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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Arar con los mismos bueyes

Malos candidatos y malos partidos es anuncio seguro de muy malos gobernantes

Ociel Mora

Es vicepresidente de Perspectivas Interdisciplinarias, A. C. (www.pired.org), organización civil con trabajo académico y de desarrollo económico de grupos vulnerables; y promotora de acciones vinculadas con la cultura comunitaria indígena y popular. Su línea de interés es la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla.

Miércoles, Marzo 1, 2023

El Partido Acción Nacional está partido por la mitad. Así aparece en Puebla. La balcanización lo acecha, como al PRI y al PRD y en especial a Morena, el órgano del gobierno en curso. En general es un mal que ataca a todos los partidos, en todo el mundo. Es de los síntomas más notorios de los cambios políticos suscitados por la globalización y el avance tecnológico, y su deriva populista. Los partidos no obstante su importancia para hacer gobiernos legítimos en democracia, ya son figuras prehistóricas. Tal vez en un futuro no muy cercano, los partidos o las organizaciones que hagan esas veces, tendrán que ser digitales o no serán (el voto electrónico universal en el país sigue en veremos). Pero no es el tema, sino lo que se vive en la entidad en estos momentos de cara a la elección del año próximo: cuando se renueven los puestos de gobernador, diputados locales, federales, senadores y 217 alcaldías. Algo así como 260 puestos de elección popular, los cuales por ley tienen que ser filtrados por esas entelequias (que suscitan las mayores sospechas entre la población, de acuerdo con todas las encuestas, equiparables a las del policía de esquina) llamados partidos políticos. Los “gobiernos independientes” no alcanzaron la importancia dinamizadora y de renovación política que en la segunda mitad de la década pasada se les atribuyó, como salida a la crisis de los partidos. Así es que el país y la entidad tiene que arar con los mismos bueyes.

Malos candidatos y malos partidos es anuncio seguro de muy malos gobernantes. Más de lo mismo. Los malos gobernantes son los únicos causantes de que la sociedad se encuentre postrada en el pasado, sumida en las dolencias ya conocidos y debidamente enumeradas en prácticamente todos los diagnósticos técnicos: inseguridad, corrupción, violencia, crisis económica, narcotráfico, alto costo de la vida, pobreza, desigualdad, falta de rendición de cuentas de los gobernantes, discriminación, clasismo, etc., etc., (esto no lo enlistó yo, son el resultado de estudios robustos). No es la mala suerte o el mal fario de México o de las personas o las familias que se encuentran en los deciles más bajo de la pirámide, o porque no le echan ganas, como afirman los panistas. Es la acción declarada de los gobernantes, ya por acción, ya por omisión o ya porque se roban el dinero, como bien dice el presidente López Obrador. Cuestión en la que no se puede estar más de acuerdo con él. Los candidatos han caído en un declarado pragmatismo: van por la chequera, al precio que sea. Eso explica los raudales de dinero de procedencia ilícita en las campañas electorales, como lo ha explicado en un libro la señora Amparo Casar, Dinero bajo la mesa.

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Por ejemplo: hace apenas un par de semanas decíamos por acá que no quedaba claro si el diputado Ignacio Mier busca ser candidato a gobernador por Morena, del que insiste en presentarse como militante fundador, o del PAN, donde ha demostrado tener sus mayores asideros ideológicos e identidad política; ya tiene a Gali, en breve aparecerá Marín, toda vez que él, así lo manifestó: “no soy ni juez ni Dios para andar juzgando personas”.

No tiene rasero ético, ideológico ni da nada. La declaración lo revela de cuerpo entero. No le caería nada mal echarle un vistazo a la Declaración de Principios y a los estatutos de Morena, e incluso a la Ley General de Partidos Políticos. Mier, se sabe, no es del primer círculo del presidente López Obrador ni del segundo. Tal vez lo sea del cuarto o quinto. Su repentina designación como diputado plurinominal y luego como coordinador de los diputados del partido del presidente no es un reconocimiento a su talento, sino al exgobernador Manuel Bartlett. Él sí, verdadero autor de ese mito llamado Andrés Manuel López Obrador. Hipotéticamente concluíamos hace un par de semanas que el señor Nacho Mier será –en el caso de ser– candidato del Partido Acción Nacional. Aclaro en seguida. Lo será de una corriente de ese partido; tal vez la más vigorosa y competente: la morenovallista. Ofrecía entonces como fuente de mi afirmación la presencia de Fernando Manzanilla, como el activo más visible dentro de su grupo. Gracias a sus gestiones en el PAN, ahora vemos, ya sumó al ex gobernador Tony Gali, y a su familia. Lo cual y como legítimo libanés no será por el amor a Puebla.

En esa tesitura deben leerse las declaraciones de burla de la señora Ana Teresa Aranda, el domingo, en el Zócalo, durante la marcha #MivotoNoSeToca, en contra de Mier; y la repentina reaparición pública de la exdirigente panista Genoveva Huerta, y las puyas encubiertas en contra de la dirigencia estatal de su partido, Augusta Díaz de Rivera. Palabras más palabras menos, la Geno dijo que no se va a quedar sentada esperando a ver hasta cuándo se les prende el foco a sus compañeros. No sería nada extraño que pronto veamos a la panista de dirigente del partido Morena (cuál moral y cuáles principios doctrinarios). La señora Aranda es la principal damnificada del despotismo del exgobernador Rafael Moreno Valle y de la persecución que emprendió contra los panistas que no se le rindieron. Está devuelta en el PAN, milita en el grupo del alcalde capitalino, Eduardo Rivera, su hijo putativo. El enemigo principal de los morenovallistas. La Geno estuvo del otro lado hasta que la echaron de la dirigencia, y ahora más que nunca lo sigue estando, al amparo de Fernando Manzanilla. Manzanilla mismo, la semana pasada implemente un activismo en las redes sociales, acompañado de su artículo publicado en e-consulta, difusión en dichas redes de amplia difusión pagada; una especie de entre mea culpa y deslinde de gobiernos a los que sirvió en el pasado reciente, y de los que salió no en los mejores términos. No por lo menos en la versión de los periódicos de la época y de los propios protagonistas. Esto es, no se entendió con Rafael Moreno Valle Rosas y no se entendió con Miguel Barbosa Huerta. El tema de Manzanilla es digno de atención porque puede ser uno de los canales para la renovación de la clase política, pero no atrás de los trasnochados de toda la vida. Y nadie más trasnochado que el señor Mier.

Chayo News

Es posible que hoy primero de marzo finalmente se haga la magia en el pueblito de Pahuatlán y, como en aquellos anuncios de Solidaridad, llegue la carretera. Un viejo anhelo no de un municipio sino de cuatro: Honey, Tlacuilotepec, Tlaxco y Pahuatlán. Sucesivos gobernadores en periodo electoral se comprometieron con el proyecto, pero ninguno lo concretó. Miguel Barbosa lo hizo y ahora el gobernador Sergio Salomón Céspedes se dispone a darle cumplimiento. Me parece que no basta la sola carretera; la carretera debe ser el dispositivo para otros programas aledaños a la comunicación terrestre. Por ejemplo, modernizar y hacer eficiente el transporte público, y abrirlo a nuevas líneas. El actual huele a orines fermentados, porque los concesionarios parten del principio de que la región de Pahuatlán es de indios, así que ofrecen el peor servicio (lo vimos la semana pasada cuando un camión lleno de pasajeros estuvo a punto de irse al precipicio).

Un pueblo que goza del título de “Mágico” no puede permitir ese transporte. La empresa Estrella Blanca no sólo discrimina a Pahuatlán, sino que lo hace con otros pueblos indígenas, como San Bartolo, Huehuetla y Tenango. Ignoro por qué, pero ya se dice que el anuncio será propicio para que el alcalde Eduardo Romero beba bicarbonato con limón.

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