Actualmente la participación de la mujer en el ámbito laboral es relevante. Crea, opina, delega y contribuye en espacios educativos y políticos que están a su alcance. Hoy tenemos a profesionistas, como doctoras, arquitectas, abogadas, maestras, escritoras, biólogas, artistas y pintoras que expresan en sus cuadros contextos sociales y políticos o simplemente un cúmulo de emociones.
Hace apenas unas décadas no podríamos imaginar el papel que tendría la participación de la mujer en distintos espacios de la vida pública y privada, sobre todo, ser reconocida en la sociedad. Asimismo, podemos decir que su labor no se inclina únicamente en ser gestora, trabajar en una escuela o ser policía, sino que también podemos encontrarla dirigiendo fundaciones o realizando labor humanitaria.
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Nos hemos percatado que la mujer del siglo XXI no está encargada únicamente del hogar, de los hijos, sino también podemos observar su desempeño en la oficina o planeando emprender un nuevo negocio.
Por esa razón, en las calles encontramos puestos de tacos de canasta, de tortas, tamales, jugos, frutas, donde muchos pasan a deleitarse el paladar para probar los ricos antojitos de “doña Anita”. Jóvenes al regreso de la escuela prueban los dulces que vende “María”. En cada calle, no falta un puesto de verduras, una estética, una panadería, o una taxista que desempeña su trabajo, ya no pensando en el que dirán, sino más bien porque el contexto social y económico le exigen buscar otras posibilidades de sustento.
En esta situación, hay quienes piensan que al terminar los estudios universitarios obtendrán un trabajo acorde con un salario justo; sin embargo, muchas mujeres no están ejerciendo la profesión que estudiaron. Por lo tanto, las vemos en otras disciplinas desempeñando múltiples tareas.
En los últimos meses se ha observado en las redes sociales y en las calles la preocupación y el miedo que enfrentan algunas al salir de casa, de la escuela o el trabajo, debido a la inseguridad que se vive en el país. Mujeres casadas, madres solteras, preparatorianas, universitarias son algunas voces que se han manifestado para que el gobierno atienda la ola de inseguridad que persiste. A pesar del diario vivir, muchas mujeres se encuentran molestas; frustradas no creen en la justicia, no piensan que el gobierno tenga como prioridad atender esta problemática que no es precisamente de meses, sino de años, una cuestión social y política que le ha costado la vida de muchas mujeres, su libertad, así como también el poder estar en todos los ámbitos sin ser señalada o juzgada, algo que difícilmente ha podido sobrellevar.
Es la historia quien la ha colocado en distintos proyectos, por eso en la actualidad al abrirse a nuevos caminos y retos le ha imposibilitado poder desempeñarse con libertad, con autoridad. De ser considerada la persona indicada en el periodo porfiriano para dar clases a niños y niñas por su carácter de dulzura y amor, hoy podemos decir que ha cambiado; sus intereses son otros, sus decisiones ya no están inclinadas en quedarse únicamente en casa, sino más bien en buscar formas de sustento para el hogar, o simplemente porque tiene objetivos y metas que lograr.