Opinión

“Reconversión” de hospitales psiquiátricos

Viernes, Abril 22, 2022
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Con la medida se condenará a una mayor orfandad y residualidad social a los enfermos mentales
Poeta y ensayista, nació en Puebla. Estudió Maestría en Literatura española en la UNAM. Posgrado en Teoría psicoanalítica. Actualmente es catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP    
“Reconversión” de hospitales psiquiátricos

Diario de trabajo

Poco interés recibió la noticia de la “reconversión” de hospitales psiquiátricos avalada por el Congreso de la Unión hace apenas unos días, la cual señala que “para garantizar el acceso y continuidad de la atención de la salud mental y adicciones, se deberá de disponer de establecimientos ambulatorios de atención primaria y servicios psiquiátricos en hospitales generales, hospitales regionales de alta especialidad e institutos nacionales de salud. Se elimina el modelo psiquiátrico similar aislar, no se deberán de construir más hospitales monoespecializados y los actuales hospitales psiquiátricos deberán, progresivamente, convertirse en centros ambulatorios o en hospitales generales dentro de la red integrada de servicios de salud” (https://www.milenio.com/politica/diputados-aprueban-desaparecer-hospitales-psiquiatricos).

Más allá del conjunto de ambigüedades, imprecisiones y eufemismos que enmarcan la propuesta y tras un engañoso cariz antipsiquiátrico y humanista, la medida solo puede ser comprendida como parte de la actual lógica gubernamental de desarticular las instituciones que ofrecían algún apoyo, real e imaginario, a los sectores más vulnerables de la sociedad (señalar el caso de las guarderías y otros tantos fideicomisos es suficiente) para reducir dichos apoyos a las bases clientelares del gobierno,  dentro de un contexto, además, eminentemente biopolítico y de un matiz eugenésico.

Si hoy vivimos una de las peores crisis del sistema de salud en la historia de México, agravada por la pandemia, traduciéndose  tanto en saturación hospitalaria como en falta de atención a otras enfermedades y carencia de medicamentos, la medida tomada en el Congreso agudizará la situación de nuestro sistema de salud en general y, particularmente, se condenará a una mayor orfandad y residualidad social a los enfermos mentales que, en distinto grado, requieren atención especializada e, incluso, hospitalización permanente.

De acuerdo a la Asociación Psiquiátrica Mexicana (APM) reporta que en el país apenas uno de cada cinco pacientes con trastornos mentales recibe tratamiento adecuado. Esto en el contexto de que dichos trastornos afectan a casi el 30 por ciento de mexicanos.

Esto implica que ocho de cada 10 personas con trastornos mentales no recibe ayuda o no obtiene la adecuada, según el Diagnóstico Operativo de Salud Mental y Adicciones que realizó la Secretaría de Salud del gobierno federal en 2020. La brecha es más amplia para personas que padecen trastornos de ansiedad o fobia social (citado por la misma fuente).

Lo anterior, no significa la defensa acrítica de la institución psiquiátrica. En distintos espacios y momentos he señalado la urgente necesidad de reformar las instituciones de salud mental y desterrar algunas de las peores prácticas médicas que prevalecen en ellas, así como el reconocimiento de los derechos humanos y jurídicos de sus internos. Pero sí reconocer que en un país como el nuestro, esas instituciones han significado un paliativo tanto para algunos enfermos (muchos de ellos totalmente abandonados por la familia), como para las propias familias, incapaces de hacerse cargo de ellos.

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