En nuestra época las intencionalidades artísticas de muchos creadores se han volcado fuertemente a la vertiente del artivismo, y esto no es azaroso, es resultado de diversas necesidades muy concretas y del perfil sensible de este grupo cultural, así como de las comunidades que lo consumen o buscan producirlo. Habrá, por tanto, que reflexionar el uso y apropiación de técnicas y estrategias artísticas que han permeado y mutado al ámbito de la insurrección y de la protesta, del señalamiento y de una necesaria visibilización de múltiples problemáticas que abordan temáticas complejas como la migración, la pobreza, la diversidad, las múltiples violencias, pero también las discapacidades y la vulnerabilidad en todas sus formas.
En las prácticas artísticas, las resistencias y la colectividad descubre y encuentra posibilidades expresivas que en otras lógicas institucionales no encuentran eco, Al pretender mejorar alguna condición cultural, la ciudadanía se topa con la rigidez sistémica de las instituciones, sean estas educativas, políticas, religiosas, familiares o sociales; en todas ellas no se encuentran las lógicas abiertas de participación y gestión colectiva que garanticen la confianza y seguridad participativa que se requeriría para articular propuestas y gestiones de nuevas formas de relacionalidad, de reconocimiento y dignificación de la otredad. Al parecer en el fenómeno artístico la sociedad encuentra la libertad y flexibilidad que pretende en otros ámbitos de nuestra vida; en el arte se descubre que la regla es que no hay regla, hay algo en su epistemología que abre, que posibilita, que extiende, que diluye fronteras y límites, dejando mirar que podemos hacer las cosas de otras formas y justo, poniendo en entredicho las rigideces institucionales y disciplinares que operan sistémicamente.
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De esta forma es que en el arte se encuentra un medio reiteradamente usado para visibilizar la vulnerabilidad humana en todos sus ámbitos existenciales, medioambientales, tecnológicos y espirituales, pero el gran tema e inquietud histórica, es como pasar de la visibilización a la atención, ya que como sabemos las propias institucionalidades terminan fagocitando las visibilidades a su favor en un impasse desenfrenado de control. En este sentido el atender las vulnerabilidades visibilizadas históricamente por el uso de las expresiones artísticas, suele agotarse ahí, como si su fin fuese la visibilización en sí misma y ahí es donde haremos algunas consideraciones que pretenden ubicar la potencia del arte.
Abrir la reflexión del límite de las expresiones artísticas, solo como visibilización, conduce inexorablemente a un horizonte de percepción de las mismas como posición política de estas, de esta forma el primer aspecto que de inmediato debemos considerar es el ámbito de lo sensible, las expresiones artísticas que políticamente buscan visibilizar las vulnerabilidades, lo hacen desde la interpelación sensible, apelando a intuiciones personales y colectivas que buscan desegocentrar la mirada individualizada y encauzarla al bien común, a una interrelación y dignificación de lo social y lo ambiental.
Percibir el arte no solo como la posibilidad de visibilizar alguna vulnerabilidad. Así como las resistencias contraculturales fueron encontrando en las expresiones artísticas nuevas formas de visibilizar diversas vulnerabilidades extrapolando las prácticas artísticas en medios de expresión alternativa, es que podemos considerar que transpolar las formas de creación del arte, flexibles, insospechadas, innovadoras, es decir profundamente creativas para ampliar la realidad de múltiples formas, es percibir que en nuestra viabilidad existencial, podemos establecer un cuidado transversal, es decir un cuidado que como el arte, no tenga límite ni frontera, un cuidado que trascienda las instituciones, un cuidado que permee medioambientalmente, un cuidado que normatice la flexibilidad de la norma, que sea capaz de acceder y usar las tecnologías en beneficio de la dignidad humana, extrapolar las formas epistémicas del arte para establecer nuevas lógicas en las políticas de la dignidad y el cuidado común. El arte vuelve a enseñarnos una posibilidad de reinventarnos, de desaprender y de crear realidades más dignas y viables de existir.
La lección la ha dado uno de los fenómenos más antiguos de significación personal y colectiva, la expresión sensible, el arte como posibilidad de percibirse y modularse incesantemente, el arte nos enseña un camino, flexible, abierto y digno.