Desde el domingo 17 de abril de 2022 cuando 223 diputados impusieron su voluntad sobre 275 con respecto a no aprobar la reforma constitucional sobre la energía eléctrica, el calificativo de “traidor/a a la patria” ha recorrido medios de comunicación y redes sociales de manera profusa. La minoría de diputados que bloqueó la reforma constitucional (y la derecha neoliberal que los apoyó), se ha quejado con respecto al linchamiento mediático de que han sido objeto en medios y redes al ser acusados de “traidores a la patria”. De hecho, una encuestadora cercana al PAN determinó que el 62.5 por ciento de los encuestados consideran a los diputados que votaron contra la reforma eléctrica “traidores a la patria”.
De manera resumida de acuerdo a los artículos 123, 124 y 125 del Código Penal Federal, traición a la patria significa realizar actos contra la independencia, soberanía e integridad de la Nación Mexicana con el fin de someterla a persona, grupo o gobierno extranjero así como realizar actos de hostilidad bélica, espionaje, atentados contra la integridad territorial, propiciamiento o facilitación de invasiones al país, actos separatistas, colaboracionismo con el invasor, reconocimiento a gobiernos instalados por este último, participación en actos de quinta-columnismo en el contexto de un escenario de guerra contra el extranjero.
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Cómo puede verse, buena parte de la tipificación del magno delito de “traición a la patria”, tiene que ver con actos extremos en el contexto de un escenario de preámbulo de guerra, guerra declarada u hostilidades de la misma en curso. En pocas palabras, es algo como lo que hicieron los conservadores mexicanos entre 1860 y 1867 cuando propiciaron la invasión francesa, apoyaron al ejército francés, combatieron a su lado, y apoyaron al gobierno instalado por los invasores el cual fuera encabezado por Maximiliano de Habsburgo.
Lo más parecido a la tipificación penal de “traición a la patria” hecha por la derecha neoliberal y sus diputados al votar contra la reforma eléctrica, está en el planteamiento genérico del numeral I del artículo 123 cuando habla de aquello/as que realizan actos en menoscabo de la independencia, soberanía e integridad nacional en beneficio de personas, grupos o gobiernos extranjeros. Lo que hicieron los diputados y diputadas del PRI-PAN-PRD-MC fue votar en contra de una reforma constitucional que favorecía la soberanía y seguridad eléctrica en el país y ponerse de lado de las empresas extranjeras que controlan hoy la mayor parte del mercado de la electricidad en México.
La defensa de la soberanía y la independencia de un país no solamente significan asegurar su integridad territorial y su soberanía política. Hay otras soberanías que garantizan la independencia de un país: la soberanía energética que comprende a recursos energéticos y electricidad, la soberanía sobre los recursos naturales en general, la soberanía alimentaria. En el contexto de la invasión rusa a Ucrania y sus consecuencias en materia de abasto de cereales y sus derivados, la soberanía alimenticia se ha vuelto particularmente relevante. Puede argumentarse que cualquier acción que menoscabe estas soberanías está tomando partido no por la patria sino por el extranjero.
En un programa conducido por los periodistas Álvaro Delgado y Alejandro Páez Varela, le escuché decir a Jorge Zepeda Patterson que le parecía excesiva la acusación de “traidores a la patria” que se le ha hecho a los diputados y a la derecha neoliberal. En su opinión lo que sucedió en la Cámara de Diputados el 17 de abril fue una confrontación de “dos ideas de patria”. Si así fuera el caso, el 17 de abril vimos “dos ideas de patria”. La primera de ellas es concebir que los intereses nacionales estarían mejor resguardados en manos de nacionales. La segunda sería la de pensar que los intereses nacionales estarían garantizados en manos de una coalición de capitales extranjeros y minoritariamente nacionales.
La primera representada por las fuerzas nacionalistas revolucionarias y de izquierda, considera como acto patriótico lo que hicieron Juárez, Cárdenas y López Mateos con la defensa de México ante el invasor, la expropiación petrolera y la recuperación de la electricidad. El gran capital y la derecha neoliberal amparándose en la idea de la globalización consideran obsoleto ese patriotismo porque propician la apertura total al mercado mundial. Los primeros consideran a los segundos émulos de los que trajeron a Maximiliano. Los segundos consideran a los primeros trasnochados “que siguen jugando a los niños héroes de Chapultepec”.
Si fuera cierto que los calificados hoy como traidores a la patria no lo fueran, lo que sí podemos decir es que su idea de patria es la de la patria de los grandes poderes del dinero (mayoritariamente extranjeros), la del territorio nacional y sus recursos como fuente de ganancias para el gran capital (mayoritariamente extranjero) y la de la inmensa mayoría de mexicanos como mera fuerza laboral precarizada en caso tengan la fortuna de tener empleo. Y francamente esa idea de patria me parece más bien como no tener patria.