En ocasiones anteriores hemos profundizado en el papel que el Arte sigue jugando en nuestras sociedades y particularmente desde las coyunturas contemporáneas que dejan ver las omisiones colectivas y las perversiones de unos cuantos con relación al control y validación de una obra de arte en un campo cultural. Esto es significativo en nuestra época, porque presenciamos transformaciones que desde ámbitos culturales y tecno científicos, están abriendo posibilidades y oportunidades que el mismo mainstream con cierta incredulidad empieza a mirar y probar con tiento. Veamos solo algunos aspectos.
La estructura matemática que usan las criptodivisas se basa en la blockchain, esta es una cadena de bloques generada por múltiples usuarios e imposible de falsificar. En el mercado del arte occidental mayormente nos encontramos con una estructura de validación de las obras de arte mediada fuertemente por intereses privados e institucionales, esto se suele lograr por medio de las instancias de validación cultural que operan en dicho sistema. Nos encontramos con la producción masificada y mercantilizada del arte en la cual observamos la apropiación de formas, técnicas y estrategias del arte, aplicadas por el modelo neoliberal para seducir, entretener y someter al sujeto de rendimiento, señalado por Chul Han. Por el contrario, surge una autonomía que garantiza por medio de la impronta digital, la originalidad de la obra, que por cierto deja de ser física, sí, los actuales NFTs o non-fungible token, representan una nueva forma de validar la originalidad de una obra.
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Lo anterior puede llevarnos a múltiples debates en el campo cultural del arte contemporáneo. Ya Chul Han en su obra Shanzhai, desarrolla toda una disertación sobre la originalidad y refiere cómo es que en el Oriente, una reproducción igual o mejor que el original es altamente valorada al igual que el original. Esto abre deconstructivamente la interpretación de lo que suele determinarse como original, el autor refiere que: “En China, la transformación continuada está instaurada como método de creación y creatividad”, la creatividad así está determinada por una adaptación creativa. En ese sentido es que culturalmente esa adaptación creativa, en el Oriente se presentara como una ontología epistémica, y en el occidente la estemos presenciando como incertidumbre o artivismo epocal. En cualquier caso, es irreversible, la fuerza creativa de ambas posibilidades, lo que detona y detonará innovadoras formas y posibilidades estéticas que empiezan a transformar rizomáticamente nuestras realidades.
La cadena de bloques, única, autónoma y descentralizada de una obra de arte, representa la posibilidad de legitimación de la obra, más allá de las estructuras institucionales y de validación cultural, y representa la posibilidad de una democratización cultural en términos de una validación que radica en lo social, y podríamos referir en al menos tres niveles.
En el primero, es significativo dignificar la labor del artista al comprometerse con el desarrollo profesional de sus obras y lograr una propuesta que amplíe el campo cultural en el que trabaja, sin eso, difícilmente podrá contar con el impacto necesario. En ese sentido habrá muchas propuestas que usarán las nuevas posibilidades tecnocientíficas, pero que seguirán quedando al margen. En el segundo nivel contaremos con aquellas obras creadas e insertadas en la cadena de bloques, lo que de sí, ya les dotará de autenticidad digital y esto resguardará la propiedad de quienes inviertan en dichas obras, y el último nivel es el de la validación cultural de la obra por medio de su acceso y consumo simbólico en el mundo digital.
Es probable que en este momento se pueda preguntar el lector sobre cómo y por qué comprar algo que no existe físicamente. Basta decir que en nuestra historia hemos dado valor a invenciones tales como el dinero y eso no solo representa nuestra capacidad inventiva, sino nuestra capacidad creativa, misma que en esta época está siendo fuertemente interpelada para resolver las desiguales, las complejas y violentas realidades económicas, políticas y culturales. Más que nunca, voltear la mirada al arte en su praxis inter, multi y transdisciplinar no solo representa la gran posibilidad de ejemplificar un uso ético de las tecnociencias, sino de aprovechar las dimensiones resilientes del arte. Será mucho más rentable concebir cadenas de bloques como procesos de cuidado común, que seguir en la lógica de la represión y el panóptico de Foucault.
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