Opinión

Educación con Todas y Todos, en posibilidad

Viernes, Septiembre 30, 2022
Leer más sobre José Guadalupe Sánchez Aviña
Un cambio de paradigma debe transitar de la educación para Todos a la educación con Todas y Todos
Doctor en Educación, Sistema Universitario Jesuita ademas de ser maestro en Investigación Educativa por la Ibero Puebla realizó su licenciatura en Sociología por la UNAM . Actualmente es Académico de Ibero Puebla
Educación con Todas y Todos, en posibilidad

He venido insistiendo, desde hace tiempo, en la necesidad de cambiar de paradigma educativo en el país. Sostengo que no se puede cambiar de rumbo haciendo lo mismo con lo mismo; lo primero es actualizar nuestra visión que sobre educación se tiene. Algunos consideraríamos que la educación encuentra definición cuando se orienta a la humanización del mundo; con dos implicaciones indispensables: a) un Ser humano que se entiende en relación, con él mismo, con los otros y con la naturaleza; y b) un mundo, integrado por todos los mundos existentes y posibles.

Entre estos componentes de mi postura, también sostengo la importancia de la recuperación de saberes, pero reconociendo que hoy somos otra plataforma distinta a la de tiempos pasados; cuando se habla de recuperar saberes es para integrarlos a los hoy existentes, para ser mejores como individuos y como sociedad. Lo anterior, exige resistir la tentación de excluir a los diferentes, la de dividir y la de adoptar la imposición como recurso para llevar a cabo lo que, una de las partes, considera conveniente; se debe practicar el principio de que no se puede ser mejor, si no es a través del diálogo con los otros.

Hoy, escucho y leo, posturas que, en apego a la oficial, pretenden borrar lo que nos ha definido hoy como mexicanos; más allá de que sea “bueno o malo”, se debe reconocer que esa historia está encarnada en nosotros. El pretender asumirnos en un borrón y cuenta nueva, implica el riesgo de la radicalización de la peligrosa división que hoy se manifiesta en cada esfera social. Requerimos guardarnos del pensamiento polarizado, ese que genera adhesión o rechazo, sin mediar razonamiento alguno, ese que, en la diferencia, encuentra motivo de exclusión y ánimo de confrontación aniquilante.

No solo hacemos historia, sino que somos historia; el negarla es pretender tapar el sol con un dedo. Esta etapa del país, encuentra continuidad en otras como la Independencia, la Reforma y la Revolución en esa clara muestra de confrontación entre “liberales y conservadores”; recuperando, en mi memoria, una idea de Lorenzo Meyer, expuesta en artículo publicado en el semanario Proceso, hace ya tantos ayeres que no recuerdo la fecha, y planteo la siguiente interrogante: ¿acaso no cada etapa de nuestra historia comparte el objetivo de modernizar al país? Cualquier cosa que eso signifique. Aclaro, la mención que hago de los tres momentos de México, son con fines exclusivamente históricos, de ninguna manera, declaran aceptación de la autoproclamada cuarta transformación.

Elemento central de ese cambio de paradigma, en el cual insisto, es el transitar de la educación para Todos, hacia la educación con Todas y Todos; significando, la posibilidad nutricia que aporta la apertura a reconocer la existencia y valía de esos saberes que, gracias a la colonia pasada y actual, han permanecido subyugados; considero que en la declaración de principios implícita en las más recientes iniciativas gubernamentales, en materia educativa, se vislumbra la posibilidad, de que esa latencia encuentre, por fin, su manifestación plena.

Esta esperanza, generada por la posibilidad, abre una interrogación determinante: ¿cómo operacionalizará el gobierno actual esa declaración de principios? De su respuesta dependerá si se hace real o queda en una bonita aspiración.

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