Opinión

Chávez, el pueblo decide la vía pacífica (XII)

Jueves, Enero 5, 2023
Leer más sobre Rafael Alfaro Izarraraz
Periodista por la UNAM, maestro por la UAEM y doctor en Ciencias por el Colegio de Postgraduados-Campus Puebla. Es profesor del Doctorado en Ciencias Sociales de la UATx y Coeditor de la revista científica Symbolum de la Facultad de Trabajo Social, Sociología y Psicología.
Chávez, el pueblo decide la vía pacífica (XII)

En anteriores entregas hemos expuesto que el origen de las revoluciones, y de manera particular de las revoluciones pacíficas, es la existencia de una sociedad fundada en las desigualdades. Pero Latinoamérica y el Caribe, sus naciones y pueblos, además de pertenecer a esta subregión muy particular, las desigualdades se explican, además, por el hecho de que, de acuerdo a Enrique Dussel, junto a otras regiones como África, Asia y la India, contribuyeron con su existencia y cultura particular, así como con sus riquezas, al surgimiento y consolidación de la modernidad, luego de la conquista y el traslado de riquezas de estas regiones hacia las naciones del sur de Europa y luego noratlánticas, protestantes -diría Weber-, dando origen a una narrativa metropolitana y colonial. Después de la Independencia y la conformación de Estados nación supeditados a los imperios económico/culturales, en el caso de Latinoamérica y el Caribe a una modernidad de tipo estadounidense (americana, dice Bolívar Echeverría) sustentada en el hiperconsumo y el considerar a esta subregión como su patio trasero.

El conquistado fue borrado del mapa. Con la conquista llegó la idea de que los seres humanos ya no eran iguales como se creía en el pasado, sino que estaban divididos en razas, blancos y negros, blancos y de tez amarilla, blancos y mestizos, blancos e indígenas, blancos y mulatos, naciones ricas de blancos y naciones pobres, imperios de mujeres y hombres de tez blanca y colonias, pueblos civilizados blancos y bárbaros, y que en esas dicotomías construidas por la narrativa europea (protestantes del norte de Europa y más tarde inglés/estadounidense, fundantes de la modernidad estadounidense), los blancos y las naciones más adelantadas en su desarrollo eran portadoras de un “destino” asignado por un Dios a núcleos de protestantes quienes, al arribar al norte del continente americano, barrieron naturaleza, rebaños y poblaciones locales (consideradas semihumanos) del ahora territorio del norte de América, dicen Aníbal Quijano y Bolívar Echeverría.

En la actualidad, le corresponde al pueblo venezolano la virtud de haber puesto una barrera a la obscena política neoliberal en el mundo y de manera particular en Latinoamérica y el Caribe. Lo que hizo la revolución pacífica venezolana que aquí estudiamos, fue aparte de ser un eslabón con respecto a los movimientos altermundistas de los noventa y principios del siglo XXI y las luchas populares provenientes de Latinoamérica, recuperar la función de lo que Ernst Bloch llama la utopía o esperanza (ver Principio de Esperanza I). Venezuela es un parteaguas de la historia mundial y local porque su revolución volvió a iluminar el camino que desde los Estados Unidos intentaron clausurar: ponerle fin a la historia y de proclamar a los Estados Unidos como el ideal al que debían aspirar todas las naciones del mundo, ante el significado que tuvo la caída del Muro de Berlín, en 1989, y la soledad de la que dispuso EU por unas décadas como potencia militar única, ante cuyo escenario los actos de insumisión quedaban desacreditados porque ya no había nada qué decir porque el mundo estaba ya concluido.

A la modernidad al estilo estadounidense que impuso una fascinación por el hiperconsumismo como una manera de su realización no tuvo más camino que el condicionar el desarrollo de otros pueblos a la producción de bienes agrícolas, la naturaleza y sus riquezas, para que trasladaran sus bienes hacia las fronteras en donde habita la población del vecino del norte y Europa. De manera particular, la modernidad estadounidense extendiéndose hacia aquellas naciones poseedoras de recursos naturales que representan bienes energéticos, como el petróleo y en eso Venezuela es de las más importantes en el mundo en reservas por encima de las naciones árabes. Desde que se inician las primeras perforaciones de pozos petroleros, las empresas estadounidenses se posicionan como las principales compañías en este país, como ya se ha expuesto en otras entregas porque, como dice Bolívar Ehceverría, en donde existe un Estado débil y sin proyecto de nación todo tiende a lo privado. Los dólares que dejó el petróleo fortalecieron a las élites venezolanas que acudían a Miami, en donde se hizo famosa la frase del “ta barato” de los clientes que llegaban del Sur, de acuerdo Earle Herrera, mientras el pueblo “nomás miraba”, esperando su momento como diría el filósofo argentino Rodolfo Kusch.

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Así como de la modernidad clásica europea surgió la modernidad al estilo estadounidense (americana, le llama Bolívar Echeverría), en la actualidad ha emergido una nueva versión de la modernidad: la “asiática” (postoccidental), liderada por China en alianza con Rusia, como potencia militar, que poco a poco ha roto con el antiguo esquema de un Orden Mundial hegemonizado por EU, que entrelazaba a esta nación con Europa y las antiguas monarquías hereditarias de origen árabe que se constituyeron en epicentros del orden mundial unipolar luego de la caída del bloque soviético.  China, la potencia económica que ha desafiado a EU ha llevado la modernidad postoccidental a Latinoamérica y el Caribe. Por lo pronto, ha desplazado a Europa como segunda fuerza en la subregión, utilizando para ello una estrategia en la que para obtener los recursos que su despegue económico requiere no impone en su relación algún tipo de condicionamiento, como ocurre con EU, lo que no implica que no suponer que no tengan intereses particulares, contexto en el que se ha desarrollado la revolución chavista.

Mientras Europa sorprendía con la noticia del fin del modelo de socialismo creado por la revolución rusa que obstaculizaba el proyecto modernizador occidental justo cuando EU e Inglaterra tomaban la iniciativa a nivel mundial imponiendo un modelo económico llamado neoliberalismo que tuvo como trasfondo la recuperación de la hegemonía de clase (del capital) en el mundo ante la caída del bloque soviético, en Venezuela un movimiento popular se disponía a desmontar la idea de que los seres humanos ya no tenían más camino que el de imitar lo hecho por la potencia estadounidense. La respuesta a la mentira que se quería difundir como una verdad absoluta no duró ni un segundo y ese crédito se debe otorgar al pueblo venezolano y, un poco antes, a los dominicanos. Y es que el modelo de economía neoliberal fue en realidad la imposición de un tipo de economía bárbara visto desde el punto de vista social, no era lo mismo que el impresionante progreso que dentro de las fronteras de EU impactaba a los europeos en la era postindependentista: la riqueza se quedó dentro de sus fronteras y al exterior la “modernidad americana” el progreso tuvo como símbolo al despojo.

El 27 de febrero el pueblo venezolano se le adelantó a un segmento del ejército (como dice Maduro en la presentación del texto de Earle Herrera sobre el “Caracazo”) que tres años más tarde se rebelaría e intentaría por la vía de las armas deponer al gobierno de Carlos Andrés Pérez. El pueblo miró con buenos ojos el levantamiento, pero se quedó “mirando nomás”. Al pueblo no le interesó camino de la violencia muy a pesar de que la experimentó durante las acciones que llevó a cabo del 27 de febrero. Los aliados de Chávez, de la izquierda (Causa Radical) decidió sin avisar a los del Movimiento Bolivariano Revolucionario-200 (que no existía como tal en ese momento sino hasta dos años después pero que su semilla ya se había sembrado dentro del ejército venezolano como Movimiento Bolivariano-200), que no participaría en la rebelión. Las armas se quedaron en el vehículo en el que fueron transportadas para ser distribuidas entre algunos segmentos populares, en Caracas. Mujeres y hombres, dice Marx, no hacen lo que quieren sino que actúan bajo determinadas condiciones, el pueblo deseaba un nuevo gobierno pero no por la vía pacífica…

Y llegó el momento climático. El 6 de diciembre de 1988, con el 56.2 por ciento de los votos, Hugo Chávez logra un triunfo que será histórico ya que significó poner fin al modelo de poder que las élites políticas impusieron en 1958 al pueblo venezolano, mediante el cual se establecieron los acuerdos de “Punto Fijo” de donde surgió el dominio bipartidista político de Acción Democrática y el Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI). Combatir la corrupción, la injusticia y la desigualdad fueron los ejes de su campaña. Chávez participó bajo las siglas del Movimiento V República (MVR). Enrique Salas Romer, de los últimos partidos señalados, obtuvieron el 39.97 por ciento e Irene Sáez, el 2.62 por ciento. Ese día, recuerda Gustavo Márquez (del Movimiento al Socialismo y funcionario con Chávez), quien declaró a BBC (06/10/2018), que los autobuses que colocó AD para llevar a la gente a votar se llenó, pero fueron a votar por Chávez.

Continuará…

 

Bibliografía consultada: Enrique Dussel: Filosofía de la Liberación y 1492: El encubrimiento del Otro. Hacia el origen del mito de la Modernidad; Aníbal Quijano, La colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. Borja García Ferrer. (2022).  La filosofía y la actualidad de la revolución. Indagaciones alrededor del «ethos barroco» en Bolívar Echeverría, La modernidad “americana” (claves para su comprensión) e Imágenes de la “blanquitud”, Bolívar Echeverría.

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