La semana pasada, en este mismo espacio, hice un repaso general de los resultados más recientes del Índice de Democracia, formulado por la Unidad de Inteligencia de la revista británica The Economist. En la colaboración de esta semana realizaré un análisis respecto a los resultados que este mismo estudio arroja sobre América Latina y muy en especial sobre nuestro país.
Esta evaluación se realiza desde 2006 y considera cinco parámetros para medir el estado de la democracia en el mundo: proceso electoral y pluralismo; funcionamiento del gobierno; participación política; cultura política, y libertades civiles. Con base en estos indicadores se establece si los países evaluados poseen una “democracia plena”, una “democracia deficiente”, un “régimen híbrido” o un “régimen autoritario”.
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A nivel global, el informe 2021 indica que casi el 45% de la población del planeta vive en algún tipo de democracia, mientras que cerca de un 37% está gobernada por un régimen autoritario.
Respecto a América Latina, este mismo estudio detalla que es la región del mundo en la que la democracia ha experimentado un mayor deterioro y que además ha batido un récord con el descenso más contundente desde que se lanzó el ranking en 2006.
Un ejemplo de ello se puede encontrar en la evaluación de Chile, país que en 2020 se posicionó como la segunda nación más democrática de la región, sin embargo, en la edición 2021 cayó al tercer lugar, lo que lo ha llevado a ser considerado como una “democracia deficiente”.
En esta misma situación se encuentran naciones como Ecuador, Paraguay e incluso México, las cuales pasaron de ser catalogadas como “democracias deficientes” a “regímenes híbridos”.
Por su parte, países como Haití, Cuba, Venezuela y Nicaragua transitaron de ser designados como “regímenes híbridos” a “regímenes autoritarios”, lo cual los colocó en las últimas posiciones de la tabla.
En contraparte, Uruguay destaca en el primer puesto, al obtener el puntaje más alto (9 puntos) lo que lo califica como una “democracia plena” y lo ubica como el país más democrático de América Latina, así como en la posición 13 a nivel global.
Costa Rica obtuvo el segundo puntaje más alto de nuestro territorio (8 puntos), lo que lo ubica también como “democracia plena” y en la posición 20 en el ranking general.
En el caso de México, la evaluación lo pondera con un 6 de calificación, la cual lo coloca en el ranking general en la posición 86 de 167 naciones, así como en el lugar 17 de 24 países en la evaluación regional.
En cuanto a la calificación obtenida en cada uno de los rubros del índice, nuestro país obtuvo un puntaje de 6.92 -sobre una escala de 10- en el de proceso electoral y pluralismo. El segundo rubro sobre funcionamiento del gobierno fue evaluado con 5 puntos. La participación política obtuvo la ponderación más alta para nuestro país con una calificación de 7.22, mientras que cultura política fue el rubro con la calificación más baja al obtener 3.13 puntos. Finalmente, el indicador de libertades civiles fue evaluado con 5.59.
Sin duda estos resultados visibilizan los grandes retos que tenemos como nación y que deben urgir a todos los sectores del país a actuar.
Claramente el más apremiante para la democracia nacional reside en la cultura política, ya que ésta se convierte en un reflejo del propio sistema político del país.
En este sentido, cobra vital importancia la Reforma Electoral que se está planteando a nivel constitucional, ya que en ella se recogen el conjunto de normas relacionadas con el acceso y el ejercicio del poder en el país.
Como ciudadanas y ciudadanos necesitamos informarnos e involucrarnos en este tema, pero sobre todo tener una mayor participación política en el país y con ello nutrir la cultura política de la nación.
Es indudable que esta participación hará la diferencia, ya que estoy convencido que éste es el principal factor que abona a la democracia.
Tenemos que romper el paradigma de pensar que no podemos hacer nada por modificar el entorno que nos rodea, ya que hoy, más que en ningún otro momento, el país está inmerso en una etapa de importantes cambios.
Es por ello que no nos podemos quedar cruzados de brazos. México necesita el talento y la preparación de las y los ciudadanos comprometidos con un mejor país, lo cual abonará no sólo a mejorar un puntaje en un tablero, sino a que las familias gocen de una mejor calidad de vida.