A Jorge Vázquez, viejo periodista de fuste, que
guarda la buena costumbre de pagar el café
a periodistas
Los acontecimientos se alinean en favor de los partidos y candidatos de oposición. Es lo que vimos el sábado del fin de semana. Ese fue el otro gran mensaje, subrepticio, derivado, pero contundente.
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El tema tocó los nervios más ocultos de la política. Hasta el gobernador Miguel Barbosa se vio impelido a pronunciarse públicamente, y liarse en dimes y diretes con un personaje como Noroña. Reclutado justo para eso. Provocar.
No se conocen estudios de opinión pública (encuestas) sobre los eventuales aspirantes a gobernador. Tal vez porque se han cuidado de que los resultados no trasciendan más allá del círculo íntimo. Pero de que los hay, los hay.
El apresuramiento de unos e incomodidad de otros, puede ser síntoma de lo que arrojan esos estudios. Pero no lo sabemos de primera mano. La opinión pública es asunto reservado a quien dispone del dinero público para pagarla.
No sabemos, por ejemplo, el sentir de los ciudadanos respecto del buen o mal desempeño de Eduardo Rivera, el alcalde de la capital (particularmente ahora que las lluvias mataron a un menor por negligencia de sus directores, y no sabemos de las consecuencias).
Tampoco sabemos cómo es juzgado el gobernador Miguel Barbosa en estos tres años, y en general qué dice la gente sobre el partido Morena y su guerra intestina interminable.
Ya sabemos, por estudios nacionales, que una cosa es el cariño que la población le profesa a Andrés Manuel, como persona; y otra diferente es el juicio sobre su desempeño, gabinete y gobiernos de su partido.
Apostarle a una transfusión de popularidad, como la señora Rivera esperó infructuosamente que ocurriera en la capital el año pasado es, por decir lo menos, utópico.
Pero no lo sabemos; en política lo inesperado es la regla.
Veamos al respecto lo que dice la última encuesta de Buendía & Márquez (agosto 2022). Seis de cada diez aprueban al presidente López Obrador (un poco más, un poco menos); y uno de cada tres reprueba sus resultados de gobierno.
Esos resultados están en consonancia con el ingreso económico de las personas. A menor ingreso, mayor aprobación presidencial; y a mayor ingreso, menor popularidad. Esto es, a mayor pobreza, mayor popularidad de López Obrador.
Es de suponerse que en parte los datos están influidos (o determinados) por las transferencias en efectivos de los programas sociales hacia los grupos ubicados en los dos últimos deciles de la pirámide; pero también el impacto de las mañaneras y finalmente la cultura política.
O lo que la señora Zapata ha denominado con plasticidad insuperable: la cultura de los huevones. Personas y grupos que prefieren estirar la mano y consentir en todo lo que les sea mandado a cambio de las dádivas.
El dato duro, sin embargo, en esa misma encuesta, es que 4 de cada diez considera que el país va por mal camino, y que los proyectos obradoristas insignia no están dando los resultados prometidos. El 72 y 60 por ciento consideran que la inseguridad y la situación económica empeoran. Pero estos ya son datos muy intelectualizados, de “neoliberales”.
Puebla, hay que decirlo, se encuentra entre las cuatro o cinco entidades que concentra el porcentaje de pobreza, pobreza extrema, desigualdad y rezago social más altos disputando con Chiapas, Oaxaca y Guerrero. Luego entonces, sería un bastión seguro de Morena.
Son datos que acabarán determinando el estado emocional con el que los votantes acudan a las urnas a depositar su voto. En dos años, puede pasar todo, y nada.
Volvamos al principio. La presencia, primero, del secretario de Gobernación, Adán Augusto López en Puebla; y en seguida la concentración del sábado (con Mario Delgado), son señas inequívocas de que –finalmente– Puebla ha entrado en las prioridades nacionales, así sea por motivos político-electorales.
Dicho en otras palabras: ambos acontecimientos son indicativo de que el presidente López Obrador ya eligió gobernador para Puebla para el periodo 2024-2030. A su ver, el resto será meramente trámite administrativo, en el que la población conoce por su nombre al ungido.
Tanto el presidente Obrador, como el secretario Augusto López, y el presidente de Morena, todos a una, consideran prescindible ofrecer explicaciones a los poblanos sobre qué virtudes políticas y técnicas se eligió a quien tendrá en sus manos el destino de Puebla, en el otro sexenio.
Es lo que en los años setenta, don Daniel Cosío Villegas, denominó con el nombre de facultades metaconstitucionales del presidente de la República, en sus tres tomitos, publicados por Joaquín Mortiz. Hoy han retomado actualidad, y su relectura se torna indispensable.
De nuevo, los dioses se alinean en dirección de Alejandro Armenta y Eduardo Rivera (no hay más). Senador uno y alcalde el otro. A las calladas, el primero lleva la mayor ventaja sobre todos.
Es el que tiene experiencia de gobierno: alcalde, diputado, senador, dirigente de partido, funcionario de gabinete. Y lo que parece ser requisito inexcusable en Morena para aspirar a un cargo de elección: proviene del PRI.
Armenta es hueso duro de roer. Hasta donde se sabe, nunca ha perdido una. Tiene en sus haberes haber derrotado a Moreno Valle en las elecciones de 2018. Y, por favor, no salgan con el discurso que fue el efecto de López Obrador.
Eduardo Rivera tiene el mejor trampolín de todos: la vitrina de la alcaldía. Y 16 mil millones de pesos en las arcas municipales, correspondientes al presupuesto del trienio; pero está rodeado de incompetentes, soberbios y clasistas, y cual más fajado con cuchillo.
Tiene además en su contra un PAN en proceso acelerado de perredización, acechado por sus tribus y rituales de sangre. La dirigencia estatal ha terminado opacada por la misma Genoveva Huerta, pues ha resultado más habilidosa que los nuevos.
También milita en su contra una comunicación social que se regodea en las redes sociales mostrando las pizzas y las comilonas en la oficina, y no en comunicar los logros, en caso de tenerlos. O es posible que las pizzas y las comilonas, y la denuncia de cucarachas halladas en la comida, tengan el fin de llenar los huecos de la inacción.
¿Qué quién ganará en esta pelea?
Creo que no es ésta la primera vez en la que el señor Miguel Barbosa sale avante. Ya lo hizo una vez, y la verdad, ganó Puebla. Hablo de la ciudad. ¡Y vaya que la derrotada presumía de su cercanía con el presidente López Obrador!, y con la Señora, y de sus relaciones con la cúpula del partido Morena (pero aún así, y como digo, la popularidad no se transmite por ósmosis). Aún así, la mandó a su casa.
Chayo News
En las redes sociales se están pidiendo la renuncia del director de Ecología del ayuntamiento de la capital por la muerte de un niño de doce años en el Centro Histórico a causa de la caída de un árbol, producto de la negligencia de las autoridades del ramo, pues omitieron tomar acciones de prevención, en época de lluvias y amenaza de nortes. Esa petición-reclamo anda en redes sociales.
En lo personal, me parece que quien debe renunciar es el coordinador general de IMPLAN, un tal Daniel Tapia. Un personaje incompetente en las tareas que en mala hora le fueron asignadas, pues carece de la capacidad técnica e intelectual para desempeñarlas. Supongo que su nombramiento es un compromiso de campaña, a cambio de sepa Dios qué. Además, se da el lujo de desairar las instrucciones del alcalde.
Lo cierto es que esos compromisos ya costaron la primera vida humana. A la incompetencia del mentado Tapia se suma sus arrebatos de petulancia y un clasismo de los primeros años de la Conquista, del que se vale para reafirmar su autoridad sobre un puesto para el que no está calificado.
Quiero decir que oculta su ineptitud haciéndose el ocupado las 24 horas del día. Alguna vez, cuando le propuse un proyecto sobre población indígena en la capital, se horrorizó: “¡indios en la ciudad!, ¡cómo crees!” El caso fue que cuando el tema le resultó insoportable, se puso de pie y decretó: “Yo sólo tomo decisiones si otros gobiernos de capitales panistas ya lo hicieron”. Mencioné el nombre de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas: “¡cómo, Chiapas!”, espetó. Seguramente le vinieron a la cabeza imágenes de indios embozados, armados con escopetas de palo. “Yo hablo, -siguió-, de ciudades grandes como Monterrey; si no, no”. Y no, no obstante que yo me encontré con él por indicaciones del alcalde.