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OPINIÓN

Una perspectiva de la vida cotidiana en México

En el diario vivir en la sociedad virreinal las costumbres reflejaban el uso de objetos y espacios

Luisa Martínez Baxin

Historiadora y maestra en Estudios Históricos por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (Puebla), originaria de San Andrés Tuxtla, Veracruz.  Ha realizado trabajo de campo e investigación con relación a la Historia de la Educación.

Miércoles, Septiembre 28, 2022

Al concluir el siglo XVI, miembros de clase social acomodada de la Ciudad de México caracterizaron parte de su prestigio social en la acumulación de una serie de objetos de uso cotidiano, bienes que les permitía vivir con lujo. Los interiores de las casas de los ricos, y de otros personajes en ascenso social estaban repletas de tapicerías, finas alfombras, piezas de plata, cristales de Venecia y muebles de lujo.

En todas las casas de personas acomodadas existía una sala para recibir a las visitas, su funcionamiento se regía por un protocolo muy especial. Asimismo, en la planta alta de la vivienda y con acceso al balcón principal se encontraba la habitación de la señora de la casa con un estrado.

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Los estrados eran espacios femeninos, estaban delimitados dentro de las salas de visitas y tenían normas de sociabilidad propias. En el estrado se recibían invitados del mismo nivel social, con quiénes se debía quedar bien; en este espacio también se juntaban las mujeres para bordar o tocar música.

Un estrado de importancia podía contar con varias docenas de cojines. En la confección de estos asientos femeninos se usaban telas muy ricas, sedas chinas o brocados y terciopelos europeos; por ejemplo, los cojines se bordaban con hilos de oro, seda y plata. La vida por las tardes variaba de muchas maneras, los visitantes se entretenían con los “juegos de estrado” que preparaba la señora de la casa, se jugaban las cartas y a las tablas reales. También representaba una costumbre beber varios litros de chocolate, rosolí, clarete o aguardientes de frutas de la temporada.

Mientras permanecían en los estrados, hombres y mujeres fumaban cigarrillos o aspiraban por la nariz polvo de rapé (tabaco molido) con el fin de estornudar. Los estornudos son el pretexto principal para lucir las cajas de polvos y finos pañuelos. Otra actividad reiterada en los estrados del siglo XVII fue beber chocolate acompañado de pan dulce, el cual se servía en los cocos con asas y pies de plata, o tazas que se acomodaban en las mancerinas. En el proceso de beber chocolate también se daba “el arte de la conversación”, aquí se comentaba gran parte del quehacer de la gente de clase acomodada, eventos sociales, económicos, incluso alguna catástrofe natural.

Piezas de orfebrería en plata y oro se lucían en las mesas de la sociedad virreinal, gastaban sumas de dinero debido a la abundancia de plata en el virreinato. No hubo casa donde no existiera un plato, un salero o una cuchara de este metal. Se reconocen varias calidades y técnicas (plata labrada, plata blanca, plata sobredora, plata de filigrana), la que más predominó es la plata blanca. El momento perfecto para mostrar el lujo en la orfebrería y cristales es cuando la familia ofrecía una fiesta, ya sea en una boda o en un aniversario, ya que los sirvientes se encargaban de construir junto a las cabeceras de la mesa de fiesta enormes mostradores, muebles de estructura piramidal hechos con tabla y cubiertos con telas finas donde se exhibían las mejores piezas de plata y oro que poseía la familia: fuentes, pebeteros, salvas, jarras de pico, confiteras, vasos, bernegales y platos.

Con respecto a las letrinas estaban situadas detrás del patio de servicio, junto a los corrales, el jardín o la huerta, alejadas de las habitaciones familiares, ya que se consideraban espacios de pestilencia, además no contaba con agua. El mobiliario de las letrinas consistía en un tablón con varios hoyos. No había retretes dentro de las casas, cuando había necesidad de defecar o de orinar utilizaban bacinicas y orinales. Cada noche estos baños portátiles se colocaban junto a las camas; por las mañanas vertían los desechos en las calles o en los retretes. Es de mencionar que había orinales de lujo, principalmente elaborados de plata, los cuales se podían utilizar en cualquier parte de la casa.

Esto formaba parte del diario vivir en la sociedad virreinal y por supuesto de las personas de clase acomodada, dichas líneas representan cómo estuvo organizada la forma de relacionarse, de ostentación, charla y distracción.

 

Curiel, Gustavo, (2005).  Ajuares domésticos. Los rituales de lo cotidiano, en Rubial García, Antonio, (Coord). Historia de la vida cotidiana en México: Tomo II: La ciudad barroca. El Colegio de México-Fondo de Cultura Económica, 2005, pp. 81-105

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