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OPINIÓN

El atardecer de AMLO

Los saldos de un gobierno que interviene de espaldas a la legalidad, la gente y la razón

Ociel Mora

Es vicepresidente de Perspectivas Interdisciplinarias, A. C. (www.pired.org), organización civil con trabajo académico y de desarrollo económico de grupos vulnerables; y promotora de acciones vinculadas con la cultura comunitaria indígena y popular. Su línea de interés es la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla.

Miércoles, Junio 1, 2022

En el número de la revista Nexos correspondiente al mes de junio, su director y periodista, Héctor Aguilar Camín acomete el balance de la primera mitad de gobierno del presidente López Obrador, en un ensayo de título que evoca un final de frustraciones sucesivas: El otoño del presidente.

En el concepto del historiador, AMLO es un presidente poderoso, muy poderoso en comparación con quienes le precedieron en la etapa de democracia mexicana. Aclara que el suyo “es un poder que en realidad no sabe hacia dónde se dirige”. Un poder extraviado, a la deriva, desaprovechado para hacer el bien nacional (creo yo).

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El autor de Plagio ve mucha incomprensión del Presidente sobre el país que le tocó gobernar; no obstante tratarse de quien hace gala de conocer todos sus rincones. Nadie como él para ranchar. No entiende a México, su complejidad, riqueza, diversidad ni las redes que lo unen con el mundo. Echarse a los pueblos no es entenderlos en sus complejidades.

(Uno de sus mayores panegiristas, el antropólogo Héctor Díaz-Polanco, habló del presidente inaugurador del “trabajo de campo”. Un concepto tomado de la etnografía, referido a los especialistas que se establecen en una comunidad por temporadas con el fin de entender y explicar sus procesos internos).

Dice que López Obrador es un presidente “prisionero de sus ideas”. Y de sus obsesiones, digo yo. Eso de salir en defensa airada de las dictaduras siniestras de la región frente al mayor socio comercial, Estados Unidos, sencillamente no cuadra en una cabeza con dos dedos de razón (esto también lo pongo yo). Salvo que en un acto deliberado se nos quiera llevar al despeñadero económico.

Tampoco entiende los entresijos de “la pobreza y la desigualdad, que intenta corregir con caridades de iglesia, repartiendo dinero en efectivo. Nada de alguna importancia ha tomado el lugar de lo que destruyó, y poco tiene que ofrecer rumbo al final de su gobierno, aparte de nombrar a quien quiere que lo suceda y hacerlo ganar para volverlo su marioneta, ordinario sueño de tantos presidentes de México”.

Dice que a esta hora ya nos mostró “todos sus trucos” y el peor de sus dones: “destruir lo que no entiende”. Afirma que en nada ha sido tan efectivo como en “desbaratar lo (bueno) que heredó”. Pensando en suplirlo con una transformación histórica, hija de una confusa epopeya, “construida en su cabeza como un bloque de hormigón armado con los clichés de los libros de texto gratuitos de su escuela primaria o quizá sólo de su escuela primaria”.

(Mucho de lo bueno de este país está en riesgo como lo demuestra la reforma electoral aprobada en la Ciudad de México, encabezada por unos de los valedores de las dictaduras del continente: Héctor Díaz-Polanco, un personaje que ni siquiera fue votado en las urnas. Casualidades: la reforma desaparece las áreas responsables de fiscalización de recursos a partidos, equidad de género y derechos humanos, con el manido argumento de la austeridad).

Vuelvo con Aguilar Camín: “La llamada Cuarta Transformación, resultó una quimera, una estela de escombros sobre los cuales no se ha construido nada. El presidente ha zarandeado al país, lo ha irritado, lo ha dividido, le ha impuesto su figura y su palabra, pero no lo ha transformado, salvo que destruir sea transformar”.

Concluye que “las sociedades reformistas han sido al final más transformadoras” que las revolucionarias y los cambios radicales; y que finalmente “es mucho más fácil prometer grandes cambios que hacerlos”

Recuerda que el manejo de la pandemia de López Obrador fue uno de los peores del mundo, con una cantidad de muertes en exceso del orden de las 650 000 personas al empezar 2022, una de las más altas del planeta. Japón, con la misma población que México, tuvo 29 000 muertes durante la pandemia.

Ahora sabemos que la mala gestión nos ha llevado a reducir en cuatro años la esperanza de vida. Son los saldos de un gobierno que interviene de espaldas a la legalidad, la gente y la razón.

Aquí se puede consultar íntegro el texto https://www.nexos.com.mx/?p=68118

Chayo News
Ya sé que me haré acreedor a muchos epítetos por glosar a un autor que goza de mala reputación en el sector duro de los seguidores del Presidente, no por su obra intelectual, sino por su pasado salinista.

Octavio Paz dijo que estaba al frente de una camarilla que se apoderaba de las “instituciones vitales de la cultura nacional”, en aquella disputa de capillas, motivada porque el Nobel fue excluido, o invitado de última hora, a un congreso organizado por la revista Nexos, CONACULTA y la UNAM.

El funcionario cultural de mayor rango, Víctor Flores Olea, fue cesado cuando el poeta escribió La conjura de los letrados.

En Puebla se dice que Héctor Aguilar Camín fue un intelectual privilegiado con Carlos Salinas. Por ejemplo, se cree que fue agraciado con el otorgamiento de una concesión de radio, cuando la radio era el segundo medio de comunicación más poderoso en el país, y uno de los bienes públicos más cotizados.

También se dice que estuvo en el papel que ahora tiene un tal Marx, en la fábrica de los libros de texto. Como ahora, entonces también fue un motivo de una gran cruzada en los medios.

Ignoro el grado de los privilegios, en caso de ser cierto, pero sus argumentos como comentarista del día-a-día, son irrefutables. Eso me parece.

Sin ser un consuetudinario lector suyo, juzgo que su nombre es inevitable en el paisaje de la cultura nacional liberal. Tres títulos de prueba. La frontera nómada, un trabajo de fuste académico, publicado por Siglo XXI; otro que viene como anillo al dedo en esta coyuntura: Pensando en la izquierda en el Fondo de Cultura Económica, una monografía demoledora; y para quienes son movidos por el morbo respecto de AMLO, Nocturno de la democracia mexicana, en Debate.

Los intelectuales de la Cuarta Te, que los hay y hacen gala de serlo –allí están los moneros–, rehúyen discutir con el director de una de las dos revistas de mayor prestigio que se imprimen en el país.

Ahora menos que nunca es preciso la voz de los hombres de cultura, como calificó Bobbio a los intelectuales. Por primera vez la democracia esta en riesgo de perder lo ganado, para darle paso a las experiencias más nefastas de la región y del mundo.

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