Cada día es más frecuente que en las instituciones educativas en nuestro país, desde el nivel básico hasta superior, se presenten casos de acoso escolar, mejor conocido como “bullying”, el cual es una forma de violencia que ocurre en el ámbito escolar o en otros lugares donde los niños, niñas y jóvenes interactúan.
Se trata de una conducta intencional y repetitiva de una persona o un grupo de personas que causan daño físico, psicológico o social a otro estudiante que se encuentra en una posición de inferioridad o vulnerabilidad.
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Las formas de acoso pueden incluir insultos, burlas, amenazas, exclusión social, agresiones físicas, ciberacoso, entre otras. Además de que se sabe que el bullying puede tener consecuencias graves para la salud mental y emocional de la víctima, y puede afectar su rendimiento académico y su capacidad para socializar.
Sin embargo, también hay casos más extremos de estas agresiones, ya que hace algunos días el país se conmocionó al conocer el caso de Norma Lizbeth, una alumna de secundaria, quien a sus 14 años falleció víctima de los golpes que le propinó una de sus compañeras.
La menor de edad, originaria del municipio de San Juan Teotihuacán en el Estado de México, murió el pasado 13 de marzo a causa de un traumatismo craneoencefálico, causado por los golpes de Azahara, una de sus compañeras, con quien tres semanas se había enfrentado.
Los familiares de Norma Lizbeth han dicho que desde que iba en la primaria la menor de edad era víctima de burlas por parte de sus compañeros por su color de piel y condición económica, aunado a que las autoridades escolares tenían conocimiento de este bullying “sistemático”, sin que tomaran acción.
Incluso han denunciado que “la pelea” de las adolescentes fue minimizada por la dirección de la secundaria, ya que sólo suspendió a las estudiantes durante un mes y les ordenó que los gastos médicos se cubrieran en partes iguales entre las familias involucradas.
Sin embargo, a raíz de estas fatales consecuencias, no solo la directora de la institución fue suspendida, sino que se ha informado que Azahara y su mamá fueron detenidas al tratar de salir del país, en la frontera con Estados Unidos.
Desafortunadamente, el caso de Norma Lizbeth no es aislado, ya que todos los días a lo largo y ancho del país, suceden situaciones como ésta que nos deben llevar, por una parte, a reflexionar en las causas y consecuencias de este fenómeno y, por otra, a actuar de manera contundente para frenarlo.
Por ello es que es muy importante cuestionar sobre cuáles son las acciones que se están tomando desde Puebla y, en concreto, desde la Secretaría de Educación Pública (SEP)@sepgobpue para evitar estos casos que, desafortunadamente en el pasado, ya se han presentado en la entidad.
Uno de ellos data de precisamente hace diez años, cuando Toñito, un alumno de una secundaria de Tepeaca, recibió una golpiza de sus compañeros quienes le provocaron un coágulo en el cerebro, lo que le desencadenó parálisis, dificultades para hablar y pérdida de memoria. Meses después falleció.
Hoy, que el lamentable caso de Norma Lizbeth pone nuevamente el dedo en la llaga del bullying y sus consecuencias, es importante saber qué acciones concretas y tajantes pondrán en marcha las autoridades para evitar que estas situaciones se repitan. Más aún cuando la SEP acaba de sufrir cambios en su estructura, tras la recién llegada de Isabel Merlo Talavera (@MerloIsabel) como nueva titular de la dependencia estatal.
Ya que si bien es cierto existe un protocolo del gobierno de Puebla para orientar a las madres y padres de familia sobre la prevención, detección, atención, y en su caso sanción, por hechos de hostigamiento sexual, abuso sexual, discriminación, acoso, maltrato y violencia en contra de niñas, adolescentes y mujeres de instituciones educativas oficiales y particulares incorporadas a la SEP del estado, también lo es que muchas veces desde las propias instituciones se minimiza los hechos.
Necesitamos preguntarnos cuál es la capacitación y preparación que se le está dando a los directivos y maestros para actuar asertivamente en estas situaciones que le permitan ponerles un freno oportunamente.
Desde luego, esta labor es muy exhaustiva por lo que deben contar con los medios y condiciones adecuadas para poder emprenderla, ya que no solo se necesita “buena voluntad” para afrontarla, sino que además deben contar con las herramientas para que así sea.
Asimismo, como padres de familia no podemos declararnos exentos de tener que realizar una labor corresponsable y formar un frente común para ponerle un alto.
Pero, sobre todo, no olvidemos que todos tenemos un enemigo común que es la violencia, y tenemos que actuar para evitar que se normalice y penetre en lo más profundo e importante que tenemos como sociedad que son nuestros niños y jóvenes.