Opinión

Otra vez el campo

Miércoles, Mayo 18, 2022
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Ante un campo abandonado, el Presidente anuncia la nueva ruralización ante la crisis alimentaria
Es vicepresidente de Perspectivas Interdisciplinarias, A. C. (www.pired.org), organización civil con trabajo académico y de desarrollo económico de grupos vulnerables; y promotora de acciones vinculadas con la cultura comunitaria indígena y popular. Su línea de interés es la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla.
Otra vez el campo

Pahuatlán, Pue. Bajé a la Sierra por pendientes. En el imaginario, la Sierra es altura, y se le remonta. Pero en los hechos la relación tiene sus variantes. Los de Pahuatlán dicen que suben cuando vienen a la ciudad de Puebla; y estando aquí, bajan a su pueblo. Venir de la Sierra a Puebla es bajar, pues el pueblito del que les hablo se encuentra seiscientos metros debajo de la ciudad capital. Pero ese no es el tema. Sino la antiquísima agricultura tradicional de indígenas y campesinos… sin campesinos. Esto es, la agricultura de temporal ha dejado de ser la base de la economía local, como se encuentra debidamente documentado en un libro Ruralidad sin agricultura de Patricia Arias de El Colegio de México.

Una de las razones es el deliberado abandono del campo por el Estado mexicano y meterlo a las leyes despiadadas del mercado en condiciones de desventaja. Creo que aquí se encuentra la sustancia de la nueva ruralización anunciada por el presidente López Obrador ante la crisis alimentaria que ya tiene sus primeras manifestaciones. Como siempre, los más afectados son los afectados de toda la vida: los que viven en pobreza, y en México los que viven en pobreza, y pobreza extrema, son los indios y campesinos, en el campo o en la ciudad.

Pahuatlán sigue figurando como un municipio eminentemente rural de acuerdo con las estadísticas y los informes oficiales, con sus tres corredores poblacionales bien delimitados: los nahuas, los otomíes y los mestizos. Pero con esa particularidad paradójica de la modernidad, que caracteriza a todo el campo mexicano: un municipio rural sin actividades rurales. Los antiguos trabajadores de la tierra, que sembraban maíz, frijol, calabazas, hortalizas, cacahuate para la subsistencia (los pocos excedentes se quedaban en la propia comunidad o a lo mucho llegaba el día de plaza a la cabecera); o incluso aquellos campesinos afortunados, dueños de algún par de hectáreas, antaño esmerados en el cultivo de café, ahora se dedican a lo que los economistas denominan sector terciario o de servicios. Andan de taxistas piratas, vendedores de golosinas en las puertas de la casa de tablas, choferes, vendedores de paletas de hielo de puerta en puerta, comerciantes de recargas de celular a domicilio, galleros de feria, artesanos, servicios de computadora e internet, políticos, dirigentes de sectas, floristas (se organizan cuadrillas de hasta quince personas, se van a la ciudad de México, compran grandes cantidades de flor y de allí toman rumbo a los estados del norte a ponerla al alcance de los compradores individuales; no obstante que la región favorece su cultivo), pastores evangélicos y cristianos, licenciados y entusiastas activistas de partidos políticos, embaucadores, limpiadores de almas, migrantes y receptores de remesas, en particular receptores de remesas. En Pahuatlán los campesinos son todo lo que se quiera menos campesinos. Uno de los mejores trabajos al respecto, precursor en su género, lo escribió la antropóloga Libertad Mora, investigadora de la BUAP, Nueva ruralidad en la huasteca poblana, otomíes y nahuas de Pahuatlán, publicado por el Colegio de Michoacán en 2018.

De bajada de la cima de uno de los cerros más altos, famoso por sus conversaciones con su vecino de enfrente sobre la fatalidad que acecha a la raza humana, me topo con un par de ancianos en su barbecho, una costra de ladera, cuyo perímetro no roza la media hectárea. Los supongo marido y mujer. Tienen una coa, el antiguo apero de siembra introducido durante los primeros años de la Colonia. El castellano de él es fluido. Ella sólo mira. No saben su edad, sospechan que van con el siglo. “No éste, el otro”. A esta hora el sol se deja venir inclemente. Estamos a unos cuantos metros de las pinturas. Sobre una pendiente de entre los setenta y ochenta grados. Los arqueólogos del INAH no han podido determinar la edad de las pinturas; pero las califican como el registro humano más antigua en la región. Este par de ancianos sembró milpa y unos tomates pero se los tragó el sol.

La crisis alimentaria toca la puerta. No viene de ahora, sino de años atrás, pero se agudizó con el cambio climático. La pandemia de Covid-19 y la crisis suscitada por la invasión de Rusia a Ucrania. La economía del pueblo más remoto del planeta está supeditada a lo que ocurre en los grandes centros de poder económico y político. La Sierra no tendría por qué ser la excepción, y sustraerse al incremento de precios. Ya lo sabemos, las cadenas de suministro internacionales fueron interrumpidas. Los insumos de la agricultura mexicana no se producen en México sino, ¡quién lo dijera!, en la Unión Soviética y Ucrania. El mundo está en suspenso por la invasión del primero al segundo. Pero creo que el aumento de precios también tiene que ver con la inseguridad, y el cobro de piso a los cultivos mexicanos. El presidente López Obrador ha pedido retornar a los orígenes y que seamos autosuficientes en alimentos básicos. Sembrar milpa y cultivos de autoabasto. Incluso uno de los programas estrellas del sexenio está derivando hacia esta nueva orientación. Entre 2019 y 2020, la pobreza en el mundo se incrementó en más de 160 millones de personas, según la FAO. ¿De verás la solución a los males de pobreza y desigualdad pasa por la autosuficiencia alimentaria? Sospecho que no.

Tal vez pensando en esa dirección, el ayuntamiento de Pahuatlán creó el Departamento de Desarrollo Agropecuario, lo cual es motivo de ponderación. El departamento está a cargo de dos técnicos universitarios. Con el mérito de ser originarios de las localidades del municipio; se arraiga a especialistas. Se trata pues de un buen paso hacia adelante. Sin embargo, nunca faltan los peros en esto del desarrollo: Pahuatlán no es un municipio ganadero. Ni tiene esa vocación, por su geografía; sus tierras son aptas para la producción de café. Lo digo porque ambos técnicos son veterinarios zootécnicos; hace falta un agrónomo, y un sociólogo, que realicen trabajo de base. Gestionar e implementar los paquetes nacionales es llegar al mismo punto que llevó al fracaso nacional de ahora. Se precisa un diagnóstico a ras de suelo en base a dos indicadores: vocación social de los eventuales productores y vocación de las parcelas. Hay que empezar por platicar con los vendedores el día de plaza, el domingo, ver qué compran y qué se vende. Con humildad hay que escuchar a los indígenas; allí se aloja una reserva cultural que puede ser la base para dar un golpe de timón en la producción agropecuaria en las faldas de los cerros. Esa información debería de estar detallada en el Plan Municipal de Desarrollo, pero tengo la sospecha que ese documento es la copia de la copia sin aportar nada. En su momento yo propuse un documento técnico para la toma de decisiones, no para cubrir el trámite administrativo. Pero qué bueno que Pahuatlán se pone en consonancia con las acciones nacionales, pero que no se pierda de vista sus particularidades.

Por lo pronto, y volviendo al punto de inicio, yo me quedo con la definición de Jorge G. Castañeda de este martes en Nexos:

“… sembrar maíz y frijol “intercalados” (así lo dijo López Obrador) en las milpas de los arbolitos es un despropósito completo. Si talar selva y bosque en Chiapas, Oaxaca y Tabasco para sembrar frutales que no rendirán nunca y maderables que no crecerán fue un delirio importado de los cinturones de La Habana de mediados de los años sesenta, sembrar maíz en la terraza, el patio o el jardín evoca obviamente el Gran Salto Adelante de Mao en 1958.”

Chayo News

Quien diga que las remesas no incentivan la inversión en infraestructura turística, se equivoca. Xolotla es una comunidad indígena con los índices de rezago social más altos, y con población en pobreza y pobreza extrema. Fue una comunidad cafetalera con producción de calidad hasta que le cayó la roya. Nadie ha podido combatirla. En su desesperación, algunos campesinos le echan jabón fa, pero no. Los productores en vilo. Xolotla tiene un nutrido sistema ritual, caro pero le da colorido y fama de ser de mucha cultura; durante una semana atrae turismo religioso de los pueblos cercanos, luego regresa a su vida somnolienta. Ahora, a las afueras del caserío, sobre la carretera que lleva a otro pueblo indígena, un migrante está construyendo un hotel de tres estrellas, con plaza comercial de artesanías, restaurante, cafetería, albercas, alojamiento y palo volador. A muchos les entusiasmará pasar una noche en medio de la montaña, con alaridos de una partida de coyotes de fondo. Sin embargo, lo más importante, y eso lo dice la gente: no es dinero de políticos, sino dinero bien habido.

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