Todo te es perdonado.
Puedes gritar.
Puedes llegar tarde o no llegar.
Alguien más se echará la culpa.
Todo mundo te sonríe.
Todo mundo quiere atenderte.
Todo mundo está para ti.
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Los días pasan...
Los meses…
El tiempo se ha cumplido.
La incertidumbre inunda el despacho.
Las llamadas ya no llegan.
Las invitaciones dejan de ser lo habitual.
Viene un odio y desprecio.
Valoras en la soledad y rehaces cada día para volver a vivirlo con el deseo de regresar.
El puño se muerde y llega el llanto, las lágrimas, los gritos, y todos en ese momento son aduladores ingratos.
Twitter: @romansanchezz