En México ser mujer significa que “calladita te vez más bonita”. En México si eres exitosa en el trabajo “seguramente te acuestas con el jefe o con algún hombre poderoso”; en este país si exiges tus derechos o pides justicia “estás loca”, “eres una vieja perra” o “seguramente estás en tus días”; si una persona es cobarde “parece vieja” o le dirán “no seas nena”; en una competencia se dice “vieja el último” porque quien pierda, vivirá la vergüenza de ser mujer; si te violan, es porque “no te das a respetar, porque el hombre llega hasta donde la mujer lo permite”, porque “vistes de forma provocativa” o porque “sales de copas y andas de borracha”; si desapareces, seguramente “huiste con el novio”; si tu pareja te golpea o te violenta, eres una pendeja por no dejarlo o denunciarlo. En este país, si te matan es porque “¿quién sabe con quién te metiste? o ¿en qué malos pasos andabas?
En México, según datos de la ONU se cometen 11 feminicidios diarios; 2021 rompió el máximo histórico en delitos de violación al acumular 21,188 denuncias. Según cifras de la Secretaría de Gobernación, 23 estados tienen Alerta por Violencia de feminicida y desaparición de mujeres y niñas. Según la Red Nacional del Refugios, cada hora, en promedio, una mujer pide apoyo a un refugio por situaciones de violencia; en 2021, 885 mujeres que solicitaron ayuda a instituciones gubernamentales no fueron escuchadas.
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Y estos datos que he escuchado en muchas ocasiones, en conferencias, en cursos, los días 25 de cada mes cambiaron su significado cuando el sábado 21 de mayo, mientras esperaba a Ceci para celebrar el cumpleaños de mi hija, me comunicaron que la mataron, que dos individuos en una motocicleta la ejecutaron, que ya no iba a llegar a la fiesta donde planeamos platicar, actualizarnos en los eternos “ya te contaré”; en esa fiesta en la que, por fin, nuestros hijos se conocerían. Porque para muchas personas se perdió una activista, una luchadora feminista, una mujer valiente, una gran abogada, sin embargo, otras perdimos una amiga con la que se podía reír a carcajadas, una mujer sincera, valiente sin pelos en la lengua, una amiga que, así como te decía te amo, también de manera directa te confrontaba y argumentaba sus ideas de manera inteligente y con conocimiento firme. Por eso, la noche del 27 de noviembre de 2020, le llamé y le dije:
Manaaaaa! Quiero hacerte una propuesta
Respondió: Dos
No, solo unaaaa (reímos), entonces pregunté: ¿Y siiii grabamos un podcast? Ya tengo el nombre se llamará “Política en Femenino”, pero sin ti no me lo aviento, te necesito para que hablemos sin miedo, con argumentos por mi parte académicos, por el tuyo políticos y feministas para que así como en privado hablamos de política, mostremos cómo somos capaces de conciliar nuestras diferencias y que las personas sepan que no se tiene que pensar igual para hacer política.
Respondió de inmediato: Síííí, está de pelos, me encanta la idea; y comenzamos a definir pormenores del programa.
Así comenzaron casi dos años de conversaciones semanales, de un desastre para conciliar agendas, de planes para ampliar el proyecto, de una pandemia que no nos permitía vernos físicamente, pero que desde este proyecto se fortalecía nuestra amistad y sentido de manada.
La Monzón eligió ser mujer en este país, y digo eligió porque muchas veces le pregunté, ¿qué haces acá? Vete a España, a lo que me decía: “ay mira, quién lo dice, ¿tú porque no te quedaste allá? Como era costumbre tenía razón. Pero ser mujer en este país implica todos esos datos que parecen lejanos; hasta que las que queremos se vuelven parte de esas cifras, hasta que estás en una marcha exigiendo justicia y, semana a semana no dejan de desaparecer mujeres y aparecer muertas, hasta que una tarde te encuentras escribiendo una columna en memoria de Cecilia Monzón.
Hoy Ceci no está en este plano, pero deja un legado muy profundo en muchas vidas. Se apagó una boca llena de razón, de verdad y franqueza; ella fue siempre un huracán, jamás pasó desapercibida, incluso al morir mostró toda esa fuerza que ella tenía y representaba. Ojalá este huracán despierte conciencias, ojalá no sea una más. Ojalá esta deje de ser la realidad de ser mujer en México y no nos falte una más, en vano.