Se llama Dinora; es una mujer joven que me ayuda a realizar el aseo de casa y, cuando toca, platicamos. Esta vez le comenté que mi bellísimo perro viejo pastor inglés minitoy, Beau, había masticado mis lentes y los había destrozado y no tuvieron remedio, por lo que tuve que mandarme a hacer unos nuevos.
Siempre comprensiva y amante de los perros, doña Dinora me explicó, con sabiduría y a su entender, lo que le pasa al Beau: “Mire, usted tiene al Beau desde casi recién nacido, se lo regalaron en pandemia por lo que usted ha estado con él tiempo completo. Lo cobijó como cachorro y lo ha visto crecer a los casi diez meses que tiene; ahorita es como un niño acostumbrado a su presencia; le dio de comer, aprendió a subir y bajar escaleras, lo lleva a correr al campo, lo consiente, lo lleva al veterinario, limpia sus desechos; cuando usted entra al baño se echa afuera de la puerta hasta que usted sale, cuando usted cocina o se sienta a la mesa, está echado a sus pies hasta que se levanta, ¡lo más importante para él, es usted!
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“El resto de su tropa, -como usted le llama-, la Misha y los dos gatos, le llegaron de varios meses de edad y están acostumbrados a que usted se va y no falla en regresar. El Beau, no. Usted sale y él se descontrola, se siente solo, ¡y por eso hace todo lo que hace, por berrinche de que usted se fue! Lo que usted tiene que hacer cuando sale es dejarle un radio prendido para que escuche voces como cuando usted ve la televisión o está en la computadora.”
Di cierta razón a lo que dijo doña Dinora. Es posible que la soledad nos haga hacer cosas extrañas. Pero cuando le comenté que además de mis anteojos, se comió mi turrón de almendra navideño ¡con caja!, masticó lápices labiales, papeles del banco, recibos y todo lo que encontró sobre la mesita del cuarto de televisión, ¡destruyéndolo todo! La múltiple evidencia lo delataba: “¡Vea usted nada más qué desmadre dejó por todos lados, si está en su elemento!”, le dije, y el Beau con su expresión de: “¡Y voy por más!”
Sabia respondió: “Es como los niños que cuando los papás no están, hacen todo lo que se les antoja porque ellos no tienen límite. ¡Mejor déjelo afuera y que aprenda porque es un cabroncito rebelde!”