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Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Políticos tóxicos

Los ciudadanos deben estar conscientes de quién los gobierna, no se deben dejar engañar por nadie

Elmer Ancona Dorantes

Periodista y analista político. Licenciado en Periodismo por la Carlos Septién y maestro en Gobierno y Políticas Públicas por el Instituto de Administración Pública (IAP) y maestrante en Ciencias Políticas por la UNAM. Catedrático. Ha escrito en diversos medios como Reforma, Milenio, Grupo Editorial Expansión y Radio Fórmula.

Miércoles, Noviembre 9, 2022

No hay nada más brutal en la política que un político bruto, esto es, un político que no tiene inteligencia ni conocimientos ni imaginación y mucho menos capacidad para dar solución a los problemas sociales, a las necesidades de la gente.

No sólo no contribuyen con algo positivo para los ciudadanos, sino que por su falta de tacto, de visión, de prudencia y de sentido común, mantienen en el olvido a los sectores más vulnerables de la población. Ponen en riesgo a la gente.

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Ahora que está en boga el tema de las “toxicidad, no hay nada más venenoso para la sociedad que un político tóxico, esos servidores públicos (funcionarios, legisladores, jueces) que por su pasividad, por sus tarugadas, generan, defienden y hasta ocultan incidentes que pueden causar el daño o la muerte de la gente.

¿Cómo pueden los ciudadanos identificar a un político que es altamente tóxico para la sociedad? No es difícil deducirlo: “Por sus hechos los conoceréis”, advierte la Biblia de la Política.

1.- Por sus elevados niveles de omisión y negligencia. Es la peor característica que puede tener un político tóxico. Ya lo advierte también la Biblia Política: “A los tibios los vomitaré de mi boca”. El Dios de la Política desprecia a los mediocres. Nadie los traga.

Cobran elevadas cantidades de dinero por hacer nada. A este tipo de “servidores públicos”, los ciudadanos deberían sacarlos a patadas del poder, desatornillarlos de las sillas a las que están sujetos y arrojarlos al infierno de la indiferencia. A la calle.

2.- Por sus elevados niveles de complicidad. Son políticos tóxicos que se embarran con cosas sucias y deplorables que los corrompe directamente a ellos, pero que también altera el curso de la sociedad.

Su principal excusa es: “Si no lo hago, me matan” (vincularse con delincuentes); “si digo las cosas, me despiden” (aduladores del Jefe); “corro el riesgo de no estar en la jugada” (pasión por los puestos); “tomo del presupuesto porque así es la política” (el fin justifica los medios); “devuelvo lo que me prestaron en campaña” (pago de favores).

Para todo tienen un argumento, una salida fácil. Nunca se atreven a caminar en la verdad; nunca apuestan por las cosas sanas; los hace felices la maldad, la transa, la corrupción. Son cómplices de lo más turbio.

3.- Por sus elevados niveles de hipocresía. Son políticos tóxicos que se visten con piel de oveja. Rezan mucho por la mañana antes de salir de casa -para tomar fuerza-, y le parten el hocico a todos los que pueden el resto del día. Eso sí, antes de dormir se santiguan y dan gracias al Creador “por un hermoso día”.

Son ese tipo de políticos que claman a los cuatro vientos ideologías, doctrinas y pensamientos de bienestar, de progreso, de desarrollo, de alta humanidad, pero dejan padecer y morir en la calle, en los antros, en los “after”, en los juzgados, a quienes más necesidades tienen. Se tapan los ojos ante la cruda realidad social.

“Soy bueno, pero no soy santo”; “hago lo que la ley me permite”; “la moral es un árbol que da moras (y se ríen)”; “vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”. Y así, todos los días, sacan a relucir su Manual de Estupideces que no dejan crecer a la sociedad.

4) Por sus elevados niveles de cinismo. Son políticos tóxicos que presumen todos los días el cargo que tienen en los gobiernos, en los congresos, en los tribunales, y se amparan en ese puesto para hacer sus marranadas, sin que les importe lo que piensen los demás.

Hacen lo que les da la gana porque “mi compadre es el líder del partido”; porque “tengo fuero”; porque “quien tiene el poder, tiene el sartén”; porque “tengo maiceada a la prensa”.

Son cínicos por naturaleza, hasta que llega alguien más poderoso y les dice: “quítate, porque de aquí soy”. Hacen de la política un burdel de cínicos donde todos se prostituyen al margen de la ley. “El Estado soy yo”.

Los ciudadanos deben estar muy conscientes de quién los gobierna, no se deben dejar engañar por nadie, deben tener la suficiente inteligencia y valentía para decir a sus políticos tóxicos: “No me sirves de nada. Hasta aquí llegaste”.

@elmerando

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