Opinión

‘Veremos’

Viernes, Diciembre 2, 2022
Leer más sobre Alejandra Fonseca
Siempre he creído en la libertad de los animales; y mi Viejo Pastor Inglés Mini Toy lo sabe
Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes  
‘Veremos’

No sé si la adolescencia humana sea equiparable a nueve meses de un cachorro de raza Viejo Pastor Inglés Mini Toy, o de cualquier otro animal a esa edad, pero de que los cachorros tienen su etapa de desobediencia y reto a la autoridad, ¡la tienen! Esta raza muchos veterinarios no la conocían cuando les llevé al cachorro que recién me habían regalado -de cinco semanas de nacido, conmovida de que cada vez los desteten más temprano, cuando hace algunos años los entregaban a los dos o tres meses porque la madre les enseña dónde hacer sus necesidades y cómo mantenerse limpios-. A quienes consulté, tuvieron que checar su bibliografía para saber cómo eran, de dónde venían y sobre su carácter. Mi inquietud surgió debido a que con tanta manipulación genética que ya hacen en todas las razas de animales, quería saber a qué me expondría en adelante, qué talla y peso tendría y principalmente, que no fuera agresivo porque tiene que convivir con otra perra y gatos, pero como ellos no sabían, me conformé con un ‘veremos’.

Este pequeñín nunca ha mostrado signos de agresividad; todo lo contrario: es tierno y cariñoso. Cuando me lo regalaron cabía en mi mano y me confié que sería “mini-toy”, que crecería mucho menos que la raza original en peso y talla, por lo que le compré una transportadora en la que, en la actualidad, no cabe ni una sola de sus tremendas patas.

Dicen que lo fino de un perro se le ve en el tamaño de las patas y el pelaje. ¡Y sí!, desde cinco semanas, sus patas parecían de cachorro de león y su pelaje era sedoso y brillante y, cuando lo llevo a peluquear, el veterinario me dice que sería una lástima trasquilarlo y se lo dejamos largo. Lo esterilicé para evitar que tanta testosterona anduviera corriendo libre por el fraccionamiento.  

A esta hermosura mi hijo lo nombró Beau’, que significa bello en francés, porque en realidad desde pequeño era una belleza de animal; lo sigue siendo: con nueve meses pesa quince kilos, tiene una estatura de cincuenta centímetros y un metro con diez centímetros de largo, ¡todo un mini toy! Los veterinarios dicen que es probable que ya no crezca, pero seguimos en el ‘veremos’.

Más artículos del autor

Esto viene a cuento porque, según yo, anda en su pubertad o adolescencia canina ahora que tiene nueve meses. Todas las mañanas lo saco a correr a las cinco de la mañana junto con mi otra perrita Misha -mi fiel y obediente compañera de cuatro años-, para que desfogue un mucho de su energía y su alegría de vivir; sale de la casa corriendo como un caballo desbocado que se le va la vida en la carrera, y ver como en la semi-penumbra del amanecer, sus orejas, su lengua y su pelaje vuelan al viento frío a cada paso que da, ¡es mágico! y después de un rato, cuando llega el ‘ya vámonos a casa’, se me acerca como si obedeciera, encantador y tierno cómo sólo él puede, pero calculadoramente se detiene, y con dos llamas encendidas en la mirada de sus ojos, me reta, me torea, se burla de mí, y alegre corre en sentido contrario en un ‘a ver si me atrapas’, haciéndome correr tras de él.

Me costó trabajo aprender que, en las madrugadas, cuando no hay personas ni coches puede salir libre y correr como le gusta, pero en la tarde-noche, más nos vale a los tres -los dos perros y yo, por nuestra seguridad e integridad física y mi salud emocional-, debo traerlo amarrado con su correa, que cuando se la pongo, se comporta -otra vez- como si fuera un caballo fino recién salido del establo para lucir su porte y hermosura en un obediente trote. ¡Nadie podría decir que es el mismo perro!   

Siempre he creído en la libertad de los animales; el problema es que tuve que enfrentarme a nuestras adolescencias: la mía y la de él: la mía por creer en la irrestricta libertad, y la de él porque, en ese sin límite”, en cualquier oportunidad que tiene, abusa; en tan hondo sentimiento y acciones de libertad de ir hacia donde el viento y su voluntad le dictan, es difícil cortarlos de inmediato.

Pero ahí vamos los tres, aprendiendo a adaptarnos. Si vieran al ‘Beau’ en los dos momentos -de madrugada y de noche-, nadie podría creer que por su conducta es el mismo perro, ¡aunque su percha lo delata!

[email protected]

Vistas: 282

Loadind...