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OPINIÓN

Cómo hacer una ley

Últimamente en la estrategia para hacer leyes, no solo el agredido sale manchado, también el agresor

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Miércoles, Septiembre 14, 2022

“A quienes les gustan las salchichas y las leyes, que no sepan cómo se hacen”, dice la frase atribuida al canciller Bismark. Lo malo es que ya supimos. Ya supimos cómo se están haciendo algunas leyes en México. El esquema es simple, poco decoroso, y quizá preocupante por sus consecuencias.

Primero, si no tienes la mayoría necesaria, ubica a un líder opositor vulnerable. Vulnerable no por razones de carácter, sino por su trayectoria política y ética. Que en su desempeño como político tenga acciones insostenibles, también en el aspecto jurídico.

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Espía a ese líder. Haz un archivo de sus conversaciones comprometedoras. Publícalas cuando sea políticamente oportuno. Antes de que necesites el apoyo de su partido para alguna reforma legal o constitucional, por ejemplo. O después de que no apoyó lo que querías que apoyara.

Investiga sus propiedades. Si no corresponden a sus ingresos, ya tienes más elementos para tu estrategia. Al igual que las grabaciones comprometedoras, espera el momento adecuado para publicarlas.

Pero antes de publicar lo anterior, en privado, por interpósita persona, hazle saber que tienes información delicada sobre él, y que, si no se alinea, “te irás con todo” en su contra. Si no se “dobla” con eso, hay que seguir la estrategia.

Una estrategia adecuadamente dosificada para hacer pública la información. Un linchamiento mediático bien diseñado.

Si esto no basta, hay que pasar a las amenazas legales. La información obtenida sobre el opositor no solo lo daña en lo político y lo ético. Tiene consecuencias jurídicas. Hay que hacerlas públicas. Hacerle ver al susodicho que la cosa va en serio y puede llegar a los tribunales. Con todo y “prisión preventiva oficiosa”.

Lo más probable es que, a esas alturas, el líder de la oposición ya esté dispuesto a cooperar. Ya se logró el objetivo: la mayoría necesaria para aprobar la ley.

Es lo que hemos vivido en la Cámara de Diputados en los últimos meses. Algunos dirán que es la política real, aquí y en todos lados. Pero creo que se han sobrepasado ciertos límites. Y lo obvio: no solo el agredido sale manchado, también el agresor.

¿Qué calidad jurídica, política, ética, tendrá una ley aprobada con esa estrategia? ¿Qué consecuencias para sus protagonistas, tanto los que actuaron desde el poder como desde la oposición? ¿Qué consecuencias para nuestra vida pública?

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