El 8 de agosto de 1879 nació en Anenecuilco, Morelos Emiliano Zapata. Una figura histórica que encarna la justicia del pueblo de México. Pero acaso es posible, ¿un icono campesino de un pueblo con una identidad urbana diversificada?
La postura de la minoría
Más artículos del autor
Zapata se mantiene aun vivo en los reclamos por atropellos cometidos a poblaciones y asociaciones cívicas del país; es un espíritu viviente en la memoria política de los mexicanos, como consecuencia de su valor de mantener limpias sus banderas de restituir las tierras de los pueblos que fueron despojadas desde tiempos de la colonia hasta la modernidad salvaje del “porfirismo”.
Algunos estudiosos del agrarismo mexicano -John Womack- señalaron de un supuesto retroceso al precapitalismo la demanda de los revolucionarios surianos. No obstante, el Plan de Ayala, firmado en Ayoxutla, Puebla el 20 de noviembre de 1911, demandaban la restitución de tierras a pueblos y comunidades que fueron despojadas como demostraba con la ostentación de títulos primordiales ser los propietarios originarios de los predios en disputa.
El reparto agrario por tanto se trató a más de una satisfacción a un reclamo de justicia del pueblo en armas, constituyó un acto refundacional de la Nación para volverla a sus cauces originarios, como queda establecido en el artículo 27 constitucional: “La propiedad de tierras y aguas corresponde originariamente a la Nación …. la que tiene el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares, constituyente la propiedad privada”.
Las reformas del neoliberalismo promovida en el sexenio de Salinas llevaron al retroceso de otorgar a las asambleas de ejidatarios y comuneros la facultad de enajenar y vender las tierras con lo que se generó una avalancha de corruptelas para dar paso al despojo del patrimonio comunitario y familiar a favor de corporativos inmobiliarios y turísticos de predios cuyo valor de mercado era superior.
El discurso de la mayoría
La voracidad de los intereses urbanizadores no ha agotado la gran reserva de la propiedad social que aun mantiene el rango del 50 por ciento de los bienes de la Nación.
Ya hace dos décadas los historiadores notables, como David Brading, recomendaban: «A partir de los años ochenta el nacionalismo surgido de la Revolución Mexicana empezó a perder fuerza. Frente a ese hecho y dados los cambios geopolíticos y económicos en el mundo, ''México tiene que encontrar otra inspiración y otros ideales para definirse como nación», advertía que “caracteres sociales en distintos momentos fueron medulares en la conformación de la conciencia nacional ahora han perdido vigencia; por ejemplo, la reivindicación del mestizaje, la economía proteccionista, la defensa ante agresiones externas, la religión y el movimiento agrario, entre otros”.
''La migración, los tratados económicos con Estados Unidos y en general la llamada globalización -que no es más que la penetración capitalista- marcan un tiempo de transición ante el cual México tiene que encontrar otros modos de definir su nacionalismo''.
El tráfico corrupto de tierras, como ocurre en Ocoyucan, Puebla, denunciado en Unidad Parlamentaria por Alberto Peralta, da idea del despojo salvaje del patrimonio familiar agrario.
Por tanto, no fue esta la vía de capitalizar el campo, como tampoco las políticas de apoyo social, como Procampo; al contrario, los campesinos al recibir los apoyos monetarios dejaron de sembrar y algunos prefirieron migrar a las ciudades y a los Estados Unidos. La agricultura perdió capacidad de abasto social hasta reflejarse en la flaqueza de la seguridad alimentaria del país.
En torno a la dependencia alimentaria derivada en condiciones impuestas en el T-MEC ha surgido el conflicto del daño sanitario definido en el Decreto presidencial 2020 al cerrar su paso a la importación de 16.68 toneladas millones de maíz transgénico
En respuesta a principios de junio 2023 un grupo de 62 legisladores de Estados Unidos pidieron consultas en T-MEC por maíz transgénico del que México depende el 36 por ciento de su abasto,
Por otra parte, e l nuevo poder de los pueblos indígenas, refiere Victor Toledo (La Jornada 5 agosto 2023) al señalar un proceso liberador que los envuelve llegando a conformar la diversidad cultural de la especie humana
En tanto surge un “Nuevo agrarismo” que se encuentra latente en los núcleos ejidales y comunales en la redefinición de sus intereses y la forma de aprovechamiento en el patrimonio y bienestar familiar, con una proyección de uso comunitario y un manejo ecológico del antropoceno.
La propiedad social como la determina el Registro Agrario Nacional conciernen a 99.6 millones de hectáreas dotadas a 32,213 núcleos agrarios, ubicados en las 32 entidades federativas de la República dentro del territorio de 2319 municipios de los 2469 que existen en México.
Al ejecutarse las expropiaciones de las tierras no se distinguió entre comunidades y ejidos, siendo que las primeras disponen de un entorno ecológico que han mostrado su capacidad para conservarlo, sin que la legislación referente disponga la debida protección, en particular en la consulta obligada para admitir o rechazar el aprovechamiento de sus recursos como ocurre con la Ley Minera donde las comunidades por lo general son marginadas (Reyna Moguel Viveros, INAH, INPI).
Urge dictamen constitucional
El Nuevo agrarismo debe cubrir el déficit de protección a las comunidades indígenas para determinar los acervos de capital biótica en áreas destinadas voluntariamente a la conservación de las comunidades agrarias.