La discriminación impide o limita el acceso a servicios a lugares públicos, lo cual conlleva a un impedimento del desarrollo personal, profesional y, por consiguiente, económico. Esto es una constante en México: el transporte público, por ejemplo, además de ser disfuncional, peligroso, riesgoso y altamente contaminante, es inaccesible para personas con necesidades especiales, como madres con bebés, viejecitos y personas con alguna discapacidad sobretodo de motricidad.
En este sentido son muchos los espacios que no están regulados para ser accesibles y por lo tanto, físicamente son discriminatorios también.
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Desde los ochenta iniciaron en Puebla una serie de normas para poder acceder o no a ciertos clubes nocturnos (discotecas) como el calzado, con lo cual quedaba en automático excluida cualquier persona que utilizara huaraches. Esta norma se extendió al poco tiempo en restaurantes y se replicó en otras ciudades, como la Ciudad de México. Norma que sigue vigente en la mayoría de estos sectores.
Así, primero se tendrían que eliminar este tipo de normativas que más que reglar, responden a un deseo discriminatorio por parte de su clientela (para ejemplo, el caso del restaurante de carnes de Sonora Grill). Sin embargo, el caso de Casa Lamm -tan sonado- responde a varias situaciones, primero quién denuncia, una figura pública y reconocida como Horacio Franco, lo cual no hubiera tenido ningún peso si la denuncia viniera de un ciudadano de a pie. En segundo lugar, que se trata de discriminación hacia una artista de origen otomí, ahora que está repuntando el reconocimiento hacia nuestros pueblos originarios, sobretodo desde la esfera cultural, y Casa Lamm es un referente en el ámbito. Por otro lado, en la CDMX existe, desde 2011 el Consejo para Prevenir y Eliminar al Discriminación, un organismo público descentralizado de la Secretaría de Desarrollo Social, que sirve para emitir lineamientos para políticas públicas destinadas a combatir la discriminación.
La discriminación puede vertirse en contra de las creencias (los ataques religiosos van a la alza), de género (los feminicidios no se detienen), de preferencias sexuales (cada vez mayor inseguridad para la comunidad LGBTIQ+), pero la que predomina en México es la racial. En cualquier otro país del mundo hay racismo hacia el extranjero, hacia quien viene de afuera en busca de una mejor calidad de vida o simplemente por sobrevivencia. El otro es motivo de refrendar la identidad propia, la otredad puede convertirse en una moción de seguridad identitaria. Pero en México se privilegia al otro y se rechaza al propio. Ante esta realidad. ¿de qué sirve exigirle a España que pida perdón a México, si nosotros no podemos aceptarnos aún tal cual somos?
Es obligación de los gobiernos hacer que la ciudad, los espacios, los servicios sean accesibles, labor no cumplida hasta la fecha, por lo tanto su ejemplo de no discriminación no se ha cumplido remotamente. Puentes, rampas, transporte digno, apoyo a educación especial, y un sin fin de aspectos no considerados aún. ¿Quién debería de pedir perdón?
Hoy se ha tratado de Casa Lamm, y espero que cualquier otro espacio que actúe de igual forma sea denunciado y que la denuncia sea escuchada. Pero sobretodo espero que aceptemos con orgullo lo que somos, lo que heredamos y lo que podemos llegar a ser, con las riquezas que nos caracterizan y que son admiradas y valoradas desde muchas otras latitudes. Nos falta amor propio.