“El Estado es el arma de represión de una clase sobre otra”: Lenin
En este caso amerita iniciar con un factor determinante de una marcha y manifestación, bajo el concepto de protesta, siendo que personas de diversas edades, grupos sociales y adscripciones ideológicas se manifieste en las calles con distintos tipos de demandas. Por lo que la palabra protesta proviene de protestar, que según la Real Academia Española, a la “acción y efecto de protestar”. Por su parte, protestar significa declarar la intención de ejecutar una cosa, expresar queja o disconformidad, confesar públicamente la fe y creencia religiosa (https://dle.rae.es/protestar). Protesta, entonces, se puede definir como un acto público que expresa la promesa de ejecutar una cosa. También, indica la declaración o proclamación de un propósito, la expresión de una disconformidad o una queja sobre una situación puntual. La protesta permite manifestar el desacuerdo respecto a algo, que constituye el derecho a negarse.
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La protesta tiene diversas formas de expresión o manifestación de acuerdo con el momento histórico social y espacial en que se indague. No obstante, se entiende como un acto social o político cuyo fin u objetivo es la transformación o cambio de una determinada situación. En este sentido, toda protesta involucra un actor o agente social que la motorice, además de algún motivo que la genere.
Pero, la protesta parte de diversos actos de lucha: económica, ideológica y política, puede tomar distintas formas: legales o ilegales, pacíficas o violentas, como ejemplo tenemos a las huelgas que pueden ser legales o ilegales, desprendiendo de una legislación a la que corresponda el motivo, considerando que en su mayoría es respuesta a violaciones al derecho laboral de los trabajadores, y si a pesar de cumplir con los requisitos de las demandas laborales el empresario y el poder del Estado mediante juzgados laborales no responden constitucionalmente a las demandas de los trabajadores, la huelga es el último camino. Un mecanismo de mantener presión de los trabajadores es la protesta mediante manifestaciones hasta lograr el objetivo constitucional.
A su vez, la lucha política puede darse en forma legal y pacífica, a través de un proceso electoral, por ejemplo, o puede darse en forma violenta, a través de una insurrección armada, de guerrillas rurales o urbanas, de una guerra popular prolongada, etc.
Hay movimientos espontáneos donde por una causa injusta, un sector social se manifiesta, como sería el asesinato de una persona o su encarcelamiento injusto ambos, lo que familias convocan a conocidos y vecinos a la manifestación para exigir justicia.
En una protesta organizada, parte de la identificación plena de un sector social amplio, que parta de una causa determinada, donde los objetivos del movimiento permitan el análisis, sustentación política, ideológica y legal del por qué la lucha, a su vez, establecer bases y mecanismos de organización, donde se eligen estrategias, tácticas y cuarto de guerra u organización, para mantener el estudio del proceso de movilización, considerando los obstáculos legales, políticos y cómo los medios de comunicación informen del verdadero motivo de la lucha, porque los tres elementos difunden o actúan de manera facciosa contra el movimiento, distorsionando, vituperando y falseando información, para incidir que el movimiento es ilegal. Esto se da en regímenes autoritarios que se dicen democráticos, como ha ocurrido a lo largo de nuestra historia, sobre todo en sexenios tecnócratas.
Un factor fundamental de un movimiento y protesta radica en el origen del motivo, porque se presentan correspondiendo a intereses de clase social, laboral, campesina, etcétera, donde cada una ejerce su derecho, pero, cuando la causa afecta a un mayor sector social, donde se identifica que el motivo es un mal colectivo, entonces se magnifica la razón de lucha, es decir, no parte de un sector obrero o campesino, donde su protesta es asilada, sino que el problema afecta a toda la población, al momento en que el problema es permeable y coincidente colectivo, así como se comprende y racionaliza que quien viola derechos colectivos es un régimen autoritario que con su poder del Estado vulnera y reprime para sofocar movimientos sociales. Así mismo, ejemplos en México en esos sexenios tecnócratas, las huelgas ante cerrazón de las autoridades en proteger a la oligarquía o contra de trabajadores del Estado, los paros fueron calificados de “ilegales” por las autoridades del trabajo (como el paro de maestros en abril-mayo de 1989) o terminar en la quiebra forzada de Mexicana de Aviación, donde el entonces secretario de trabajo fue Javier Lozano Alarcón, quien obedece intereses del Fox y empresarios, la aniquilan, dejando en el desamparo a los trabajadores.
La conformación de un Estado más autoritario desde Miguel de la Madrid, lleva a que una demanda relevante de los movimientos sociales se extiende hacia la “ampliación de la ciudadanía”; es cuando grupos excluidos luchan por penetrar en el sistema, presionan para que se realice una apertura institucional que les permita obtener respuesta a sus necesidades. Sin embargo, al tratar de abrir el orden institucional, el movimiento resulta muchas veces subversivo, pues cuestiona los fundamentos mismos del nuevo Estado tecnocrático.
Así ocurre con el fraude electoral para imponer a Carlos Salinas, donde de inmediato las protestas sociales y políticas chocan contra esta imposición: el resultado, el fortalecimiento tecnócrata hasta Enrique Peña Nieto, que gracias a Salinas que pulveriza identidad de los partidos políticos del PRI y PAN, y hacerlos una albóndiga que sirven de manera cómplice para aprobar todo acto “legal y constitucional” a favor del salinismo como de la oligarquía. Se requiere que los partidos políticos pierdan su identidad e ideología, que solamente estén sus emblemas y siglas, para transformarlos en un solo partido en dos bandas de colores cómplices, al servicio del sistema oligarca apátrida, donde la “modernización” pregona por la tecnocracia que significa para la enorme mayoría de la población, vislumbrar el sistema del consumo y de la tecnología, y hundirse entre tanto en el desempleo más el bajísimo nivel de vida permitido por los salarios, el hacinamiento, la expulsión del país de miles o millones de hermanos en calidad de braceros a Gringolandia, la violencia social y el hambre. Es así como se impone hasta Peña.
Porque nuestras naciones subdesarrolladas funcionan como proveedoras de una mano de obra extremadamente barata y cuyos salarios pueden todavía comprimirse a medida que la competencia tecnológica hace más necesario el abaratamiento de los costos.
Otro resultado social y político es la pulverizar manifestaciones políticas e ideológicas sociales, de organizaciones y partidos políticos, con el fin de castrar identidades colectivas; empero, ante actos de violencia extrema y violaciones a la Constitución, las protestas y manifestaciones cobran fuerza, con el consabido método de represión en todos sus géneros. Aún más, con Salinas, para adueñarse del PRD, primero asesinó y desapareció a 765 de sus mejores cuadros, para luego incrustar a los “Chuchos” y estos se incorporen con el tiempo al partido de un sólo interés pero ahora en tres bandas.
El método de la creciente polarización de la sociedad se acompaña de una imposibilidad de construir identidad en el polo mayoritario y paupérrimo, en cuanto a que ese régimen salinista lo diseñó, para sembrar la enorme heterogeneidad nacional “marginal” que se traduzca en diversidad de conductas socio-políticas, de aspiraciones y de experiencias culturales, donde conformar identidades en una estructura social con déficit de actores y de situaciones revolucionarias sin revoluciones. En concreto, desarticular toda identidad y conciencia social para sus fines oligarcas.
El régimen tecnócrata y sus aliados más sus engendros PRI, PAN y PRD, que se dicen ser “democráticos”, pero que son parte de la dispersión y pulverización social, confiando en la pérdida de identidad nacional y patria, tenían sometidos, alienados y controlados a grandes sectores sociales, muy a pesar de las protestas y manifestaciones en su contra.
Cabe recordar que el PAN, en sus inicios, en 1939, fue fundado por los sectores más reaccionarios de México, con tendencias fascistas. El nombre Acción Nacional se copia de un partido español de derecha y en los partidos “nacionalistas”, como el partido nacional socialista (Nazi) y otros muchos de tendencia fascista en todo el mundo. Nunca ocultaron sus simpatías hacia los fascistas –en especial hacia Francisco Franco– y su odio a los movimientos progresistas y más aún contra el socialismo y el comunismo. Partido que actualmente y siempre no reconoce que es de derecha, porque suponen que, a pesar de fractura educativa y cultural al pueblo, aún permanece en la memoria que los conservadores en el tiempo, siempre han estado en contra de los derechos sociales y laborales, y que al formarse como partido político, arrastran dicha herencia clasista, de ahí que les molesta hasta el tuétano que les digan de derecha.
A partir de esa historia tecnócrata, los tres partidos albóndiga, estrechan sus intereses en nombre de la “democracia”, cumpliendo objetivos del régimen en turno, porque para “calmar” ánimos sociales contra la tecnocracia salinista y de Zedillo en permanente crisis de todo, fabrican un Frankenstein llamado Vicente Fox, manipulando proceso electoral, como debe ser, con todas las consecuencias que arrojó en contra de la nación y patria.
Para afianzar el poder, se sirven de los institutos electorales, donde quien se pregona como “gran respetuoso de la democracia” es José Woldenberg, cuyo predecesor es Emilio Chuayffet, y su sucesor Luis Carlos Ugalde, para culminar con Lorenzo Córdova. En conjunto, obedecen a intereses del salinismo, sin importar quién sea el presidente, porque para eso sirven, para conservar intereses de poder, no así a la democracia. Obedientes con ese sistema oligarca, cumplen cabalmente con su papel, evadiendo o justificando las violaciones electorales en turno.
En esta historia las elecciones los partidos, PRI, PAN y PRD a quienes llamo Triada, que defienden el restablecimiento de las políticas abiertamente neoliberales en favor de los grandes empresarios nacionales y extranjeros, se han unido en una alianza sin principios, promovida por empresarios de derecha militante como Gustavo de Hoyos o Claudio X. González (patrocinado éste último por agencias de Estados Unidos). Su objetivo principal es obstruir las políticas de López Obrador y en general fortalecer su poder en las entidades federativas como elemento sustancial para continuar con el robo perpetrado durante décadas por enriquecidos políticos y burgueses que quieren seguir medrando y acrecentando sus fortunas con la pobreza del pueblo y la Nación. Quieren mayor poder para continuar la guerra jurídica, con los miles de amparos contra las leyes aprobadas por el Congreso, utilizando a su favor la corrupción de jueces, magistrados y demás. En esa guerra jurídica la derecha no ha dudado, como ha ocurrido en otros países de América Latina, en recurrir a organismos internacionales, tan desprestigiados como la OEA o a buscar la intromisión directa de gobiernos extranjeros.
En estas elecciones hay otros dos protagonistas: los medios de comunicación y el INE. Los medios que incluye falsas noticias y abiertas mentiras o juicios sin fundamento para crear la imagen de que hay ambiciones dictatoriales, que la corrupción es la misma de siempre, que se coarta la libertad de expresión y un largo etcétera. Campaña en la que también participan medios extranjeros como The Economist o The New York Times. En cuanto al INE, en particular su presidente, Lorenzo Córdova, y algunos consejeros, han mostrado una parcialidad rampante en favor de la alianza PRI-PAN-PRD y en contra de Morena.
Desde el inicio del gobierno llamado 4T, la constante es denunciarlo de dictador y terrorista, que está en contra de la democracia, etcétera; sin embargo, hasta el momento, nada les impide manifestarse, a marchar y protestar; no pueden justificar que reprime a la prensa, cuando la mayoría de los medios de comunicación y sus instrumentos voceros orgánicos diariamente emiten una narrativa de odio, tal como López Dóriga, Loret, Alazraki. Nada les impide expresarse ni maldecir con odio.
Aglomerados en ese torbellino de protesta contra el dictador y terrorista, fusionan un sentir bajo el peso psicológico de no continuar con esas glorias que les permitió el salinismo por cinco sexenios, mismo que continúa moviendo los hilos de los títeres, porque al otro día de que AMLO asumió la Presidencia de la República, ya tuvo la primera marcha en contra, cuando un contingente se movilizó de la Columna de la Independencia al Monumento a la Revolución, advirtiendo que no será la primera, por lo que conforman ya un frente de oposición responsable que impugnará cualquier medida impositiva del flamante Jefe del Ejecutivo.
Bajo el lema de "México no te duermas, así empezó Venezuela", diversas organizaciones sociales manifestaron su temor de que se repitan las condiciones sociales, políticas y económicas a que llevaron a Venezuela a su actual debacle, con el gobierno del presidente Nicolás Maduro, recurriendo a consignas como “Ni chairos ni fifís, somos mexicanos", alertaron contra la polarización social y se manifestaron a favor de la construcción del Aeropuerto en Texcoco, contra la militarización del país para combatir a la delincuencia y establecieron que no quieren perdón para los delincuentes, sino justicia y a Andrés Manuel López Obrador le demandaron que no haga encuestas tramposas ni amañadas para justificar acciones ilegales.
Hasta FRENA tomó el zócalo de la capital de la República. Para rematar en este año, el domingo 26 de febrero, lograron llegar al zócalo, con gran número de asistentes, convocados por Mister X. González, Gustavo de Hoyos y supuestos “líderes sociales”, como así se califican, además de “intelectuales”, como Leo Zuckermann, Alazraki y demás personajes. Los oradores fueron Beatriz Pagés y el ministro en retiro de la Corte, José Ramón Cossío. Lorenzo Córdova dijo en su rollo que emite por Twitter que lo suspendió para desde casa ser testigo de la marcha en defensa del dictador contra el INE y contra el Plan B, porque es una reforma “peligrosa para la nación y democracia”. A su vez, todos en coro postulan que lo hacen por el “bien de la nación”.
La historia electoral dice lo contrario, porque los fraudes están a la vista, muy a pesar de que usaron al INE como argumento “legal” para justificarse y sostener sus intereses.
Cierto que asistió gran contingente, que las cabezas denuncian que AMLO polariza a la sociedad, cuando siempre lo han hecho en contra de la sociedad y pueblo. En tanto, Salinas, Calderón y Zedillo en el extranjero en calidad de prófugos, más Fox, la cadena corrupta y narco-estado, nadie se los quita. Genaro García Luna, los espera. Pero, con un sistema de la FGR y Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), quienes amparan y dan fe a favor de la corrupción, sus luchas no son las del pueblo, sus protestas se reducen a la impunidad, porque marchan a los intereses de los políticos que generaron la supuesta guerra contra el narco; porque antes el pueblo marchaba contra los fraudes electorales que cometían, ahora marchan a favor de los políticos que hicieron fraudes, y mantener el mismo sistema electoral para regresar al poder mediante fraudes. Antes se marchaba para impedir que se entregaran concesiones mineras y energía para no saquear al país, ahora marchan a favor de sus intereses en conservar sus logros energéticos y privatizar empresas al extranjero, ahora marchan a favor de ellos mismos que nos condujeron a la mayor traición nacional. Es cuanto, patria nuestra.