En estas épocas decembrinas donde la palabra más común es felicidad (“Feliz Navidad” “Felices fiestas” “Feliz año nuevo”) es importante entender desde esta perspectiva de la dignidad humana, donde cabe o se vincula con el concepto de la felicidad, pues al final a esta vida venimos a vivirla, a disfrutarla, a ser felices, entonces debemos de entender que la utopía es SER FELICES pero para serlo lo primero que tenemos que entender es que la felicidad se alcanza desde el momento mismo que inició nuestra propia vida, basta con observar a los niñas y a los niños y lo que les genera felicidad, y verán que no es tan complicado ni tan inalcanzable sentir la felicidad en nosotros mismos, pues obviamente la felicidad corresponde a un esquema totalmente subjetivo.
Si le preguntamos a un niño pequeño que acompaña a sus papás a pedir limosna en la calle, qué lo hace feliz, seguramente dirá algo muy diferente que, si le preguntamos a sus papás lo mismo, porque las prioridades cambian, porque mientras más crecemos, más nos complicamos en nuestros deseos, gustos, preferencias, prioridades, y todo aquello que cuando lo tengamos “seremos felices”, al final pensar en la felicidad individual es un concepto tan subjetivo que contiene infinidad de variables que difícilmente podremos englobar el ser feliz, pues para lo que a una persona lo hace feliz, para otra sería algo muy distinto, incluso en su escala de valores, para algunos la felicidad puede radicar en logros académicos, materiales, espirituales y una infinidad de cuestiones, por lo mismo necesitamos iniciar identificando que la felicidad para su análisis la podemos enfocar en dos vías: una la felicidad individual y por el otro lado la felicidad colectiva.
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Pero antes de entrar al tema de lo individual o colectivo, aclaremos para aquellos jurisconsultos constitucionalizados que no terminan de entender que hoy México dejó de ser un sistema rígido y regido bajo el control de constitucionalidad y que la reforma del 2011 forzó a México a tener que vivir bajo el control de convencionalidad embestido con el principio pro persona, y bajo este criterio urge que los juristas rompan con sus rígidas estructuras tanto mentales, técnicas así como de interpretación y no solo en el ámbito jurídico contencioso, sino también el administrativo, consultivo y legislativo que les permita redireccionar sus actuares hacia el objetivo final de alcanzar la felicidad.
Cabe esclarecer que la felicidad y los derechos, aunado a que no es una ocurrencia mía o que se trata de un concepto nuevo, la felicidad y los derechos de manera formal e institucional se empezaron a tratar de imponer desde 1776 con la Declaración de Derechos de Virginia, pues fue pionera al incluir el derecho a la búsqueda de la felicidad como derecho constitucional. También la asociación de amigos de Epicuro en Grecia ha impulsado para que en las instancias europeas sea reivindicado una declaración sobre el derecho a la felicidad, incluso nuestra propia Declaración americana de los derechos y deberes del hombre (Pacto de San José) señala en su primer considerando lo siguiente:
“Que los pueblos americanos han dignificado la persona humana y que sus constituciones nacionales reconocen que las instituciones jurídicas y políticas, rectoras de la vida en sociedad, tienen como fin principal la protección de los derechos esenciales del hombre y la creación de circunstancias que le permitan progresar espiritual y materialmente y alcanzar la felicidad.”, es decir, lo que todos, tanto autoridades, como defensores, organizaciones y anexas en América Latina buscamos alcanzar, es la felicidad, a eso se debe reducir en América todas nuestras luchas, trabajos, sacrificios y muertes, alcanzar la felicidad.
Y desde la visión administrativa es importante mencionar que Bután, el país que es conocido por su religión budista que se encuentra en las cordillera del Himalaya ha creado una fórmula alternativa para medir la prosperidad siendo que la fórmula se denomina el FIB (Felicidad Interna Bruta) siendo este un indicador que mide la calidad de vida usando los términos holísticos, psicológicos, sociológicos y medioambientales con los que se pretende medir los niveles de felicidad, objetivo que como nosotros en esta región de las Américas tenemos como objetivo final según el Pacto de San José, bien valdría la pena adecuar un indicador como la FIB para los Estados pertenecientes a la CEPAL y la OEA que busquen llegar hasta las localidades de cada uno de los Estados miembros.
Ahora bien, hablar de la felicidad individual es sumamente complejo y no hay forma de poder llegar a tener una uniformidad de cómo el individuo puede lograr ser feliz, siendo aún más subjetivo construir indicadores genéricos que nos permitan generar políticas o acciones públicas, acotando las acciones a la desconstrucción social de la población para buscar pasar de un esquema individualista, de destrucción, de apropiación, conservador y neoliberal a un esquema encaminado a la construcción de una cultura de paz, derechos humanos y armónico hacia un medio ambiente sano, rompiendo la lógica postmoderna de vernos a las personas como los dueños del mundo y lo que aquí se encuentra y aprender a ver que no somos dueños sino uno más de quienes viven en este mundo, rompiendo con esta destructiva decisión de explotar al mundo hasta que llegar a nuestra propia extinción.
En donde sí podemos incidir es en enfocarnos a esta lógica de construir acciones y herramientas para lograr una felicidad colectiva, impulsando y provocando que desde lo público y como pueblo generemos los medios necesarios que nos permitan no preocuparnos por necesidades básicas sino enfocarnos a vivir y disfrutar la vida que vivimos; es decir, no pensar en qué voy a comer hoy, en qué voy hacer ahora que no tengo trabajo, en cómo logro seguir estudiando, donde podré ir ahora que estoy enfermo, a quién recurro si me están discriminando, por qué no me atienden ahora que me violentaron; del porque no me hace caso mi representante político si yo vote por ella o él, porque ellos se están enriqueciendo con el dinero que tendría que servir para incentivar mayor democracia y muchos ejemplos más.
Por todo lo anterior, lo único que me resta decirles a todas y todos ustedes es gracias mil gracias por todo su apoyo y comprensión para su servidor y que gracias a ustedes hoy ya somos más de 37,000 personas en nuestra comunidad y seguimos creciendo en la Fan Page de Facebook LuisSorianoVC con 5 millones de interacciones y con un alcance de nuestras publicaciones de 26 millones en estos últimos 28 días.
Solo me resta felicitarlas y felicitarlos deseándoles sean felices esta Navidad.