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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La disputa

López Obrador necesita (supongo) en Puebla un gobernador alineado con sus cálculos transexenales

Ociel Mora

Es vicepresidente de Perspectivas Interdisciplinarias, A. C. (www.pired.org), organización civil con trabajo académico y de desarrollo económico de grupos vulnerables; y promotora de acciones vinculadas con la cultura comunitaria indígena y popular. Su línea de interés es la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla.

Miércoles, Abril 12, 2023

De Alejandro Armenta se dice que es el aspirante más dotado, pero sobre todo el más osado en las lides de la política-política, y de la política electoral. ¿Por qué se dicen tales cosas?

De los tres precandidatos de Morena que han manifestado públicamente su interés por competir por la candidatura de gobernador (Armenta, Huerta y Mier, en estricto orden alfabético), es el único que ha recorrido todos los peldaños de la administración pública, hasta topar con el Senado, el techo de la escalera.

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De alcalde de su pueblo (Acatzingo) a la presidencia de la Cámara Alta, pasando por las diputaciones local y federal. Todos los puestos de elección popular los ha ganado en las urnas, con la anuencia de los votantes.

No ha usurpado el papel de representante por acuerdo cupular de partidos: las candidaturas plurinominales. Las más codiciadas por los políticos incompetentes y antipopulares. Ganan de espaldas a la gente que dicen representar.

En ese largo y apresurado camino, Armenta ha dirigido una buena cantidad de entidades de la administración estatal y federal. Por ejemplo, director de RENAPO en la Secretaría de Gobernación federal; secretario de Desarrollo Social y director del DIF estatales.

Otro rasgo que hace la distinción respecto de sus eventuales contrincantes es su formación académica: tiene estudios de licenciatura en administración pública y derecho, una maestría en calidad de la gestión pública, y al parecer un doctorado en proceso.

Esto puede resultar chocante para muchos, pero es importante ponderarlo. La administración pública tiene como objeto de estudio el ejercicio de gobierno, y como se colige, el buen gobierno no solo requiere de la buena voluntad de quienes lo encabezan.

Para tener un buen desempeño público hay que tener capacidades técnicas (una buena formación) y habilidades de negociación con todos los actores políticos, indispensable para una correcta toma de decisiones. Condición básica para que redunden en progreso para las personas y las familias.

La política, la buena política, o cambia la vida de los individuos para bien, o no es buena política. Es algo tan sencillo, que se olvida, y luego entonces se engendran las brutales iniquidades de ahora. En la que apenas 2 de cada 8 personas no son pobres ni vulnerables.

Estos datos deberían de avergonzar a los partidos y a la clase política toda. Pero no. Porque se ha normalizado la incompetencia, por decir lo menos.

Armenta es autor de tres libros que tratan sobre los problemas nacionales: la salud pública, la política social, el medio ambiente y la propiedad nacional sobre bienes naturales estratégicos.

La imagen que proyecta no es la del porrista, sino de quien reflexiona sobre las grandes cuestiones y ofrece soluciones. Por ejemplo, recientemente se le ha visto encabezar reuniones importantes con embajadores europeos con el fin de animar la inversión extranjera en Puebla.

De los tres aspirantes, Armenta es el que encarna mejor la identidad ideológica de Morena. Nacho Mier viene del panismo-morenovallista, a través de Enrique Doger-Javier Cacique, sus verdaderos padres putativos.

En 2018, ese grupo declaró sin pudor que no criticaba a Marta Erika Alonso, candidata a gobernadora por el PAN, porque “no encontraba errores”. Pero cuando los hallara, los denunciaría.

Luego trascendió que a cambio de traicionar al PRI, la gobernadora electa le entregaría la Secretaría de Salud. Y en efecto, el nombramiento de Enrique Doger se interrumpió aquella mañana infausta del 24 de diciembre.

Además de encarnar la identidad de izquierda, Armenta representaba a cabalidad el nacionalismo revolucionario del presidente López Obrador, a través de la promoción y ejecución de temas nacionales sensibles como la defensa del litio.

Que en Puebla se halle en los últimos lugares de prosperidad material y calidad de la democracia, tiene dos explicaciones: una que podemos calificar de científica, la incompetencia técnica de los gobernantes justificada con la idea peregrina de que se aprende sobre la marcha.

La otra es ese mal endémico que hace la magia para que la clase política (los partidos políticos y sus representantes en los congresos) se mantenga la unidad en contra de los anhelos de progreso de la población: la corrupción.

Como en la Colonia, cuando México no era soberano, sino súbdito del reino de España, se siguen vendiendo los puestos de gobierno. Como ha quedado demostrado en el caso de la presente legislación en el Congreso de Puebla.

Hoy mismo presenciamos cómo todos los partidos políticos en la Cámara se unen contra el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) para mantener zonas de impunidad.

Ignoro cuántas veces Alejandro Armenta le haya dado la vuelta a la entidad, y sus municipios, pero lleva mucho trecho haciendo amarres a ras de suelo. Veo en esa misma tesitura a Julio Huerta, aunque con muchos años de retraso.

Es la vieja escuela que llevó a la derrota del poderosísimo y autoritario gobernador Manuel Bartlett frente a un titubeante Melquiades Morales Flores (senador); y luego éste frente a un taimado Mario Marín (en el desempleo); y Mario Marín ante un hosco y displicente Rafael Moreno Valle Rosas (senador).

Los dos primeros ganaron a la buena, con el voto de la gente, desafiando los usos y costumbres para entonces aún vigentes; Moreno Valle recurrió a lo más pedestre de la política: la guerra sucia.

No son las visitas de Armenta, es la relación que guarda con grupos locales. Allí reside su principal fortaleza que lo hace a la cabeza no de una aspiración sino de un movimiento social que lo hace apetitoso en todas las corrientes.

Como todo político, Armenta Mier también tiene debilidades. La más mentada es que se encuentra en la cola incorrecta. Esto es, una lectura circunstancial que busca impactar negativamente en sus simpatizantes; se basa en la costumbre del priismo espeso de los años setenta, de que el presidente pone y el presidente quita.

Consintamos sin conceder, en que se ha restaurado el dedazo presidencial mediante el eufemismo de la encuesta. Sin embargo, la condición de súbdito no ha sido restaurada; la ciudadanía democrática surgida con las alternancias se mantiene enhiesta.

En la lectura tradicional, la fortaleza de Huerta y Mier está en función del presidente y de los aspirantes presidenciales, las corcholatas de López Obrador. De ser Claudia Sheinbaum, el beneficiado sería Julio Huerta; y de ser Adán Augusto, Nacho Mier.

Sin embargo, llegada la hora, y sea quién sea el designado candidato presidencial, en Puebla querrá llevar de compañero de formula al aspirante más competitivo. Que le sume, no que le reste.

Aquí empiezan los problemas. Ni los señores Ignacio Mier ni Julio Huerta son competitivos electoralmente. Por lo menos no en este momento.

Pero aún habría otro dilema en el caso del señor Julio Huerta. A más de competitivo, y por su condición de mujer, Sheinbaum buscará alinearse con el género, y preferirá hacerse acompañar de una mujer, y de paso enganchar al movimiento feminista, cada vez más fuerte en Puebla.

Me parece que los tres aspirantes comparten la condición de provenir del PRI y que ninguno entra en el primer círculo del obradorismo. Las cuitas del 2018 no son las del 2024. López Obrador necesita (supongo) en Puebla un gobernador alineado con sus cálculos transexenales.

Pero, además, esta presente el deseo de todos los políticos con intereses de largo plazo (Obrador no es la excepción), el de crear una nueva clase política a fin, que borre todo vestigio del pasado, en este caso del viejo priismo y sobre todo del panismo conservador.

Me parece que ninguno de los tres (tal vez la salvedad pueda ser Armenta) se ajusta a ese patrón de confianza. Aquí entre el nombre de la señora María Luisa Albores González, titular de la SEMARNAT. Mujer, de la vieja guardia y de todas las confianzas. La Sheinbaum poblana.

Sin embargo, no creo que sola sepa llegar caminando a la Catedral. Es el dilema de los cuadros químicamente obradoristas en Puebla. Suponer que con la imagen de López Obrador se hace ganar hasta una vaca, es una falta de respeto.

Chayo News

Hay que celebrar el anuncio hecho por la Secretaría de Cultura de que se reglamentará la Danza de los Voladores.

Se sobreentiende que no se tomarán decisiones sobre sus contenidos, los cuales están sujetos a las dinámicas culturales de las localidades étnicas y de los grupos.

Tiene que ver con medidas de seguridad de los danzantes. En su ejecución se exponen a condiciones de alto riesgo.

Lo hemos dicho por acá en varias ocasiones. En los últimos veinte años, la danza del volador ha recobrado vigor en la región de Huauchinango, al punto que no sólo son niños y jóvenes sus ejecutores, sino que se han incorporado mujeres.

Es una medida precursora de Sergio Vergara Berdejo.

Hay que decirlo, por sus acciones y vínculos con los creadores locales, ha terminado por ganarse el reconocimiento de la comunidad cultural y artística, la más complicada de la entidad (aclaro en este punto que no soy becario).

Y ya que estamos en este punto aboguemos porque Puebla le rinda el reconocimiento que se merece al gran Abraham Paredes.

El legendario fotógrafo de la ciudad.

Que se le haga un libro de arte con sus registros, organizado con sus opiniones, y se le ofrezcan condiciones adecuadas para la conservación de sus archivos.

Todo eso, y lo demás, se lo merece en vida.

@ocielmora

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