Uno de los grandes retos que enfrentaremos en el Periodo Ordinario de Sesiones que acabamos de iniciar, será sin ninguna duda, la aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal 2024.
Pero no únicamente, en el sentido de destinar los recursos necesarios para atender las demandas de la ciudadanía en materia de salud, seguridad y educación, rubros que han sido maltratados por la presente administración. Sino también en materia de fiscalización, saber en qué y cómo se gasta el presupuesto. No es posible que la fiscalización de los recursos por la Auditoría Superior de la Federación de la Cuenta Pública se realice con dos años de atraso a su ejercicio, lo que no permite saber cabalmente si el recurso erogado se utilizó para los fines aprobados.
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Un ejemplo, son las irregularidades que detectó la ASF por más de 64 mil 835 millones de pesos en el manejo de la Cuenta Pública de 2021, de los cuales únicamente se han recuperado 2 mil 994 millones de pesos.
Es decir que los resultados de la fiscalización del último año de la presente administración se conocerán hasta 2026, lo que resulta contradictorio cuando la bandera del gobierno de la 4T es la transparencia.
Por otra parte, no tenemos que perder de vista la relevancia que tiene el equilibrio de poderes, para que ningún poder pueda sobreponerse a otro y con ello perder los pesos y contrapesos.
Es inadmisible que desde Palacio Nacional se dicte la línea de los proyectos legislativos que se deben de abordar en el Congreso de la Unión, como el hecho de la urgencia de aprobar cuatro reformas de orden constitucional, entre ellas la que propone dejar a la Secretaría de la Defensa Nacional el control operativo de la Guardia Nacional, también la que busca llevar a nivel de la Carta Magna, las pensiones de adultos mayores a partir de los 65 años y la destinada a las personas discapacitadas, además del Programa Sembrando Vida.
Es por ello, que debemos de cerrar filas y estar a la altura de las circunstancias y actuar en beneficio del país por encima de los intereses personales.
Tenemos que estar conscientes de que vivimos tiempos de polarización en el país. En la Cámara de Diputados tenemos que hacer valer su Ley orgánica y su reglamento.
Más allá de la contienda político-partidista, como congresistas no debemos de olvidar las principales facultades y responsabilidades que tiene la Cámara de Diputados: Ser un espacio para el diálogo, donde se puedan contrastar todos los argumentos; un campo en donde el gran reto de todos los partidos políticos es construir propuestas en favor de las y los mexicanos.
Entre todas las fuerzas políticas debemos ir encontrando puntos de entendimiento, con la finalidad que las y los mexicanos puedan estar mejor. El bienestar de la población debe de ponerse por encima de cualquier circunstancia.
Cereza en el pastel
La cereza en el pastel en este Tercer Año de Ejercicio de la LXV Legislatura, que sin duda será complicado por el proceso electoral que se avecina, es que, por primera vez en la historia, la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados es integrada por diez mujeres de los once integrantes que la conforman.
Tengo el honor de ser la vicepresidenta en este periodo legislativo, en donde seguiremos trabajando para que en todos los niveles de gobierno y en los tres Poderes de la Unión, la realidad de género sea una realidad.
En esta ocasión es doblemente significativo porque es la Legislatura en donde somos más mujeres que hombres. Se está reivindicando la participación de las mujeres.
Esto no solamente es un alto en el camino, sino nos convoca también a que podamos darle sentido a nuestro ejercicio en la Cámara.
Estoy feliz de poder participar en esta Mesa Directiva, que deberá ser responsable, comprometida e histórica por lo que representa.