De acuerdo con la información oficial de Banco de México (Banxico), nuestro país alcanzó récord histórico en la recepción de remesas familiares provenientes del extranjero. ¡Bravo! Como bien lo presumía nuestro Presidente en la mañanera a principios de este año, México es referente mundial en un indicador económico, lo que ignoraba es que en este caso no es un dato para presumir.
La razón detrás de este incremento es fundamentalmente el incremento en la migración de mexicanos al extranjero para buscar mejores condiciones de vida, empleos que les permita subsistir, certidumbre, y sobre todo seguridad en todos aspectos.
Más artículos del autor
Como podemos apreciar en la gráfica de Banxico es evidente el periodo de relativa estabilidad en el flujo de remesas exactamente la década de 2008 a 2018 por una sencilla razón: la migración de mexicanos al extranjero se mantuvo estable durante dicha década derivado de condiciones relativamente estables para permanecer en el país.
Durante el periodo enero–julio 2022 dichos ingresos ascendieron a 32,812 millones de dólares, un 16.4 por ciento más que en 2021. Para finales de año, se estima que este monto será aproximadamente de 58 mil millones de dólares. De acuerdo con estimaciones de Banco Mundial (BM) las remesas recibidas en el país representan aproximadamente un 4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Lo anterior, solo para contextualizar que las principales instituciones financieras internacionales han estimado un crecimiento del PIB para 2022 de alrededor de 1.5 por ciento y para 2023 hasta de 0.0% .
Con este escenario, recuerdo la opinión documentada del exsecretario de Hacienda, Carlos Urzúa, sobre la cancelación de Texcoco. No sé, comienzo a pensar en la factibilidad de la promesa documentada de los servicios de salud de Noruega o Dinamarca, del aeropuerto mas moderno del mundo, de un México sin corrupción, crecimiento económico del 5 por ciento anual, y la desaparición de más de 121 mil homicidios y feminicidios que llevamos en la actual administración federal. Lo anterior, sin contar el efecto del “pato cojo” (the lame duck) bien conocido que se presenta a finales de cada administración.
¿Usted qué opina? ¿Volvería a votar por la promesa de Disneylandia? O más bien, ¿daría un vistazo a los hechos, datos, cifras, no opiniones, que revelan una evidente incapacidad para gobernar?