Opinión

La función de la política antidrogas

Jueves, Junio 16, 2022
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El combate a las drogas tiene una función política que incrementa el poder de las élites en el mundo
Periodista por la UNAM, maestro por la UAEM y doctor en Ciencias por el Colegio de Postgraduados-Campus Puebla. Es profesor del Doctorado en Ciencias Sociales de la UATx y Coeditor de la revista científica Symbolum de la Facultad de Trabajo Social, Sociología y Psicología.
La función de la política antidrogas

Se cree que las drogas se consumen individualmente, dañan física y mentalmente a las personas que lo hacen y, además, generan conflictos entre naciones. Estas últimas, se organizan para combatir sus efectos. Sin embargo, su combate tiene una función política por increíble que parezca. Incrementar el poder de las élites que delinean el mundo, las naciones, regiones o espacios más pequeños, pero siempre vinculados con el control social. Existe un entramado internacional del que participan gobiernos de naciones europeas y EU así como negocios de las farmacéuticas que se esfuerza por controlar y someter todo a sus designios.

En el Código Penal de 1871 de la ciudad de México existía una norma que regulaba la producción y distribución de ciertas sustancias, entre ellas los alimentos, con el fin de evitar su adulteración. No existían los términos como el de drogas, estupefacientes, psicotrópicos, narcóticos. Se utilizaba la palabra de “sustancias nocivas para la salud”. Algunos de las sustancias que ahora se criminalizan en el pasado se consumían sin ningún tipo de restricciones, aval que otorgaban algunas farmacéuticas de la época y que ahora es imposible: opio, cocaína, morfina, heroína, marihuana (José Schievenini, La prohibición de las drogas en México 1912-1929, 2013, Urvio).

En 1912 se realiza la Convención de La Haya. Participa el gobierno mexicano y firma el acuerdo que inicia el proceso de regulación de sustancias como el opio. El gobierno de aquel entonces era el de Francisco I. Madero. EU presionó a Carranza para reconocer acuerdos. En 1920, A. de la Huerta, para proteger la degeneración de la “raza”, emitió decretos que prohibieron opio, heroína y morfina. De la salud se pasó a la raza, el positivismo confundía bajos ingresos con maldad. En 1925 se celebra la Convención de Ginebra: se transita de sustancias a estupefacientes. En 1926 y 1931, se modifica el Código en México: cocaína, morfina, opio, marihuana pasan a ser “drogas enervantes” (Schivaenini).

Lázaro Cárdenas priorizó la salud sobre la prohibición y tuvo éxito. “En 1939, México defendió esta política en la XXII Sesión de la Comisión Asesora sobre Tráfico de Opio y otras Drogas Peligrosas, en Ginebra ... la nueva regulación estaba respaldada por estudios científicos que habían sido llevados a cabo por expertos, tanto desde el punto de vista médico como jurídico. La delegación de los Estados Unidos … (argumentó) que resultaría en un aumento incontrolable del tráfico ilícito y del contrabando de drogas hacia ese país … Debido a la presión tanto del gobierno de los E.U.A. como de las compañías farmacéuticas de ese país, México retomó la política prohibicionista…” (Zedillo, Pérez, Marazo y Alonso, en La política de drogas en México: causa de una tragedia nacional, 2019). En 1940 la cura se convierte en “delito contra la salud” y en 1947 se criminaliza.

Durante los próximos 20 años, hasta 1970, se aprecia un endurecimiento de las normas que responden a intereses el exterior. Queda como antecedente las expresiones de funcionarios mexicanos en instancias internacionales en donde llegaron a expresar que si no fuera por las presiones internacionales en México el problema de la droga no existiría. Y esto es verdad, durante la parte más importantes de la historia de México es un fenómeno inexistente debido a que no obstante un consumo mínimo de las sustancias en cuestión, en general el término de “droga” como ahora se le conoce era totalmente desconocido y de igual manera la parafernalia que se creó para combatir ese fenómeno sobre todo después de la posguerra.

En 1970 el presidente de EU decide iniciar una guerra contra el consumo de drogas al interior de su país, como una medida para revertir el desprestigio que arrastraba el gobierno por haber invadido Vietnam y en donde saldría luego de una humillante derrota. Una década después Ronald Reagan decide que el problema de las drogas no es interno sino externo, de oferta. Decide desarrollar una política hacia las naciones andinas latinoamericanas con el deseo aparente de detener el traslado de droga a su territorio. Lo anterior, a pesar de que estudiosos del tema expresaron que el problema era interno porque si EU evitaba que su población consumiera droga el problema estaba resuelto y las demás naciones nada tenían que ver (Roberto Zepeda y Jonathan Rosen, en La guerra contra el narcotráfico en México: una guerra perdida. Reflexiones, núm. 94).

En realidad como ha apuntado John Saxe Fernández, la guerra fue un pretexto para intervenir en las políticas de seguridad de otras naciones de Latinoamérica. De igual manera, se debe precisar lo siguiente: recordemos que el año de 1970 fue un periodo de inflexión en el mundo bipolar. Estados Unidos y las élites europeas determinaron dejar de dar concesiones a los grupos sociales, la clase obrera principalmente, a través del modelo del “Estado de bienestar” que tuvo como propósito evitar que la población que quedó en territorio occidental mirara con buenos ojos el experimento soviético y decidiera emularlo. El nacimiento del modelo de economía neoliberal surgió en esta época y EU e Inglaterra lo encabezaron.

1970 es el punto de inflexión para las élites en el mundo ya que inician un conjunto de estrategias para recuperar su hegemonía. Se concretiza en 1980 cuando Reagan y Thatcher (empleados de las élites mundiales y las multinacionales) deciden imponer un modelo de economía que regrese a los empresarios e imperios las ganancias. Para ese propósito requieren de una fuerza expandida a nivel mundial que facilite la labor de contención social que traerá como consecuencia la imposición del modelo de economía neoliberal. La coartada la tienen a la mano pues desde principios de siglo tanto las élites europeas como después las estadounidenses habían venido creando condiciones favorables con ese propósito: las drogas.

En 2006 con el fin de legitimarse, luego de su derrota electoral, Felipe Calderón decide iniciar una guerra contra el narcotráfico, emulando a las fuerzas que en el mundo estaban pidiendo eso precisamente de los gobiernos locales, que sometieran a los pueblos con el pretexto de las drogas, que hicieran crecer la espiral de violencia y de poder. Crear un ambiente de temor favorable al mercado. Catalizar el incremento de la violencia local que facilitara desarticular la vida social e imponer el ultraje al pueblo. El combate a las drogas, en México, el pretexto de las naciones centrales para invadir y debilitar a los pueblos terminó en una alianza entre los narcos y el gobierno federal.

Conforme a la ONU “por crimen organizado debe entenderse … actividades delictivas complejas, que llevan en gran escala organizaciones u otros grupos estructurados y que consiste en crear, mantener y explotar mercados y bienes y servicios ilegales, con la finalidad de obtener beneficios económicos y obtener poder” ... En la actualidad (son) empresas locales, nacionales y transnacionales, así como de actividades diversificadas … tráfico de drogas, de obras de arte, de automóviles; también se extiende a otras acciones ilícitas, como la prostitución o la falsificación ... la trata de personas, el lavado de dinero, el tráfico de animales en peligro de extinción, el de obras arqueológicas, el de armas, y un largo etcétera. (Guillermo Núñez y Claudia Espinoza, 2017. El narcotráfico como dispositivo de poder sexo-genérico: crimen organizado, masculinidad y teoría queerRevista interdisciplinaria de estudios de género de El Colegio de México).

No existe la guerra contra las drogas, son guerras para invadir y violentar. Las guerras han sido un fracaso. Quienes tratan romper, como ahora Obrador, con esa trama de poder y muerte, son mal vistos por las élites. Quienes se beneficiaron de la lucha contra el narco le llaman a AMLO “aliado del narco”, vaya tontería.

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