Las posiciones ultraconservadoras, radicales y anacrónicas están ganando terreno en el mundo. Esto ocurre incluso en las sociedades democráticas con división de poderes, elecciones periódicas, prensa libre, modelos capitalistas de mercado y libre circulación de personas, ideas, valores y proyectos culturales.
Las posiciones ultraconservadoras justifican sus acciones porque consideran que se vive una guerra entre el bien y el mal. Así ha pasado en las últimas semanas con el debate sobre los libros de texto en México. Es totalmente sano que una sociedad discuta los contenidos de los libros de texto que el gobierno edita para cumplir con su responsabilidad de ofrecer educación pública, científica y laica en el país. Es totalmente sano que se señalen errores de contenido, de fechas, de redacción y hasta de ortografía. Es totalmente sano en un país que se presume democrático, que se discuta una política pública como la edición de los libros de texto gratuitos.
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En este contexto, las posiciones ultraconservadoras de inmediato marcan sus diferencias respecto a las discusiones moderadas, centradas y con evidencias empíricas y científicas.
En primer lugar, arman un escándalo respecto a los nuevos libros de texto durante este gobierno como si nunca hubiera ocurrido algo parecido. Y esto es totalmente falso. Cada vez que se han revisado, modificado y se actualizado los libros de textos en diferentes gobiernos de nuestro país, se han presentado diversos debates. Lo que ocurre hoy en México no es nuevo.
Bertha Hernández recuerda diversas polémicas sobre los libros de texto en un breve artículo. Por ejemplo, en los años sesenta desde Monterrey se inició una lucha ideológica ultraconservadora que calificaba a los libros de texto como comunistas por su contenido y por ser gratuitos.
La académica señala que los temas históricos siempre han generado polémica: “Los debates por la historia han sido igual de intensos. Al sustituir los libros de Historia y Civismo por los de Ciencias Sociales, a partir de 1970, las discusiones se centraron en la ausencia de la narrativa histórica encaminada a fomentar el culto a los héroes. En esos años, el planteamiento de que Darwin, Freud y Marx habían contribuido a la construcción de las ideas transformadoras del siglo XX, escandalizó más que la ausencia del Pípila.” (https://relatosehistorias.mx/nuestras-historias/las-batallas-por-los-libros-de-texto).
También recuerda las polémicas sobre los contenidos sexuales en los libros de texto: “Dos discusiones importantes respecto a ciencias naturales se dieron en 1973, cuando aparecieron los libros para sexto año de la reforma educativa echeverrista y los sectores conservadores criticaron las páginas dedicadas a la educación sexual. En 2003, por ejemplo, durante el gobierno de Vicente Fox fue una ilustración que mostraba a un par de niños en una regadera la que provocó la indignación de la Unión Nacional de Padres de Familia.”
Y en el 2016, durante el gobierno de Peña Nieto, la Conferencia del Episcopado Mexicano criticó los libros de texto, porque se limitaban, según la Conferencia, “al señalar el riesgo de enfermedades y embarazos”.
Con estos ejemplos, queda claro que siempre se han generado debates y controversias sobre los libros de texto gratuitos en México. Por lo tanto, reitero que lo que ocurre actualmente no es nuevo en nuestro país. Quienes pretenden hacerlo ver así tienen una clara agenda política, y esto no deja de ser normal en el marco de sociedades democráticas.
Pero la arremetida ultraconservadora va más allá y exhibe sus posiciones anacrónicas tratando de pintar al gobierno y a la Secretaría de Educación Pública como engendros demoníacos del mal.
Arremeten contra el hecho de que el gobierno ofrezca contenidos educativos basados en hechos y datos científicos. Consideran que ese acto es “comunista”. Estas posiciones ultraconservadoras, basadas en prejuicios religiosos y concepciones mágicas y divinas del mundo, censuran que la palabra de dios o de los dioses no esté presente en los libros de textos, como tampoco las enseñanzas religiosas. Por supuesto, la Asociación de Padres de Familia está pensando en términos católicos. Se olvida de que en nuestro país se practican muchas otras religiones (judaísmo, islam, cristianismo protestante), por lo tanto, su argumentación es sesgada y parcial.
Eduardo Verástegui asegura que los libros de texto son un adoctrinamiento comunista. Lo dice en un video corto (susurrando), pero no ofrece ninguna evidencia al respecto:
Simplemente dice que los libros son comunistas. Se trata de una afirmación dogmática y no ofrece ejemplo alguno para sostenerla.
Por su parte, Carlos Loret de Mola en un video corto dice que en los libros de texto hay “menos matemáticas y más política” (https://www.youtube.com/shorts/5vwhDMnLVak).
Esta afirmación de Loret de Mola no es precisa y, por lo tanto, se vuelve tendenciosa. Por supuesto que las matemáticas están presentes en los libros de texto, y se contextualizan con problemas prácticos como lo han dicho especialistas en una era en que las matemáticas en el mundo se enseñan vinculándolas con los temas de la vida cotidiana y científicos, tecnológicos y de la naturaleza. La época de memorizar fórmulas se acabó. Es probable que Loret de Mola desconozca que esta estrategia educativa es promovida mundialmente por la UNESCO.
Pero el tema que pinta de pies a cabeza a las posiciones ultraconservadoras en México contra los libros de texto es el que arremete en contra de la educación sexual, la igualdad de género, las diversas formas de familia y hasta del lenguaje inclusivo.
Las huestes ultraconservadoras están totalmente en contra de que sus hijos reciban educación sexual en la escuela, y de que se enseñen posturas respetuosas ante la diversidad sexual.
Lo que esos padres de familia no ven, o no quieren ver, es que sus hijos están bombardeados con información sexual en una infinidad de redes sociales que nadie puede controlar: la televisión, los contenidos de las telenovelas o las películas de Disney, muchísimos podcasts, las marchas por el orgullo gay y la bandera de arcoíris en cualquier esquina, Youtube, TikTok, Instagram, los chats de los video juegos en la red en los que sus hijos conectan con gente de todo el mundo y hablan de temas deportivos, sexuales, de alcohol y drogas, los cómics contemporáneos, los memes, los sitios de novelas eróticas de acceso libre, incluso las páginas pornográficas a las que muchachas y muchachos de 12 o 13 años saben entrar sin que sus padres mojigatos se enteren nunca.
Ante esa tormenta de contenidos sexuales contemporáneos, ¿por qué los ultraconservadores poner el grito en el cielo por los libros de texto gratuito?
Obviamente lo hacen por razones políticas. Porque si se trataran de razones morales, intentarían impedir que sus hijos estuvieran en contacto con las redes sociales contemporáneas que han democratizado la información y la desinformación, al hacerla accesible para cualquier persona con un celular o una computadora con acceso a internet. Obviamente, para lograr esto, los padres de familia tendrían que ser autoritarios y represores, con el consabido fracaso de estas estrategias intolerantes.
En resumen, que los libros de texto gratuitos en México sean un debate público es, a todas luces, un hecho democrático que celebra la libertad de opinión y la necesaria discusión de ideas diferentes. Y lo que tenga que corregirse y ajustarse en esos libros simplemente los convertirá en mejores herramientas para el conocimiento.
Al mismo tiempo, el debate desnuda las posiciones ultraconservadoras dogmáticas e intransigentes, que apelan al maniqueísmo y usan argumentos generales sin presentar evidencias o ejemplos para demostrar, empíricamente, lo que sostienen. Son posiciones que condenan, y solo eso. Pero también nos ayudan a imaginar cómo sería el mundo gobernado por los ultraconservadores: intolerante, prohibitivo, lleno de prejuicios, reacio a la ciencia, contrario a la diversidad y ciego ante la realidad plural del mundo contemporáneo.