Llama la atención la importancia que se le está dando a la “llegada a Puebla” de la Secretaría de Educación Pública (SEP), la federal. Reconozco que me da gusto, porque tendré más cerca, a conocidos y amigos que ahí laboran, pero… más allá del esperado incremento de ventas de comercios circundantes, especialmente los dedicados a la comida, no le veo mayor significado.
Entiendo lo que puede representar en cuanto a aliviar la saturación poblacional de la Ciudad de México, y desde luego, que habrá quienes ya tengan listo su CV, pensando en que habrá oportunidad de escalar al nivel federal de la educación, con expectativa de mejores salarios y oportunidades políticas; sin embargo, en cuanto a la posibilidad de mejorar la educación en la entidad, o que las decisiones de los derroteros de la educación nacional se tomen desde cada entidad federativa, no le veo relación ni lógica ni práctica.
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Así que bienvenido el esfuerzo de desconcentrar, es decir, cambiar localización de instalaciones concentradas en la Ciudad de México, para enviarlas a otras ciudades del país, pero lo que se necesita, es la descentralización educativa, es decir, el sustituir el viejo paradigma de tomar las decisiones desde el centro, antes Ciudad de México, y cuando se concluya la mudanza de la SEP, desde Puebla, por lo menos físicamente, para adoptar uno en el cual, desde el marco de la armonización federalista, los rumbos de la educación sean contextualizados, definidos y decididos desde cada estado de la República.
Pero cuidado con lo que se desea, porque se puede cumplir, o por lo menos, algo así reza el dicho popular, pues ¿qué pasaría si como por arte de magia, el día de hoy se decretara que Puebla debe tomar la responsabilidad de su educación? Caramba, estaríamos en verdaderos aprietos; lo mismo que otras entidades federativas. En Puebla, una Secretaría de Educación como la nuestra, haría pensar en que deberíamos continuar con el centralismo.
La situación de la Secretaría estatal es estructural, así nació la SEP y eso se replicó en los estados; su diseño fue centralista y plagada de componendas de grupos intestinos, a la viva imagen de la federal. Al impedimento de origen, se le suma la pobre valoración que se tiene por la educación por parte de los grupos de interés que reinan en la entidad, que se traduce en la indiferencia de las autoridades estatales por tener una dependencia fuerte, organizada, limpia, con las herramientas legales, administrativas y presupuestales suficientes y necesarias, para que sea capaz de iniciativas educativas propias, y con propuestas pedagógicas pertinentes a nuestras realidades poblanas; a cambio de eso, se alimenta el sistema estructural que la lastra, y se le entrega a grupos, cuyos intereses nada tienen que ver con la educación ni de los de la ciudadanía.
Recordemos que el Estado es el responsable de la educación, no debemos olvidarlo, pues si los esfuerzos particulares por mantener y mejorar la educación en la entidad son significativos e importantes, debemos mantener la exigencia a cada administración en el gobierno, para que cumpla su obligación.
La educación no es una dádiva, es un derecho, que nos posibilita el bienestar social; debemos exigirlo, cada día y desde las posibilidades que cada ciudadano tenga al alcance.