“Me parece absurdo que las leyes, que son expresión de la voluntad pública, que detestan y castigan el homicidio, cometan ellas mismas también uno, ordenando un homicidio público para alejar a los ciudadanos del asesinato.”
Cesare Beccaria (Cesare Bonesana Marchese di Beccaria, 1738-1794)
De acuerdo a la opinión de un abogado penalista, que solicitó anonimato, considera que: “La palabra homicidio significa asesinato. Si matas a otra persona, estás cometiendo un homicidio. El nivel del homicidio se define legalmente como asesinato si el acto es intencional y homicidio involuntario si no es intencional. El sufijo "-cidio" viene del latín "-cida" hace referencia a la muerte, mientras que el prefijo latino "homo" significa hombre. Así homicidio es cuando un hombre mata a otro hombre”.
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Primero, si hubo o no un intento de magnicidio contra el presidente Rafael Correa. No, quedó registrado cuando contaron el plan del magnicidio a Allende.
De acuerdo al Estudio para elaborar una propuesta de política pública en materia de justicia transicional en México, donde establece el proyecto y que fue desarrollado a petición de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), en 2018, ubica que en México vive desde hace varios años un fenómeno de violencia a gran escala. Las víctimas se cuentan por miles. Esta grave situación y sus consecuencias no han podido ser atendidas desde las instituciones y mecanismos ordinarios de justicia. La respuesta que muchos países han dado a problemas similares es el diseño e implementación de una política de justicia transicional (JT). La coyuntura del cambio de administración en el ámbito federal ha abierto la discusión pública sobre esta materia, que coincide con el informe a la Comisión Nacional para las Causas y la Prevención de la Violencia Política de los Estados Unidos en 2020, e incluye la siguiente tipología del magnicidio.
1) Un líder hace asesinar a otro para convertirse él en líder. Este tipo es más común en las culturas de América Latina y de Medio Oriente, aunque también hay casos en Europa. Por lo general se trata de un líder de menor nivel que asesina a su superior. Por ejemplo: Hitler contra Ernst Rohm o el Senado Romano contra Julio César.
2) Agentes de un gobierno asesinan para eliminar la competencia política de grupos rivales. En este caso se trata de líderes de nivel superior que hacen matar a potenciales rivales de igual o menor poder. Por ejemplo, el asesinato del presidente de Haití, Jovenel Moïse; Álvaro Obregón (1928); el presidente de Bolivia, Gualberto Villarroel (1946); el presidente de Guatemala Carlos Castillo Armas (1957); John F. Kennedy (1963); Salvador Allende (1973); Omar Torrijos de Panamá, en un “extraño accidente aéreo (1981); Luis Donaldo Colosio (1994); intento de asesinato contra Cristina Fernández de Kirchner (2022); Gustavo Petro durante su campaña presidencial, se atentó contra su vida (2018). son algunos ejemplos.
3) Asesinatos para generar miedo y desmoralizar al poder existente para así lograr un cambio de gobierno. Por lo general ocurre en países donde otra potencia domina como fuerza de colonización. Por ejemplo, los asesinatos (incluido el de Gandhi tal vez) de fuerzas británicas en la India; también podrían entrar en esta categoría los asesinatos de grupos extremistas islámicos y neonazis.
4. Asesinatos con propósitos propagandísticos. Los grupos terroristas asesinan a alguien para atraer la atención hacia su grupo, donde intereses económicos y políticos en una nación, no aceptan la política de gobierno democrático, a su vez, como forma de presión y amenaza, recurriendo a medios de comunicación para difundir incertidumbre social, mentiras, deformación de hechos. Etcétera.
En algunos Estados la figura queda reducida a la muerte del jefe de Estado. En otros es más amplia, pues incluye al presidente del Gobierno o primer ministro, a los presidentes del Parlamento o Congreso y a la familia de los jefes de Estado, cuando el sistema es una monarquía. En este último caso, se incluye la muerte de los sucesores o herederos directos de la Corona.
“La finalidad de la guerra es el homicidio; sus instrumentos, el espionaje, la traición, la ruina de los habitantes, el saqueo y el robo para aprovisionar al ejército, el engaño y la mentira, llamadas astucias militares”: León Tolstói
Ante la disputa política por la nación en México, los intereses de grupo o personales, llegan al extremo de eliminar al contrincante a como dé lugar, ya sea mediante artimañas y guerra sucia, usando artilugios “legales”, como el desafuero, para descarrilar o minar toda posibilidad de un político o personaje, que no esté en los intereses coincidentes; si esa guerra no funciona, la ejecución el camino. No podemos excluir que líderes sociales y de organizaciones civiles de toda índole, también son ejecutados o desaparecidos por el poder en turno.
En esa guerra política, desde 2018, o más bien, desde que el hoy mandatario Andrés Manuel López Obrador fue el jefe de gobierno de la CDMX, representó un obstáculo para intereses fácticos y de grupos políticos, emprendiendo la demanda de desafuero por la construcción de una avenida y comunicar un hospital, luego, el fraude electoral en 2006.
Para 2018, y desde ése momento a la fecha, dichos poderes mantienen una batalla contra el actual gobierno federal que abarca desde interponer amparos contra distintas obras gubernamentales, recurriendo al Poder Judicial, más amparos o liberación de personas que han incurrido en delitos contra la nación, etcétera. Guerra que el método es la sucia, el vituperio, emitir mentiras o deformaciones de los hechos, a través de medios de comunicación televisivos, de radio e impresos, y bajo distintas plataformas que permite el Internet.
En el plano electoral al 2024, se magnifican esos métodos, y el recurso de la administración federal para difundir, explicar o aclarar sus acciones y de frente a esa diversidad de oposición cuya cabeza visible es Claudio X. González, que guarda interés con Carlos Salinas de Gortari, confiaban que inventando diversos frentes políticos disfrazados de organizaciones civiles, junto con sacar de la chistera un teatro guiñol representado por el PRIAND, bastaría para construir un ejército y así minar u obstaculizar a la 4T.
Su fortaleza la confiaron en esa guerra sucia, en cuanto que, al amparo constitucional de libertad de expresión, diariamente medios de comunicación orgánicos, junto con personajes que se catalogan de “intelectuales y columnistas”, se encargan de esa tarea.
Cabe recurrir al Diccionario de la Real Academia Española, el poder fáctico es "el que se ejerce en la sociedad al margen de las instituciones legales, en virtud de la capacidad de presión o autoridad que se posee; p. ej., la banca, la Iglesia, la prensa". Es decir, se tratan de corporaciones que tienen la facultad o la capacidad para realizar acciones conforme a sus intereses particulares, pero además dichas acciones se realizan por fuera del marco jurídico institucional, es decir que se encuentran revestidas de un carácter extralegal. Lo más común es "la proliferación de controles institucionales inadecuados, así como la multiplicación de grupos de interés" (en especial los empresariales, que funcionan como poderosos lobbies, pero también en algunos países con prácticas "como la compra de votos y la fabricación de candidatos".
Entre las segundas apuntan a los mercados internacionales –principalmente a los financieros–, las instancias calificadoras de riesgo y los organismos internacionales de crédito. El poder fáctico (PF) no coincide necesariamente con el aparato formal del Estado pero puede influir en las estructuras legales y regulatorias, por intermedio de su autoridad informal o su capacidad de presión. El poder fáctico no está legitimado ni siempre busca la legitimidad para ejercerse, pero ejerce de facto (de hecho) el poder, aunque no lo haga legalmente, ya que su sola existencia lo hace determinante. La clave del PF es su capacidad de control de mecanismos externos a la política para lograr poder político, como por ejemplo el dominio o monopolio de recursos vitales o estratégicos, que le dan el control de la ideología, la sociedad y la economía.
En este caso, el esfuerzo del poder fáctico por minar el camino para que la 4T logre la Presidencia de la República en 2024, sus acciones se frustran y no encajan en cuanto a que el contar con su Frente Cívico Nacional no funciona, además de que la senadora Xóchil Gálvez tampoco logra penetración social ni confianza; el teatro guiñol se estanca, por lo que entran en otro juego más sucio, el de “advertir que se fragua un magnicidio contra Xóchil”, emitido por diversos comunicadores, iniciando con Beatriz Pagés de Siempre, luego con Héctor Aguilar Camín, Enrique Krauze, Joaquín López Dóriga, Raymundo Riva Palacio, Ciro Gómez Leyva, Ricardo Alemán, entre otros más.
Al momento en que el Presidente les destapa en su artimaña, se hacen los sorprendidos, así como advierten que AMLO será culpable si atentan contra ellos, que “atenta contra su libertad de expresión”, cuando ellos la ejercen completamente, violando el principio de prensa que es el carácter deontológico, y sí se apegan al guion de un terrorismo mediático y siembra de miedo como odio y racismo como lo han expresado Vicente Fox, Santiago Creel y Enrique De la Madrid. Poderes que están dispuestos a todo, incluso derribar un gobierno, tal como describí en mi anterior escrito titulado De Kennedy a MCCI en México.
“Ver un asesinato por televisión puede ayudarnos a descargar los propios sentimientos de odio. Si no tienen sentimientos de odio, podrán obtenerse en el intervalo publicitario.”
Alfred Hitchcock
Fuentes:
Propuesta de política pública en materia de justicia transicional en México. Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y la CNDH. México. 2018
https://www.cndh.org.mx/sites/default/files/documentos/2019-01/Estudio_Justicia_Transicional_Mexico.pdf
Julio A. Sierra. Grandes Asesinatos del Siglo XX. Ed. Sudamericana. Argentina. 2003
Carlos Fazio. Terrorismo mediático: la construcción social del miedo en México. Debate. México. 2013
Ubaldo Cuesta. Comunicación y terrorismo. Ed. Tecnos. México. 2012