Opinión

La tarea necesaria para las y los maestros

Jueves, Mayo 19, 2022
Leer más sobre María Teresa Galicia Cordero
Un maestro nunca deja de aprender dentro de un proceso constante en y para la práctica profesional
Doctora en Educación. Consultora internacional en proyectos formativos, investigadora social, formadora de docentes e impulsora permanente de procesos de construcción de ciudadanía con organizaciones sociales. Diseñadora y asesora de cursos, talleres y diplomados presenciales y en línea. Articulista en diferentes medios.
La tarea necesaria para las y los maestros

Se sigue hablando de las y los maestros porque se fija una fecha para reconocerles. Las redes sociales, los medios y los comentarios sociales siguen mencionando el tema, aunque en realidad, poco se hace para valorar su trabajo.

Como lo escribió Pablo Latapí Sarre: “ser maestro tiene, como la Luna su cara luminosa y su cara oscura. En la vida casi todo es así; no hay nada tan malo que no tenga algo de bueno y al revés. Lo que importa es ser consciente de todo, luces y sombras, para que nada nos tome desprevenidos y sobre aviso no haya engaño” (Latapí, 2003).

Y tomando en cuenta esa luces y sombras, es necesario reflexionar de manera permanente sobre las propias prácticas, tomando en cuenta que un maestro nunca deja de aprender dentro de un proceso constante en y para la práctica profesional; de ahí en insistir en la necesidad de poner el acento en las posibles deficiencias en la formación y actualización del maestro, tomando en cuenta que lo que les distingue es lo que aprenden, y lo que enseñan.

Dentro de los programas sectoriales de la Secretaría de Educación Pública siempre aparecen en mayor o menor grado e importancia la formación y actualización del magisterio, especialmente porque los espacios que debieran ser netamente formativos, se convierten en instrucciones de la autoridad en turno y poco o casi nada   se reflexiona sobre las prácticas y estrategias basadas en procesos reflexivos, de manera individual y colectiva.  

La investigación educativa ha buscado a través de diversas teorías, metodologías y acercamientos, descubrir dónde, cuándo, cómo aprenden los maestros y en qué condiciones, porque es un hecho que las y los docentes también tienen sus propias necesidades de aprendizajes. Uno de los ejes articuladores que van ganando espacio en los últimos años, es que se aprende a partir de las experiencias. Del cómo y qué se enseña en el día a día, enfrentando los desafíos que las propias prácticas generan, es decir, resignificando las experiencias.

Enfrentar los desafíos desde la reflexividad docente da sentido a lo que se hace, situándolo como profesional practico-reflexivo a partir de ciertas interrogantes, especialmente porque ¿están realmente consciente de las acciones cotidianas que realiza en sus actividades con sus alumnos y alumnas incluyendo la planificación y la evaluación? El primer paso tendría que ser el preguntarse qué se hace y cómo se hace, para analizar primero de manera personal tomando en cuenta sus dudas, miedos, objetivos y deseos para después dialogarlo con sus pares, fundamental en los espacios de formación.

Lo anterior parte de hacer cambios en los paradigmas educativos y las formas habituales de enseñar, de aprender y de comunicarse; sin embargo esto que se menciona fácil, es sumamente complejo,  porque la manera en la que se han formado las y los profesionales de la educación a lo largo de su vida, lo convierte en una tarea compleja de concretar porque  la práctica encierra muchas veces, situaciones en las  que la teoría no encaja, y por tanto, hay que resolverlas en el momento dentro de la  construcción del conocimiento practico- docente. La experimentación en el aula lo determina y ahí es donde se refuerzan o se derriban ciertas creencias, necesarias para la construcción de saberes, que les permitan analizar críticamente, su actuación pedagógica.

Resignificar las experiencias relacionadas con las prácticas implica que lo que se dice, lo que se enseña y cómo se enseña es el paso necesario para mejorar sus prácticas además de dialogarlas con sus pares. Sin duda, no existe garantía de que las experiencias subjetivas de cada quien sean idénticas a las de los demás, pero dentro del amplio espectro que implica educar, es posible encontrar puntos en común sobre los cuales sea posible dialogar.  

Y ante la riqueza de las experiencias, considero necesario voltear la mirada hacia las docentes, hacia las madres maestras, porque en la vida de cada una de ellas se podría resumir buena parte de la historia no contada de nuestra sociedad, ya que sus prácticas pedagógicas y de vida contienen una riqueza que muchas veces no se valora, puesto que socialmente es común escuchar “maestro “o “los maestros”.

No se toma   en cuenta que la docencia como profesión es un espacio en el cual existe una mayor presencia femenina, especialmente en educación básica,  por lo que sus experiencias docentes requieren ser visibilizadas porque las múltiples interpretaciones de sus experiencias, implican un  complejo proceso creativo donde al mismo tiempo que transforman sus prácticas docentes, enfrentan la conciliación entre su vida profesional y privada, la atención a la casa y a la familia, ciertos estereotipos de género, así como  motivaciones y problemáticas específicas que impactan  en su vida personal y profesional. 

La tarea necesaria enfrenta retos que a veces implica caminar a contracorriente, intentando contrarrestar las visiones institucionales hegemónicas que se resisten a cambiar, sin embargo, hay caminos posibles de construir, con el trabajo decisivo de las y los maestros, que hacen la diferencia en muchas comunidades en nuestro país. Recordemos que ser maestra o maestro, es más que una profesión, es un estilo de vida

Referencias
Latapí Sarre, Pablo (2003). ¿Cómo aprenden los maestros? 1ª Ed. Secretaría de Educación Pública, México.

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