Desde la creación del primer mecanismo en el siglo XV para protección de la innovación que se traduce en invenciones que sean susceptibles de ser adoptadas por la humanidad para mejorar sus estándares de vida, se ha discutido sobre la relevancia y los efectos de mecanismos más eficaces para promover la investigación y desarrollo mediante esquemas que incentiven la generación de nuevas fórmulas, modelos, soluciones y productos para mejorar la calidad de vida en el mundo entero.
Uno de los principales y más efectivos mecanismos para dicha promoción de la innovación es la generación de “patentes”, cuyo proceso incluye la protección temporal y exclusividad de explotación de tales innovaciones con el fin de incentivar la investigación y desarrollo de una manera costeable. Para ello, los países cuentan regularmente con instituciones que garanticen dicha protección temporal bajo un proceso estandarizado a nivel mundial a fin de lograr, no solo promover la innovación a nivel local, sino también exportar innovación a nivel mundial gozando de los beneficios de tal protección a nivel internacional.
Más artículos del autor
En este orden de ideas, el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) se creó desde hace más de treinta años con el fin de ser la institución garante de la promoción de la innovación mediante el registro de patentes, modelos de utilidad, esquemas de trazado de circuitos integrados, secretos industriales, marcas, etc.
Particularmente las patentes representan un mecanismo de soporte a la actividad inventiva, creación de valor, aplicación industrial y medios para solucionar retos de manera innovadora, bajo la protección de su explotación durante veinte años, conforme lo señala la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial en su artículo 53.
De acuerdo con la World Intelectual Property Organization (WIPO) u Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), a 2021 se registraron alrededor de 3.4 millones de solicitudes de patentes en todo el mundo. De hecho, la crisis sanitaria en 2020 no fue impedimento para lograr un crecimiento en solicitudes de patentes en 1.6 por ciento y ni hablar del aumento en las solicitudes de registro de marcas en el mismo año de 13.7 por ciento. Hacia 2021 el crecimiento de las solicitudes de patentes tuvo un crecimiento de 3.6 por ciento.
Estudios econométricos muestran que existe una relación estadísticamente significativa entre patentes de tecnología clave y el Producto Interno Bruto per Cápita (PIB per cápita), especialmente en el largo plazo. En el mismo orden de ideas, con datos del Banco Mundial, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) y la WIPO, podemos observar que los países con mayor apoyo a Investigación y desarrollo (I&D) resultan también tener los mayores niveles de PIB per cápita en el mundo. Por ejemplo, Estados Unidos registró un PIB per cápita de 65 mil dólares en 2020 contando con un apoyo para I&D del 3.45 por ciento de su PIB. Israel, con un apoyo del 5.4 por ciento de su PIB para I&D, cuenta con un PIB per cápita de 52 mil dólares. Canadá, por su parte, cuenta con un apoyo del 1.8 por ciento de su PIB y cuenta con un PIB per cápita de 50 mil dólares. Japón cuenta con un apoyo para I&D de 3.27 por ciento de su PIB y cuenta con un PIB per cápita de casi 40 mil dólares. México, en cambio, destaca con un 0.29 por ciento de su PIB para apoyo de I&D y consecuentemente cuenta con un PIB per cápita de 10 mil dólares. Evidentemente Estados Unidos solicitó casi 600 mil patentes mientras que México solicitó poco más de 16 mil, Japón solicitó 290 mil patentes, por mencionar algunos.
Es necesario volver la mirada hacia un futuro que garantice bienestar y crecimiento económico, mismo que prueba ser consecuencia del apoyo a la I&D a través de sus diversos mecanismos como las patentes, que redunda no solo en la generación de soluciones innovadoras para la industria sino ingresos económicos para las familias mexicanas. Al parecer, México ha olvidado no solo invertir en infraestructura para desarrollo económico sino peor aún, ha olvidado invertir en innovación, I&D, activos intangibles y propiedad industrial que ha probado hacer una diferencia en los estándares de vida alrededor del mundo.