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OPINIÓN

8M: Antimonumenta, significado y repercusión

El Antimonumento es un reclamo al Estado, y procura impulsar y robustecer la memoria colectiva

Elvia de la Barquera

Egresada de Antropología UDLAP, Bellas Artes Universidad de Barcelona y Doctorada en Espacio Público: Arte-Sociedad UB. Artista, investigadora, docente y Crítica de Arte con publicaciones varias

Sábado, Marzo 11, 2023

Los orígenes de la antimonumenta tienen lugar cuando retiraron la escultura que representa a Cristóbal Colón, poco antes del 12 de octubre del 2020. No, tienen lugar con la violencia de género, con el acoso, con el abuso, con la impunidad y la complicidad entre los victimarios, los policías y demás autoridades judiciales (en la mayoría de los casos hombres, pero penosamente también mujeres). La antimonumenta empieza con las injusticias que padecemos las mujeres día a día en la casa, en la familia, en la calle, en el trabajo, en la escuela; injusticias que se agravan ante un sistema judicial impune, incompetente, irresponsable e ineficaz.

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El 25 de septiembre de 2011, el colectivo feminista “Vivas nos queremos" lidera a otros colectivos para intervenir este espacio al que denominaron “Glorieta de las mujeres que luchan”, englobando a mujeres que batallan por la justicia ante otras mujeres que han perdido la vida o que han desaparecido, mujeres buscadoras que también pueden perder la vida por “encontrar” más datos de lo que el sistema judicial inoperante puede permitir. Por ello, esta conocida y reconocida silueta de una niña con el puño en alto, pintada de morado, y con la palabra justicia como sostén y soporte, está rodeada de vallas donde se anotaron los nombres de aquellas mujeres víctimas de femicidio, desaparición forzada, de madres buscadoras, defensoras de derechos humanos y presas políticas.

La respuesta de las autoridades no ha sido establecer mesas de diálogo y de trabajo; no ha sido integrar carpetas de investigación; no ha sido dar cause a la búsqueda, captura y sentencia de los victimarios; más bien ha sido proponer alternativas más “bonitas” como la Cabeza Tlali de Pedro Reyes o la Joven de Amajac, ambas en alusión a la estatuaria prehispánica, pero ninguna de las cuales ha gozado de aceptación ni social ni culturalmente.

Con el divorcio existente entre los colectivos y las autoridades, entre las mujeres y la justicia; entre las demandas y las no respuestas es de esperarse que también exista una tajante separación entre los monumentos propuestos por el Estado y la antimonumenta. No se trata de colocar algo “lindo o bonito” en el espacio público. La estética contemporánea, finalmente, se fundamenta en las propuestas conceptuales, y la razón de ser de un antimonumento es precisamente cuestionar, exigir y reprobar un status quo que no permite avanzar a una sociedad, es señalar la falta de cumplimiento de los gobiernos ante las demandas sociales. Lo opuesto al monumento que es la resonancia de un discurso oficial.

Las recientes declaraciones de la Jefa de Gobierno de la CDMX provocaron la redacción de una carta en la que se lee:

“este símbolo representa la lucha histórica de las mujeres por el reconocimiento y exigencias al respeto, garantía, protección y promoción de sus derechos. Esta emblemática figura es un símbolo de la resistencia ante las omisiones del Estado en el cumplimiento de sus obligaciones constitucionales e internacionales”
https://www.reporteindigo.com/reporte/feministas-exigen-a-sheinbaum-dejar-la-glorieta-de-las-mujeres-que-luchan-y-la-antimonumenta/

La interpelación social es que la glorieta permanezca tal y como está, así se ha puesto de manifiesto en diferentes espacios y un gobierno mínimamente empático debería de respetarlo. En Puebla, por ejemplo, 38 alumnas de Arte Contemporáneo de la Universidad Iberoamericana y de Artes Plásticas de UNARTE realizaron 550 impresiones de placas grabadas con gubia -en El Jacal Gráfico de la artista Mónica Munoz-  para cubrir la superficie de una tela de 12 x 5m que después recortaron para darle la forma de la citada silueta. Esta tela la fueron desplegando y sosteniendo entre las manifestantes de la marcha del 8 de marzo desde El Gallito hasta el Congreso del Estado y la fiscalía, donde -dicho sea de paso- se aprecia el trabajo fotográfico de Carmen Sánchez (ganadora de Inmujeres) en torno a los derechos de la mujer. La flexible silueta se colgó desde el puente peatonal del Boulevard 5 de Mayo, donde permaneció por unos momentos.

Silueta impresa por Mónica Muñoz y 38 alumnas de la Ibero y UNARTE. 
Foto: Claudia Castelán

La presencia y permanencia del antinmonumento en el espacio público tiene la función de resignificar dicho espacio, de poner en valor la capacidad de la demanda social, pero también es una constante señalización de un hecho trágico, por lo que se acude a la memoria y a la inmediatez, con la finalidad de aminorar estos hechos hacia el futuro. Es así que esta antimonumento es mucho más que una sencilla silueta pintada de morado: es un recordatorio para el gobierno y para la sociedad que pudiera permanecer indiferente o indolente. Quizá por eso la insistencia de retirarla del lugar, del cual ya se apropiaron los colectivos, ya nos apropiamos las mujeres, ya se apropiaron algunos hombres que han decidido acompañarnos en esta lucha.

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