Las elecciones del Estado de México y Coahuila no darán sorpresas, pero sus consecuencias carecen de predicción, entre ellas la desaparición del grupo de poder más longevo del país, donde se mantenía un control local con capacidad de relativa autonomía ante las fuerzas centralistas.
MINORÍA
Más artículos del autor
El triunfo de Morena en el estado más poblado de la República es el desenlace de la cadena ascendente de conquistas electorales de la 4T; entre las razones que lo confirman se encuentran su consideración como el bastión del Partido Revolucionario Institucional con uno de los grupos del poder más sólido y con mayor vigencia, como lo fue el hasta ahora llamado Grupo Atlacomulco.
Así pues, se fue más allá de una victoria electoral a favor del obradorismo, sino la confirmación de la derrota y exterminio del grupo político con mayor huella de la modernidad política de la nación.
El Grupo Atlacomulco fue antecedido por el encabezado por Maximino Ávila Camacho en Puebla, conocido como el “avilacamachismo”, ambos fueron cuerpos de políticos locales que a su vez, fueron émulos de expresiones de intereses individualizados, como fue el “obregonismo”, cuyo subjetivo del “caudillismo” el encabezado por el presidente Plutarco Elías Calles, cuyo apelativo era el del Maximato.
Una diferencia que abre la brecha entre los agrupamientos es que unos correspondieron a su entorno presidencial, tanto el “caudillismo” como el “maximato”, cuyos alcances solo llegaron hasta la expulsión de Calles por el presidente Cárdenas para abrir desde entonces el ejercicio del poder presidencial en su plenitud por el responsable directo de su aplicación: el Presidente.
Los grupos de poder en los estados de Puebla y del Estado de México surgieron y prolongaron su presencia sobre la eventualidad sexenal, de tal modo que los presidentes convivieron con la prolongación de los grupos locales, que con frecuencia son recordados como vestigios del clásico cacicazgo. ¿Se admite esta última afirmación sin discrepancia?
Al parecer no, porque su existencia fue más allá de su propio inspirador o forjador quien diera principio a una sucesión de personajes que asumieron la gubernatura bajo el signo del agrupamiento.
El dominio avilacamachista se prolongó a través del año de 1937 al de 1969, siendo el primer ejecutivo del Estado el general Maximino Ávila Camacho, mientras el que concluye es Aarón Merino Fernández en 1969.
Es un grupo que asume la lealtad mutua entre sus miembros a través de un pacto suscrito desde el interior del Congreso del Estado de Puebla: contó en su haber con ocho gobernadores, así como dos presidentes: Manuel Ávila Camacho y Gustavo Díaz Ordaz.
La presencia del interés financiero se alternó entre Williams Jenkins y Espinosa Yglesias, quienes aprovecharon la banca comercial para su incremento de fortunas, aunque es necesario señalar que fueron personas con sentido responsabilidad humanitaria a través de fundaciones que dieron oportunidad entre otras buenas obras el apoyo a la cultura, en especial a universidades.
Una de las características decisivas del agrupamiento fue la de disponer de un proyecto de educación, cuyo clímax se alcanza con Rafael Ávila Camacho quien otorga la autonomía a la universidad pública hasta entonces dependiente del Estado, así como la creación de los centros escolares que disponían de un plan de enseñanza desde el preescolar hasta la preparatoria, con una disciplina y manifestaciones militarizada. No obstante, la actitud del gobernador Rafael Ávila Camacho se encuadraba en la guerra fría al lado del anticomunismo, como da cuenta la expulsión del Horacio Labastida del cargo de rector de la Universidad de Puebla.
Mientras la raíz ideológica del anticomunismo hizo brecha en el proyecto nacional al arribar a la Presidencia de la República Gustavo Díaz Ordaz como expresión de este grupo, fue un jefe del Ejecutivo con mano dura, con margen reducido de tolerancia hasta alcanzar los niveles mayores de persecución y represión el 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.
POR LA MAYORIA
El mítico Grupo Atlacomulco, como lo califica el investigador de la UNAM, Álvaro Arreola, llega a su fin después 78 años, a partir de 1945 hasta el presente (desde del Mazo Vélez hasta Del Mazo Maza); no sin antes haber visto desfilar a los obregonistas (hermanos Gómez); callistas (Riva Palacio); cardenistas (Labra y Zarate Albarrán); avilacamachistas (Fabela) y los alemanistas ya citados que definieron rumbo político y económico.
El PRI utilizó históricamente distintos métodos para la selección de su candidato a la gubernatura; la democracia dirigida, la democracia transparente, la auscultación, el voto de la militancia, el acuerdo de sus gobernadores, pero ninguno de esos se utilizó en la pasada elección porque el método fue solo un pacto cúpulas del partidocracia con la enfermiza cólera antiobradorista.
El tricolor acelera precipitadamente su caída, señala el especialista Arreola la causa:
“Haber hecho añicos el apotegma de Carlos Hank González, mantener la unidad de la clase priista al construir la coalición electoral PAN, PRD, y Nueva Alianza, con la candidatura a la gubernatura”.
El profesor Hank consideraba que un pretendido gobierno de coalición, si ganara, a la larga también terminará por dividir territorialmente al estado, tal como ocurrió.
La unión de partidos terminó por acelerar la agonía del PRI al no dividirse de no ir siempre unidos y de conservar el territorio sin que los del tricolor reaccionaran en su defensa.
El territorio mexiquense ya es morenista, aunque no con los óptimos resultados de las encuestas, debido en parte a la tendencia triunfalista, la autoestimulación de confianza que siempre lleva a minivaluar al adversario. Las cifras son reveladoras: de 2017 en que se dominaba un solo municipio, Texcoco, ahora se tiene el control territorial de la entidad.
El Grupo Atlacomulco carece de ascendente cultural o legado político al reducirse a una sola tarea cuyo objetivo fue la tentación del poder, con la divisa de la pobreza medida como carencia de poder, como lo expresara Hank: “político pobre, pobre político”, ahora se reinvirtió, al decir de “primero los pobres”.