Ya está próximo a conmemorarse el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, una fecha que nos recuerda la importancia de impulsar el respeto a los derechos humanos de quienes tienen alguna carencia física, mental, intelectual o sensorial a largo plazo; pero sobre todo, que pone énfasis en la deuda que como sociedad tenemos con este sector.
De acuerdo con el Informe Mundial sobre la Discapacidad, alrededor del 15% de la población global vive con algún tipo de discapacidad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), actualmente, se entiende que la discapacidad surge de la interacción entre el estado de salud o la deficiencia de una persona y la multitud de factores que influyen en su entorno.
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Es por ello que se considera que las dificultades que enfrenta una persona con discapacidad, pueden desaparecer cuando se eliminan las barreras que ella encuentra en el entorno social donde desarrolla su vida cotidiana, de tal manera que los lugares, los servicios, los utensilios y la información deberían ser accesibles para ella, de la misma manera que para el resto de la población.
Porque la discapacidad no se vive de igual manera en todo el planeta ni en toda época. Hay diversos factores que inciden en una mejor o en una peor integración. Aunado a ello, hoy en día la humanidad debe afrontar retos de gran envergadura como son los estragos de la pandemia de COVID-19, la guerra en Ucrania y en otros países e incluso el propio cambio climático.
En este sentido, se calcula que de los 1000 millones de personas con discapacidad en el mundo, el 80% vive en países en desarrollo, además de que el 46% son mayores de sesenta años.
Al respecto, al menos el 12% de la población de América Latina y el Caribe vive con al menos una discapacidad, lo que representa alrededor de 66 millones de personas.
En México, de manera oficial, hay más de 6 millones 179 mil personas con algún tipo de discapacidad, como puede ser la dificultad para llevar a cabo actividades consideradas básicas como ver, escuchar, caminar, recordar o concentrarse; lo que representa el 4.9% de la población nacional.
Estas cifras, más allá de un simple número, son importantes para generar visibilidad y combatir uno de los principales males que afrontan, como es la discriminación (en distintos niveles y aspectos) debido al desconocimiento sobre las discapacidades.
Desafortunadamente es común que no puedan acceder de manera plena a derechos como el de la educación y la salud. Muchas veces deben abandonar su preparación académica o incluso un tratamiento médico por problemas de movilidad y accesibilidad a los centros educativos y de salud, aunado que también quedan expuestos a las burlas y segregación.
De acuerdo con el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), mientras que la asistencia a la escuela es casi universal en los niveles básicos (97%), entre las personas con discapacidad el porcentaje cae a 80%. Conforme pasa el tiempo, sólo el 28% de este sector se incorpora a la educación media superior y superior.
Sin embargo, una de las facetas donde más se discrimina a las personas con discapacidad es la laboral, ya que mientras más de seis de cada diez personas sin discapacidad se ocupan en alguna actividad económica, sólo alrededor de una de cada diez personas con discapacidad cognitiva o mental está ocupada.
Aunado a lo anterior, sólo 25% de las personas con discapacidad con una ocupación económica tiene contrato y sólo 27% cuenta con prestaciones médicas.
Es así que la brecha se vuelve amplia, pero también la urgencia de actuar en este ámbito. Por ello considero prioritario visibilizar la discapacidad en México y con ello acciones que permitan una mejor participación e inclusión social.
Al respecto, celebro que hace algunos días el Senado de la República haya aprobado una reforma a la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad en la que busca garantizar el acceso a puestos laborales en el país.
Estas modificaciones son un gran paso para poner un alto a la discriminación por motivo de discapacidad en la selección, contratación, remuneración, tipo de empleo, reinserción, continuidad, capacitación, liquidación laboral y promoción profesional; asegurando condiciones de trabajo accesibles, seguras y saludables.
Sin embargo, aún falta mucho que hacer para reivindicar el papel de las personas con discapacidad en la sociedad, ya que estoy convencido que respetar sus derechos no es solo una cuestión de justicia, sino una inversión en el futuro en común con el resto de la sociedad.
Sin duda será necesario seguir apostando a un cambio cultural, que permita romper estigmas y estereotipos y con ello se pueda aprovechar todo el talento de las personas con discapacidad para la construcción de un mejor país.