Un estudio exhaustivo y en un grupo muy grande de pacientes que padecieron Covid-19, en grado leve o moderado, esto es, solo con fiebre, falta de ganas de hacer las tareas diarias, mucho sueño y de síntomas gripales; reveló que estos pacientes pueden desarrollar trastornos cardíacos como son un incremento o una disminución del ritmo o frecuencia cardíaca, la posibilidad de desarrollar coágulos y por lo tanto de tener infarto al corazón y arritmias en su latido del corazón, lo que aumenta el riesgo de morir.
Estos riesgos de mostrar alteraciones en el corazón pueden suceder hasta un año después de haberse infectado con el coronavirus SARS-CoV-2, y se asocia a que este virus es capaz de producir un proceso de inflamación muy fuerte, efecto que al parecer en un paciente susceptible le puede llevar a enfermedades cardíacas.
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Un aspecto que se está analizando es por qué en pacientes que no tuvieron una enfermedad COVID-19 severa y que no ingresaron a un hospital o requirieron respiración asistida por una máquina, se dieron estas alteraciones cardíacas en pacientes que eran atléticos, sin obesidad, que no padecían diabetes mellitus, no fumaban y no tenían enfermedades renales. Esto es, en personas clínicamente sanas y a pesar de esto ¡mostraron alteraciones en su corazón hasta un año después! Lo mismo se encontró entre hombres y mujeres, en pacientes de piel blanca o negra, lo que muestra que el daño al corazón es independiente de las más importantes variables en la población.
Es entonces claro que la infección por el coronavirus SARS-CoV-2 puede tener efectos no solo durante la infección, sino que también a largo plazo del Covid-19. Con base en esto, lo mejor es prevenir mediante la vacunación, el uso de cubrebocas y mantener la sana distancia; de esta forma evitar la influenza y otras gripas que se incrementarán en esta etapa de otoño-invierno.