Opinión

Sangre en el templo

Jueves, Junio 23, 2022
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Se profundiza la descomposición social cuando las reglas no escritas se rompen
Sociólogo y Maestro en Administración Pública. Ha laborado en el gobierno federal y gobiernos locales en áreas de seguridad, gobierno y salud. Ha sido profesor en: UDLAP, IMIDECIP, Instituto Técnico de Formación Policial de la CDMX y en el INAP.
Sangre en el templo

Nos hemos enterado por diversos medios de los asesinatos de varias personas, entre ellas los sacerdotes de la Tarahumara y también, conocemos las condenas públicas ante lo sucedido.

Hace algunos años caminando por la sierra chihuahuense al observar el fondo de la Cascada de Basaseachi se veía como que un perro se movía lentamente, al comentarlo quien nos acompañaba me dijo: no es un perro, es una vaca, ve que su movimiento es lento; lo que me llevó a pensar que es tal la profundidad ahí que no se dimensiona bien lo que se ve.

Eso mismo sucede con la violencia reciente en esa zona y en otras latitudes del territorio nacional: no alcanzamos a ver la dimensión de lo que ha pasado; por ello van algunas reflexiones:

La orden sacerdotal.- Peores cosas les ha sucedido en México y han resistido; ellos seguirán ahí y en otras partes del país, es más grande su convicción que los problemas acontecidos.

El impacto.- La violencia campea, nuestro país se ve como tierra de nadie, o mas bien, como tierra de impunidad de la delincuencia organizada. No olvidemos que México es el segundo país con más población católica en el mundo.

La impunidad.- Una cosa es hacer justicia en un caso concreto, que es lo que vendrá más adelante si ello es posible, otra es que la escasez de ella prosiga en el país y entonces se preguntarán, ¿cuántas víctimas indirectas esperan justicia para sus familiares asesinados?

El Estado.- Homicidios sin hacer justicia, desaparecidos sin acción resolutoria del gobierno y cadáveres por ser identificados y reclamados, son la fiel muestra de la abdicación del deber.

Antes se decía: “con la familia no hay que meterse”, ahora esa regla no escrita se ha roto; antes se decía: “los templos son sagrados”, hoy esa regla está rota.

No se trata ya de leyes, el propósito deberá ser el de restablecer la convivencia; la sociedad en su conjunto tiene la palabra para ello, porque un brazo del Estado está extraviado.

En palabras de Marcola, jefe de la banda carcelaria de Sao Paulo denominada Primer Comando de la Capital (PCC):

“... Está delante de una especie de post miseria. Eso. La post miseria genera una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet, armas modernas. Es la mierda con chips, con megabytes. Mis comandados son una mutación de la especie social. Son hongos de un gran error sucio”.

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