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      La triada PRIAND y su ilógica narrativa

      Viernes, Abril 29, 2022
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      Si el origen de la triada del PRIAND es cleptocracia, entonces su impunidad es la razón de ser
      Periodista y analista político en medios locales y nacional, filósofo, docente en nivel superior, activista social, comprometido con la justicia.
       La triada PRIAND y su ilógica narrativa

      A LILÍ,
      EN NUESTRA MEMORIA SIEMPRE

      Aparentemente, la vida política y social transcurría “normal” en México durante décadas, nada parecía advertir que el poder político y económico pudiera sentir tambalear sus intereses en todos los sentidos. Si bien es cierto que posteriormente al presidente Lázaro Cárdenas, emergen movimientos sociales que protestaban por violación sistemática a sus derechos, recibiendo como respuesta la represión, que abarcaba desde detención arbitraria hasta asesinato y desaparición de líderes sociales, de estudiantes y de personas en general.

      El poder se mantenía gracias a que el partido en el poder, el PRI se aseguró de aplicar y compartir el poder con la oligarquía y poderes fácticos, quienes vendían la idea de que en “nombre de la democracia”, la “paz social” estaba asegurada. Entre tanto, cada movimiento social tuvo como respuesta violación a sus derechos constitucionales, en cuanto a la oligarquía, aseguradas sus ganancias e intereses. El festín era y es el premio de la corrupción e impunidad.

      Acumulado el malestar social, el primer acto de protesta masiva se dio en 1988, cuando en el proceso electoral fue impuesto Carlos Salinas de Gortari, quien de inmediato aplicó el modelo neoliberal iniciado por su antecesor Miguel de la Madrid.

      Salinas se aseguró que una ínfima minoría le garantizó total apoyo, así sea con una democrática represión y eliminación física de políticos y militantes del Partido de la Revolución Democrática, compuesto por los mejores cuadros de la izquierda que en el sexenio fueron asesinados o desparecidos en número de 745.

      En cuanto al PAN, fue invitado al festín para hacerlo su cómplice de la corrupción. Con el PRD, ya minado de sus cuadros, le fue incrustando de elementos ajenos al partido como a las luchas sociales con los llamados “Chuchos”, extraídos de las filas del falso Partido Socialista de los Trabajadores, cuyo dirigente Rafael Talamantes, fue un soldado del poder contra partidos democráticos de izquierda: un mercenario en sí.

      La garantía de sus sentimientos dominantes les imprimió la satisfacción de justificar el modelo neoliberal la privatización de la nación, la destrucción del campo, la castración de la Constitución al servicio de esas castas divinas y la entrada por la puerta principal del capital extranjero. La clase trabajadora también padeció los estragos.

      La tecnocracia cleptócrata y su crueldad de mente abstracta, aplicó un modelo educativo e ideológico con miras a imponer el individualismo y fracturar el concepto gremial social; pero, los siguientes sexenios neoliberales, al ser eslabones del mismo mismo modelo, no calcularon que esa sociedad amorfa y alienada, podría encontrar que si la primera vez la vencieron, el acumular coraje y hartazgo contra esas castas, al agotar sus mecanismos de fraude, corrupción e impunidad, no existiría ningún tapón que impida la movilización general y ejerza su fuerza en las urnas en 2018.

      La vorágine que les confió impunidad les fue agotando la paciencia social que les dio respuesta contraria, y acusarlos de cada palmo de injusticia en sexenios que jamás calcularon ni imaginaron que su maestría de la mentira permanente, les cobraría caro en un momento dado.

      Desde Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña, se afincaron en una hermandad mezquina mediante el fraude electoral para perpetuarse en el poder junto con sus cómplices de la oligarquía cínica.

      En sus mentes no cabe la posibilidad de que el pueblo tiene memoria en el estómago que hace actuar y decidirse a todo, muchas veces a costa de sus vidas y libertad, empeñados que su modelo “exitoso neoliberal”, cubría todas las expectativas, no así la nacional ni mucho menos sociales, al contrario, la depravación les garantizó ganancias frente a la pobreza y merma de los derechos todos.

      Ese modelo exitoso de la derecha que se apegó a los dictámenes norteamericanos y europeos por lo menos desde la década de los setenta como guía para influir en la política nacional, se acomodó en el neoconservadurismo que se refiera al conjunto de intereses para generar condiciones altamente favorables a éstos dando como resultado un capitalismo mucho más voraz y criminal.

      Ese poder del salinato en sexenios, supo vencer y comprar a las cúpulas políticas del PRI y PRD, para hacer una albóndiga y empatar con el modelo conservador del PAN y hacerlos uno, despojándolos de sus principios doctrinarios.

      La fórmula para que sean uno sólo en triada se llama PRIAND, donde el único sacrificado es el PRD quien es palero y espanta moscas, nada más, porque ya enterró su principio ideológico social de izquierda para decir que es “izquierda social”, según el “chucho”, Jesús Zambrano, quien es el Judas que lo compró Mister Claudio X. González. En cuanto al PRI, como ya Salinas lo había despojado de su vestimenta social, al reducirlo a nada, no tuvo complicación para ser gemelo del PAN.

      De la contrarreforma constitucional salinista y su TLC, Peña culmina de clavar el último clavo en la cruz social. Pero, si los romanos crucificaban a los sublevados y enemigos del imperio, la oligarquía y cleptocracia, consideran que el enemigo es un pueblo pensante y actuante, decidido a avanzar, a alzar su voz y coraje en hartazgo, el caldo de cultivo.

      Si se revisan comentarios y opiniones de la oligarquía encabezada por Claudio X. González, Gustavo de Hoyos y similares, usando a la triada como instrumento de expresión, sin marginar a los llamados orgánicos en medios de comunicación, que siguen el tono que les paguen, imprimen el discurso narrativo del odio contra la política distinta a ese modelo exitoso de pobreza y privatización.

      En el discurso de odio suele subyacer una larga lista de «fobos» y «antis» fácilmente deducibles por el contenido del mensaje. A este movimiento odialéctico le sirve cualquier motivo para poner a alguien en el foco del odio. El Comité de Ministros del Consejo de Europa (1997) lo define como «toda forma de expresión, que difunda, incite o justifique el odio racial, la xenofobia, el antisemitismo u otras formas de odio basadas en la intolerancia» y reconoce que también afecta a la «orientación sexual, creencias religiosas o identidad de género».

      A menudo, quienes practican el ‘hate speech’ se amparan en su derecho a la libertad de expresión para disparar su verborrea. Bien es cierto que cualquiera debería poder expresarse libremente sin que nadie censurara su opinión, pero para ello tendríamos que implantar un cortafuegos en el poder de persuasión para algunos exponentes capaces de estigmatizar a ciertas personas o colectivos. Es más, para entender la libertad en cualquiera de sus formas, se debe asumir que ésta termina cuando empieza la ajena. Es decir, el límite de nuestra libertad es la libertad de quien tengo al lado.

      Si se traslada al campo legal, en algunos casos, esta hostilidad verbal puede entenderse como un delito de odio. Al menos, si se dedujera del mensaje una incitación a compartir ese sentimiento negativo. En esa ocasión, la libertad de expresión colisionaría con otros derechos fundamentales y estaría poniendo en peligro la integridad de las personas con características comunes al objeto de odio expresado en el mensaje.

      Me refiero a los patrones de la triada PRIAND que los usan para emitir odio contra el gobierno y sociedad que los señala y acusa de ser marginales y apátridas, de ser traidores. Como respuesta se asustan y se sienten heridos denunciando que violan su integridad y “moral”, al acusarlos de traidores, cuando siempre ellos lo han hecho, sembrando odio. Tan sólo si buscamos las declaraciones de orgánicos como Carlos Alarzraki, Héctor Aguilar Camín, Enrique Krauze, López Dóriga, Pepe Cárdenas, Loret de Mola y otros, diario expulsan odio. Hoy se dicen heridos.

      Una vez más. Si Salinas, Calderón y Peña, mañosamente dicen no violar la Constitución en los artículos 24, 25 y 27, revisar cómo el capital extranjero y los patiños mexicanos, se hicieron del patrimonio nacional; entonces, se olvidan o no conciben qué es lo que hicieron.

      En la lógica se aplica el silogismo donde cada premisa y sus universales, mediante juicios y combinación de ellos, permiten las conclusiones que se siguen en las combinaciones de premisas dadas. Siendo que éste modelo exitoso acabó consigo mismo sin que imaginen el por qué ni cómo, se reducen al odio por perder el poder y ganancias, acomodando la narrativa discursiva sin lógica de escala de valores racionales ni de silogismo, donde los dos proyectos chocan, donde uno no concibe que su realidad corrupta e impune, arrojó descrédito y crisis general, empeñados en decir que son lo mejor, que hacen por el desarrollo del país, que son garantía de riqueza, pero no aclaran para quién es esa riqueza, como tampoco la complicidad para lograrla, bajo el esquema conservador de siempre, porque se fincaron en una corrupción como privilegio, considerando que se les derrumbó su muro de Berlín en cuanto a que el neoliberalismo es una total regresión mundial y desigualdad social sin precedentes.

      En la exposición del silogismo progresivo del caso, tenemos:

      1. Toda impunidad es corrupción.

      La oligarquía y cleptocracia es impune.
      Luego la oligarquía y cleptocracia es corrupta.

      2. Toda corrupción es inconstitucional.

      La oligarquía y cleptocracia es corrupta
      Luego la oligarquía y cleptocracia es inconstitucional.

      El neoliberalismo como modelo se fracturó y carece de credibilidad ante un pueblo demandante contra la impunidad corrupta inconstitucional.

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