Miércoles, 3 De Junio De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Soy mujer me dijo, pero yo seguía viendo a un hombre

Transexualidad es la identidad de género opuesta a su sexo biológico

Rodolfo Herrera Charolet

Licenciado en Administración de Empresas. Escritor, articulista, periodista, pintor, exdiputado del H. Congreso del Estado y exfuncionario público del Gobierno del Estado de Puebla. Autor de más de veinte libros, en su mayoría sobre temas de corrupción y denuncia pública.

Viernes, Junio 2, 2023

Soy mujer me dijo, pero yo veía un hombre vestido y pintado a modo de mujer. Soy mujer me repitió Fer, pero seguía viendo a un hombre corpulento y hasta velludo. Abrí los ojos, pero viendo entre las pestañas y traté de imaginarme a una mujer barbuda, entonces recordé a la mujer del circo, cuando de niño me causó extrañeza ver a un paciente con hirsutismo. Así que fue fácil cambiar mi imagen mental, aquella que nos transmitieron nuestros padres y que fue fomentada por nuestros maestros, la misma que fue formada desde la infancia de millones de seres humanos.

Así que no fue fácil cambiar mi forma de pensar, hablar o identificar a hombres o mujeres, tarea que me llevó varios años. En principio, porque seguimos replicando la costumbre del azul y rosa, desde antes de nacer, las chambritas de mis hijos en amarillo por si niña o niño.

Más artículos del autor

Es niño, es niña, anuncia el médico cuando recibe al bebe recién nacido. No dice, es binario o un “nain” como dijo Fergus al conocer a su hijo en Outlander, six season (así se anuncia)

Así que, habiendo nacido niño o niña, la naturaleza le dio pene o vulva. Asignación biológica en animales, machos o hembras. Lo demás es parte de la complicación humana que nos enrola en la diferencia de géneros, estemos o no de acuerdo.

El lenguaje cuestión complicada

Entre la complicación humana, nos encontramos el lenguaje y la forma de señalar o identificar el mundo que nos rodea, así que la compañere que no desea ser niño ni tampoco niña, podría imponer que no exista ya en los hispanohablantes la necesidad de diferenciar por géneros, aunque muchas palabras no se refieran a ello. Ahora recuerdo a un par de famosos de las redes sociales que afirman que se creen perros o gatos. Licantropía estudiada por Aaron Kulick y Paul Keck en Harvard. El problema será, si se les asignan curules como minoría, porque se comunican a ladridos y maullidos, respectivamente.

De no haberse inventado la obligación de andar vestidos y todos saliéramos a la calle con nuestros atributos sexuales al descubierto, no por pecado, sino por moda o costumbre. Sería difícil dirigirnos a un hombre como mujer o a una mujer como hombre, porque estando desnudos estaríamos identificados por nuestro sexo biológico. ¿Entonces?

Nuevamente la limitante, no es si se trata de un hombre o una mujer, aunque veamos sus genitales al aire libre. El problema de fondo reside en la forma de pensar y la identidad sexual con la cual se identifica. Aun cuando nuestros sentidos nos traicionen. Entender que, si bien existen diferencias biológicas, en la sociedad existe una amplia diversidad sexual y que cada una mantiene sus características que la hacen única. Otro de los problemas, es la minoría que pretende hacer valer su derecho humano que tiene y en su caso convencer a la mayoría de su punto de vista. Cuestiones sociales y culturales, que se enfrentan en el debate parlamentario, siendo minoría requieren del voto mayoritario para cambiar o hacer una ley de observancia general. En su caso hacer uso de los tribunales, para que sean los altos tribunales los que modifiquen la norma.

No digo que no tengan derecho, sino que siendo minoría requieren de la mayoría para hacer realidad sus anhelos, en donde la sociedad que se desea construir, sacrifica parte de su libertad en beneficio colectivo. Ese sacrificio no necesariamente es de su agrado, pero debe ceder para mejorar, en su caso, parte de lo que pretende como sociedad justa.

Roles, costumbre y moda

Así que el problema se inicia, con lo que queremos y la libertad que tenemos de hacer lo que creemos que es nuestro derecho; pensar diferente y de asumir el rol que debemos cumplir en función de la asignación sexual con la que nacemos, aun cuando esa identidad sea o no de nuestro agrado. El sexo biológico es por lo tanto, en primer término, el que nos enrola en la cultura, estereotipo o costumbre.

Por otro lado, moda, palabra que la lengua francesa (mode) y del latín (modus) es el conjunto de prendas de vestir, adornos y complementos que tiene relación con los gustos, usos y costumbres, los cuales se utilizan por un tiempo determinado y marcan una tendencia. Esta moda es sustituida por otra, cambiada totalmente o de forma gradual se transforma. Resulta por lo tanto, que el tema central, en nada tiene que ver con la moda, porque ciertamente no está contemplada como derecho humano, simplemente es un gusto el asumirla o no atenderla.

En cuanto al cabello largo o corto es un rasgo estereotipado de género, así encontramos que al pelo largo se le da supuesta sensualidad femenina, pero en la antigüedad hay héroes como Sansón de pelo largo que perdió su fuerza cuando fue cortado y recobrado cuando creció. En la actualidad, algunos hacen de moda llevar el pelo largo, sea hombre o mujer ya no importa. Es simplemente el hecho de llevarlo largo, pintarlos de verde, azul o rojo, colocarle colgajos, hacerlo en rastras, chongo o pequeñísimas trenzas delgadas, son en parte la variante que impone una moda, desde luego partiendo del gusto de algún artista y sus seguidores. Moda por lo tanto, son los adornos o variantes de llevarlo largo, no importando si se es hombre o mujer, en donde fue considerado un estereotipo, hoy caduco.

En cuanto al pantalón, si este es recto, de campana, con bolitas o rayitas, sea un famoso jeans o de payaso, puede ser una moda. Sabemos que los escoceses usan falda y los pantalones, según Heródoto, cuando las escitas en batalla salieron montadas a caballo, ataviadas con dicha prenda. Aquellas mujeres inmortalizadas como las “amazonas” montaban con pantalones, precisamente por su utilidad y no por identidad de género.

En una época, en donde los roles eran determinantes para el tipo de empleo, cuando una mujer no tenía familia o esposo, debían dedicarse a la prostitución o deambular por las calles con hambre, así que una elección era ponerse pantalones, con la finalidad de asumir el rol de machos y poder trabajar como uno de ellos. Esta decisión no era porque quisieran, sino por las circunstancias en las que vivían.

En los Estados Unidos en plena “fiebre del oro”, las mujeres exigieron el uso de pantalones, más por la comodidad en el trabajo, que por moda o deseo de asumir roles distintos a los asignados por la naturaleza. Los pantalones, por lo tanto, se convirtieron en un símbolo y la lucha de las mujeres fue utilizado como un elemento de igualdad.

Fer nació hombre, pero es mujer lesbiana

Conociendo más a Fer, que es una contracción de su nombre, pero sin género, porque puede ser Fernanda (femenino) o Fernando (masculino) y ya complicándonos Fernande (no binario), encontramos un acuerdo para llamarla sin restregarle con nuestro lenguaje que es niño y que por lo tanto no es niña. En dichas pláticas me confesó, cuando le dije que si era homosexual.

Su respuesta fue contundente: “soy lesbiana” no me gustan los hombres, me acuesto con  mujeres. ¿Entonces?

Si nació con genitales masculinos y tiene relaciones sexuales con mujeres, desde luego que no es homosexual y por lo tanto es heterosexual. Pero nuevamente Feer me hizo la aclaración.

Soy lesbiana porque soy mujer y me gustan las mujeres.

¡Wow! Mi cerebro convulsionó por el punto de vista de mi entrevistada (ya la veía como mujer porque hasta con beso en el cachete me despedí).

¿Entonces eres homosexual?
¡No! Soy lesbiana. Me repitió.

Por lo general, ya se sabe que la palabra homosexual se vincula con las relaciones eróticas y afectivas entre parejas de sexo masculino, aun cuando estrictamente el término se aplica a ambos. El error consiste en darle al término “homosexual”, exclusividad hacia la orientación entre varones, en virtud de que la palabra no se deriva del latín (homo = hombre) sino que es del griego (homo = igual), por lo tanto, homosexual identifica a las relaciones erótico-afectivas entre iguales sexos.

El asunto “lesbiano”

Nuevamente debemos buscar el término en la mitología griega, y encontraremos que se refiere a unas mujeres guerreras, hijas de Ares (dios de la guerra) y de Harmonía (diosa de la harmonía y en Roma de la concordia), poseían tanta fuerza física como cualquier guerrero varón. Maestras de la guerra, se cortaban el seno derecho a fin de que no les estorbara en el lanzamiento de las flechas al usar el arco (¿Y si eran zurdas?… por favor no me compliquen este tratadito). Así que Amazonas, del griego está compuesta por el prefijo negativo “a” (sin) y la palabra “mazos” (seno) identificamos a las “sin seno”.

En cuanto la creadora de los poemas líricos, Safo de Mitilene también conocida como Safo de Lesbos (de la isla o natural de Lesbos) hace referencia a su atracción sexual hacia otras mujeres, aunque algunos escritos la relacionan con sus relaciones con hombres. No importando mucho la vida íntima de Safo, lo trascendente es el “culto safismo” que actualmente es un término global que agrupa tanto a mujeres homosexuales, como bisexuales y plurisexuales dentro de los cuales se encuentran o agrupan a los pansexuales y omnisexuales, pero no a los monodisidentes (ellos que organicen su propio grupo).

Tras dicha explicación, entendí que debía seguir indagando sobre el asunto del lesbianismo, o sea, las relaciones erótico afectivas entre mujeres.

Entonces sus encuentros sexuales con el grupo de chicas con las cuales acostumbra reunirse, en una relación lesbiana, que sin ser una relación poliamorosa, porque los maridos de ellas no participaban o ni conocían y tampoco a ella, le funcionaba el genital masculino al estar sujeto a hormonas femeninas. Era por lo tanto un encuentro de chicas… lesbianas o bisexuales, poco importa.

Conclusión: Fer es lesbiana.

Transición de lo masculino a lo femenino

Fer fue contundente al decirme que de chiquita quería operarse y pasar de lo masculino a lo femenino desde su genital, encontró afecto y aceptación de su madre, y tarde pero también el de su padre. Ya pasados los años, se casó y procreó con su esposa dos hijas. Ellas mayores de edad, cuando sus padres se separaron, supieron la razón. A Fer le gustaban las ropas femeninas, ponerse su traje de baño con corpiño y asolear sus lonjas en la playa. Pesaba más de 100 kilos y era, como se dice, una mujer gorda y velluda. Pero eso poco le importó y dio el paso inicial para su liberación. Las hormonas fueron mitigando la aparición del vello y le crecieron las mamas, pero seguía siendo una mujer gorda, así que tras hacer gym, logró con mucho esfuerzo su deseo de tener un cuerpo razonablemente delgado. Alguna mala amiga, cuando platicamos en reunión de serpentario, me dijo “ésta ya se entregó al bisturí”; bueno poco importa ahora ese tema.

¿Eres una segunda madre o sigues siendo su padre?

Tras la pregunta, ella inmediatamente me dijo, que ni era otra madre ni seguía siendo para ellas su padre, a partir de entonces era “oye”.

-¿Oye… vas a venir el domingo?
-¿Oye… me das un aventón al cine?
-¿Oye… vienes en Navidad?

Para sus hijas dejó de ser Fer o papi para convertirse en “Oye”.

Es una “Oye” buena onda, como dicen los jóvenes. Es una mujer transexual libre y completa, que su único pecado es no poder usar ropa ajustada, porque la moda es cruel al diseñar prendas chicas para flaquitas, sin suficiente carne en los huesos.

Mentiras verdaderas y maridos cornudos

Su esposa, finalmente aceptó tener otra pareja -aquí entre nos-, ya la tenía cuando aún andaban juntos, pero había mantenido en secreto esa relación. Se sintió liberada cuando Fer le contó su desdicha, de haber vivido muchos años con el engaño y no encontraba la forma de confesarlo; ella parece que también deseaba revelar su relación adúltera. No poderse pintarrajear la cara o usar corpiño en la playa era un deseo reprimido. Hoy baila hasta can-can y sus medias a punto de reventar, detienen el vaivén de las chaparreras (tejido graso en piernas).

Cuando era niño, a escondidas de sus padres, posaba las ropas de su madre frente al espejo, se pintaba la cara y el color carmín en sus labios le hacían brotar la sonrisa de su alma. Miraba fascinado el cabello largo de su madre, que acariciaba. Pasaba su mano sobre las telas de sus vestidos, se perdían los pintauñas y maquillaje, culpando a su madre y al personal del servicio doméstico. Él con la risa y pena contenida apretaba su mano para esconder el lápiz labial, que momentos antes había sustraído. Soñaba con ponerse una minifalda y trepar por los árboles hasta la casita, en donde escondía la Barbie comprada con sus domingos. Era una adoradora de todo lo que las niñas tenían. No así las burlas de sus compañeros de escuela, que le hacían mofa de sus ocurrencias. Nadie, en su tiempo de niño, adolescente y joven, lo dejó expresarse libremente a causa de la educación sexista que se nos inculcó.

Fer deseaba vestirse como una chica. Al día de hoy, sigue estando mal visto que un hombre lleve minifalda si quiere, sin ser tachado o vituperado. Algunos criticones podrán gritarle o susurrar “…inche puto” una expresión lógica de una sociedad aún con residuos homofóbicos. Así que Fer aceptó reprimir sus deseos y llevar el rol impuesto a su sexo biológico. Cuando trabajó fuera de casa, de la que salió para ganarse la vida, entre las noches de antro como mesero, conoció muchas personas trans, entre ellas a la bella Agnes Torres, quien la motivó a asumir el rol que deseaba. Pero se mantuvo firme en seguir con su rol de hombre. Su padre enfermó con un cáncer terminal, quien aceptó de dientes para afuera que su único hijo fuera trans y se asumiera como mujer, pero ya era demasiado tarde para recomponer lo hecho, su influencia había provocado que él ahora ella se casara y procreara a sus gemelas.

Hoy Fer toma hormonales y como se dice vulgarmente, no se ha hecho la “jarocha”, cirugía que consiste en la reasignación sexual. Extraer el pene y convertirlo en una vulva aparente pero no funcional. La razón es que es lesbiana y el órgano biológico parece no molestarle, un recuerdo de nacimiento.

Como mujer de bar, empezó a tener problemas con los empresarios, porque no era una trans que llamara la atención, así que abandonando la costa de la que era oriunda, y buscó el lugar adecuado, el cual encontró en un bar llamado “Francos” en la ciudad de Puebla. En ese lugar Fer se sintió segura y en libertad de expresar su transexualidad. Aun cuando al principio era confuso, la vorágine de vida nocturna, las drogas y la homofobia, la llevó a travestirse los fines de semana; para entonces se había puesto implantes mamarios y su cuerpo ya lucía con muchos kilos menos. Don bisturí retiró el exceso de piel y ajustó las medidas. Pero seguía medicándose, como lo hizo desde que aceptó su identidad.

Fer abandonó el bar, un año antes del triste final de Jorge Abel, cuando fue asesinado el 22 de julio de 2019 por dos matones contratados por Yosanki alias “La Cubana”, una transexual que le debía 50 mil pesos.

Dice Fer que desde hace veinte años, los hormonales se venden, hoy con mayores restricciones, pero no son difíciles de adquirir. Está muy bien, el asunto de recetas, pero ya se complicó al llenarse los vacíos legales. Es necesario, ahora, el acompañamiento de un psicólogo y un endocrinólogo, así que debe trabajar duro para poder pagar consultas, medicamentos y terapia.

Ahora se acostumbra escuchar la justificación trans, en el sentido de lo que dicen: “soy una mujer atrapada en un cuerpo de hombre”. Hombres y mujeres tienen sentimientos, los hombres también lloran, pero se limitan por atavismos inculcados, que vienen de varias generaciones anteriores. Es raro observar a un hombre llorando a moco suelto, por lo general sus sentimientos lo expresan en privado, a menos que ese sentimiento sea producto de la testosterona, porque entonces su violencia es vista como un asunto normal. Si es violento, es de hombres, si es de lloriqueo o sensible, de mujeres, roles inculcados que terminan por dañar a los individuos.

El problema de los dineros

Otro de los problemas que enfrenta la comunidad trans es el problema que representa el costo de los tratamientos, terapias o cirugías. En la actualidad se requieren, al menos, seis años para realizar un tránsito de hombre a mujer, mediante la reasignación sexual. La vaginoplastía tiene un costo que va de los 300 a 500 mil pesos en Europa. En México, como dice el refrán; de “acuerdo al sapo es la pedrada”, sus costos son variables; sin embargo, no son inferiores a 200 mil pesos, en donde lo caro es el gasto hospitalario. No es atendido por la seguridad social ni salud pública. Tampoco se cubre en el plan de gastos médicos mayores ni tampoco las posibles consecuencias de dicha intervención quirúrgica. En esta afirmación quedan exceptuados los altos jueces del Poder Judicial, en donde al parecer sus fideicomisos si incluyen la cirugía estética, de ellos y familiares.

El trastorno dismórfico corporal es un trastorno psicológico relacionado con la autoimagen física y corporal, esto no implica que, quien lo sufre necesariamente quiera realizarse una cirugía de reasignación sexual. Fer optó únicamente por los implantes mamarios, porque dicha cirugía es reversible y en su caso no le causa problema el mantener su genital masculino. Sin embargo, dos de cada cien personas que se realizan la reasignación se arrepienten. Las razones son variables.

En México, la reasignación sexual se debe hacer a mayores de 18 años por voluntad propia, menores de 18 y mayores de 16 con el consentimiento de los padres. Existe un proceso de acompañamiento de transexualidad de manera privada y no se ha establecido un programa público al respecto.

¿Qué implicaciones tiene la reasignación sexual?

Es muy fácil preguntarle al sabio Google algunas respuestas, pero es mejor preguntarle a mis amigos poblanos y expertos, sea el cirujano plástico Antonio Ruiz Flandes o a Pablo Mares o ya en corto y por varios días a mi esposa Verónica Olmos Bello quienes me reducen mi ignorancia sobre el tema.

Cada persona responde a las cirugías de distinta forma. Durante los procesos existen imprevistos y complicaciones; en ocasiones una filtración grasa puede crear un trombo y causar severos daños, en otros sensibilidad a medicamentos o manifestación de padecimientos que habían pasado desapercibidos, así que la cirugía tiene sus riesgos, como cualquier otra.

En la vaginoplastía queda genial la cavidad, en cuanto a profundidad, pero… es un hueco que constantemente se cierra y por lo tanto se requiere toda la vida de los dilatadores. En cuanto al placer, se hace una cirugía llamada clitoroplastía, en la reasignación de género (GRS) que sigue a la vaginoplastia. El neoclítoris se manufactura de un colgajo con pedículo neurovascular de la parte dorsal proximal del glande, con la finalidad de proveer sensaciones al paciente.

El consumo constante de hormonas resulta tan tóxico con efectos secundarios que pueden ser graves, en virtud de que el paciente (que se convierte para toda la vida) puede sufrir trombosis, infarto y desarrollar cáncer de mama. Tras extirparse los testículos (no hay vaginas con testículos) se acaba la producción de la hormona biológica, que es la testosterona, así que se deberá consumir medicamentos que la sustituyen o reintegran Estos problemas de salud y la dependencia a medicamentos reduce la vida de las personas transexuales. Entre los problemas secundarios se encuentran las variaciones de peso, varices, retención de líquidos, pesadez, daño hepático y pancreático por la bilirrubina

Otros problemas, menos graves y comunes son la aparición de petequias, manchas rojas, porque las hormonas espesan la sangre y las pequeñas terminaciones de las venas se rompen por dentro.

En el nivel psicológico, el paciente presenta estados de ansiedad, depresión y paranoia, entre otras manifestaciones.

El problema de charlatanes

A reserva de no encontrarse con seguidores del doctor Merril Bobolit, la comunidad transexual espera un trabajo parecido o muy cercano al realizado a Ava Moore, pero desde luego que esto es un mito y producto de la imaginación apta para cinéfilos. En caso de que lo fuera, y la reasignación de género fuera un éxito, es excesivamente cara, no apta para la mayoría de carteras de los afectos al bisturí y comunidad trans.

En la reasignación sexual, la dependencia al quirófano y sus consecuencias, llevan a evaluar las posibilidades, que además de los costos la preservación de la salud se pone en juego. Así que Christian Troy y Sean McMamara pueden estar tranquilos de seguir haciendo su chamba y continuar sus temporadas de Nip/Tuck iniciadas el 22 de julio de 2003, porque no tendrán mucha competencia, aunque suspendieron su producción el 3 de marzo de 2010.

Por lo pronto a manera de tip, no se debe confundir a un médico especialista en cirugía plástica de un médico con maestría en cirugía estética. El primero es un cirujano con residencia y cuatro años de estudio y práctica, contra dos de la maestría (que también lo estudian médicos) pero que únicamente pequeños detalles de la parte estética o de apariencia. En caso de que los segundos tengan complicaciones, requieren de los primeros que son los verdaderos cirujanos. Peor les va a aquellos que se ponen en manos de quienes estudian “diplomados” o simplemente aprendieron “on line” algunos trucos de belleza y los ponen en práctica. Nota: No hacer caso a los cursos por YouTube o redes sociales, pueden poner en peligro su vida.

Moda cuestión de semántica y oportunidad de publicidad

En estricto sentido el debate de las diputadas trans (sin saber si son transgénero o transexuales) María Clemente y Salma Liévano, tiene más oportunidad de publicidad que de fondo en la defensa de los derechos de la comunidad trans.

María Clemente a sus 36 años asumió el cargo de diputada federal y ya había rebasado la edad promedio de vida, porque las mujeres transexuales tienen una vida promedio de 33 años frente a los más de 70 años de la población en general. Pero esto no es gracioso, el mayor de los problemas que enfrenta la comunidad trans y su corta vida, no son las cuestiones de semántica ni de aprovechar el debate por error de incluir en ello la palabra “moda” cuando se trata concretamente a una “disforia de género”, sino que son los múltiples asesinatos, en donde la gran mayoría de mujeres trans son ultimadas por razones homofóbicas o “accidentes”. Aquí recuerdo a mi amiga del FB “Agnes Torres Sulca” que la incluí en diciembre de 2011 como amiga sin saber que era niño y no niña.

Pues bien, María Clemente hace bien en defender sus derechos de decir lo que le piensa, evidenciar la hipocresía social y hace bien en revirarle a una periodista cuando temerosa le aseguró: “Entonces podría ser pornografía lo que hace”. Ella orgullosa le contestó: “Es pornografía… soy puta y legisladora federal”. La periodista se quedó muda, atónita, sin saber qué hacer. En septiembre de 2022 la legisladora publicó en su cuenta de Twitter contenido sexual explícito, el momento en el que le hacía felatio a un cliente. Para aquellos que no conocen el término, sexo oral.

Este ejemplar de la fauna política mexicana, es sin duda una muestra de pluralidad en el H. Congreso de la Unión, en donde la población se siente representada, hasta las minorías, sean como parte de la diversidad sexual o defendiendo cuestiones laborales. Lo importante es que todos, están o se sienten representados por quienes ocupan una curul federal o en las legislaturas locales. Faltaría alguno que se sienta o crea que es perro para que mi firulais esté debidamente respetado, porque siendo mi perrijo goza de privilegios en el hogar, aunque no pague impuestos (pero eso es otra historia)

¿O no lo cree usted?

Vistas: 1235
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs