Hoy es el décimo aniversario del Día Internacional de la Niña y el tema de este año es: “Ha llegado nuestro momento: nuestros derechos, nuestro futuro”.
El 11 de octubre fue designado por las Naciones Unidas como el día en el que se resaltan los retos que enfrentan las niñas en el mundo en busca de la igualdad.
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Soy la afortunada mamá de una niña de 3 años. Al momento en que yo supe que mi feto era una niña, para mí fue la mejor de las noticias, pero también, un momento de profunda reflexión y de enfrentar un gran reto de crianza feminista y consciente.
Como mujeres en un mundo dominado por barreras y trampas del sistema patriarcal en el que se esparce el mito de la debilidad que implica la feminidad, nos enfrentamos constantemente a problemas de creencias, estereotipos y retos de vida, que como adultas vamos sorteando y enfrentando con madurez; sin embargo, debemos ponernos en el lugar de las niñas, personitas que recién comienzan a vivir en esta matrix, en este lugar en el que existe la desigualdad de género, en este entorno, donde le son asignados roles por así convenirle al sistema, y en el que deben cuidarse y protegerse unas a otras, porque pueden matarlas por el simple hecho de ser mujeres.
Me pregunto: ¿realmente ha llegado nuestro momento?, ¿haremos valer nuestros derechos para tener un mejor futuro? Al menos siento, que es evidente que las conciencias de muchas han despertado, y esto, logrará brindar un mejor futuro para las que vienen.
Conforme a cifras de ONU Mujeres, se estima que nos llevará a las mujeres y las niñas cerca de 300 años alcanzar la plena igualdad de género. Problemas como el matrimonio infantil, la violencia sexual, el acceso a la educación, acceso a productos sanitario, estereotipos de género y trabajo infantil, son algunos de los retos que, al día de hoy deben ser resueltos a mediano plazo para acortar las brechas de desigualdad y lograr romper con esta tendencia. Implementar estrategias y asignar presupuestos para el empoderamiento de las niñas son acciones fundamentales para el crecimiento económico y para lograr avances sustantivos en la erradicación de la pobreza, romper el ciclo de la discriminación y erradicar la violencia contra las mujeres.
Por ello, la importancia de recordar cuando hablamos de desigualdad de género, que también estamos hablando de niñas que son aún más vulnerables, que debemos crear sinergias y exigir a los gobiernos, a la sociedad y a nosotros mismos, el rompimiento con el sistema, con estos micromachismos, usos y costumbres para lograr la protección y el empoderamiento de nuestras niñas, para garantizarles una vida segura, saludable, con educación, felicidad y paz.