educación y cultura, así como de orden deportivo, como ocurre en ciertos pueblos con fiestas patronales.

 

 

 

 

 

 

 

 

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