En un reino muy, pero muy lejano, se comprobó el amor del Rey hacia su Príncipe. Ante nobles y plebeyos dijo con voz profunda: “Yo sí te quiero, pero no con afectos simulados, no con sentimientos escondidos, no con vergüenzas. Te amo por lo que eres, por lo que has sido y, principalmente, por lo que serás”. Y dejó sorprendida a la Corte.
Este Rey -se sabe bien-, es de grandes batallas y crueles enemigos, de irresistibles historias de triunfos; es un Rey amado, pero también odiado y perseguido. Nunca calla lo que piensa. No tiene verdades a medias. “Es Lomo Plateado”, dicen en la comarca.
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A su Príncipe lo quiere por encima de todas las cosas y lo grita a los cuatro vientos; lo ha consultado a solas con su consorte, le importa poco lo que piensen sus muy, pero muy molestos, “herederos de papel”. Su bendición es directa.
Quiere tanto a su Príncipe que no le importan los yerros, sus pocos o muchos tropiezos; lo único que le interesa al Rey es prepararlo como heredero del trono, bendecirlo en la sucesión. Él decide el futuro de su reino. Tiene poder soberano. “Aunque el Imperio me ordene, en mis tierras mando Yo”.
A sus Duques, Marqueses, Condes y Barones Color Marrón les molesta las decisiones del trono; odian al heredero porque creen ser mejores que él, por eso tienen la consigna de desmantelar el Principado y hacer perjurio de sus nobles labores.
¡Acabar con el Príncipe a como dé lugar! es su grito de batalla, por eso recorren de punta a punta la comarca, por eso visitan los lugares más recónditos del Reino. Su bandera es desprestigiar al Sucesor.
A estos herederos de ficción no les importa cuántos reales y dinares malgasten contratando heraldos que griten, de pueblo en pueblo, lo “malo y perverso” que es “el que viene”, “el que será”.
No les importa cuántas coronas arrojen a la basura con tal de contratar a los mejores bufones de la comarca para hacer reír al vulgo, con tanta payasada, despotricando contra quien ocupará el trono.
Pero el Rey no los toma en cuenta. En su mirada sólo está el valiente y carismático heredero que sacará de esos terribles feudos marrones a tanta gente que fue engañada con discursos feudales baratos, pero bastante caros para la Corona.
El Fiel Escudero está preparado para todo, para lo que venga. Y Lomo Plateado le recuerda: “Has de saber, Príncipe Amado, que la valentía que no se funda sobre la base de la prudencia se llama temeridad”.
Y el atrevido Rey le insiste a su amado sucesor: “Tú para mí eres el más destacado, el más lúcido y el más inteligente de todas estas tierras. Vives en completa libertad, por eso, pese a todo nubarrón, tendrás mi Reino y todas estas tierras serán tuyas. Te doy mi bendición”. El Príncipe queda tranquilo, mientras muchos de la Corte mueren de rabia.
@elmerando