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OPINIÓN

El poder de las narrativas

Urge educar para los medios o de lo contrario, se construirán imaginarios fuera de una realidad

María Teresa Galicia Cordero

Doctora en Educación. Consultora internacional en proyectos formativos, investigadora social, formadora de docentes e impulsora permanente de procesos de construcción de ciudadanía con organizaciones sociales. Diseñadora y asesora de cursos, talleres y diplomados presenciales y en línea. Articulista en diferentes medios.

Jueves, Abril 14, 2022

Actualmente se mencionan mucho las narrativas prevalecientes en los medios de comunicación y en las redes sociales. Yo las utilizo a partir de una mirada investigativa acerca de las prácticas educativas, donde se problematiza, se desnaturaliza, se visibilizan tensiones y tramas contextuales, se registra, documenta, describe, interpreta, otorga sentidos, analiza, critica y habilita modos alternativos de intervención y transformación.

La investigación narrativa ha adquirido una identidad propia dentro del enfoque interpretativo de la investigación educativa, no sólo por su capacidad para develar los complejos procesos de construcción de los saberes y prácticas, sino también por su poder para orientar procesos de transformación en los ámbitos educativos desde las voces (relatos) de quienes agencian, actúan, intervienen, hacen, producen, resisten, interpelan, padecen, sufren, etc. Esto a través de los relatos que describen densamente los mundos escolares, las prácticas educativas que en ellos tienen lugar, las y los sujetos que los habitan y las hacen, así como las significaciones que producen y proponen (Ripamonti, 2017).

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Como señala Bruner (2013), la narrativa expresa dimensiones de la experiencia vivida, media y configura la construcción social de la realidad; de ahí que la narrativa no sea considerada solamente una metodología sino una forma de construir realidad, de apropiarse de ella y de sus significados particulares y colectivos como otra forma de conocimiento igualmente legítima.

Ahora bien, si tomamos en cuenta que todo texto refleja, expresa o manifiesta las contradicciones y conflictividades de la realidad social en y desde la cual se produce y que  se encuentra en una tensión dialéctica que puede historizarse (Roig, 1981), las narrativas actuales parecen no tomar en cuenta lo que ha sucedido en el pasado, las lecciones que la historia ha dado a la humanidad, por lo que en lugar de producir y difundir relatos inclusivos, estamos siendo testigos de un violento choque de narrativas públicas.

Se sigue empleando la vieja narrativa patriótica como defensora de ciertos derechos; se sigue posicionando dejando de lado la diversidad necesaria como el camino para la coexistencia; se sigue polarizando la opinión pública a través de un claro enfrentamiento entre mi historia versus tu historia y en donde la reflexión analítica y crítica desaparece. El ejemplo más claro es lo que ocurre en las redes sociales, donde se reproducen notas e imágenes de manera indiscriminada, sin tomar en cuenta el referente necesario que permita tomarlo como válido.

Dos ejemplos, la guerra en Ucrania y la revocación de mandato. En la guerra, escuchamos y vemos una y otra vez escenas de un conflicto en el que no sabemos cuáles fueron los intereses reales que la desencadenaron. Sabemos lo que nos quieren decir. Sin duda, las pérdidas de vidas humanas y el inmenso dolor y sufrimiento de las familias de los países involucrados no pueden pasar inadvertidos, pero tal vez, no nos hemos puesto a pensar a quién le favorece más este enfrentamiento, ¿quién realmente gana y estará ganando mientras dure más tiempo?, ¿quiénes ha ganado con las guerras ocasionadas en otras partes del mundo?, ¿por qué se siguen pidiendo y dotando armas a Ucrania?, ¿por qué no se busca una negociación? Hasta ahora, las narrativas sobre la guerra no buscan generar un discurso de verdad, sino que se crean narrativas sentimentales, muchas veces como una mentira emotiva, llena de elementos que capten la atención de la opinión pública para que se validen todas las acciones que tengan que ver con la condena total, especialmente de Rusia y de su presidente.

En cuanto a la revocación de mandato, estuvimos inundados de narrativas que no tomaban en cuenta, salvo raras excepciones, el artículo 39 constitucional, que a la letra dice: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”. Con base en él, se fundamentan en México, las herramientas de la revocación de mandato y la consulta ciudadana, es decir, no fue porque al Presidente se le ocurrió o por gastar dinero en su posicionamiento, sin embargo, se instalaron, promovieron y se siguen promoviendo una diversidad de narrativas que no tienen nada que ver con un ejercicio democrático, que sienta precedentes en nuestro país porque nunca se había hecho.  

Este tipo de narrativas elaboradas con base en discursos mediáticos, llenos de dramatismo, sensacionalismo y victimismo, pretenden que su mensaje cale en la sociedad ya que su fin es simbólico y comunicativo, puesto que, al captar la atención mediática. Estas narrativas sólo son viables cuando son visibles, además de que ignoran deliberadamente a quienes no las apoyan o contradicen (Aznar y otros, 2014).  

Actualmente, los medios de comunicación y las redes sociales juegan un papel esencial porque generan formas que naturalizan los imaginarios, influyendo en la conciencia emocional de todas y todos porque construyen realidades, se convierten en “maquinas narrativas” (Chillón, 2000) porque crean una visión del mundo a partir de los relatos que quieren posicionar y difundir y que, desgraciadamente, tienen en común la falta de veracidad en su información.

Ya he anteriores colaboraciones he sustentado la necesidad de educar para los medios, porque si no se analiza y reflexiona críticamente lo que se difunde, se seguirán construyendo imaginarios que nada tienen que ver con la realidad social y que atienden a los intereses de unos cuantos, especialmente cuando el desarrollo de las habilidades de comunicación involucra una dimensión ética, así como la valoración de la diversidad cultural que hacen efectivo el derecho a la convivencia.   

Referencias

Aznar, F. Montesinos, F.  Baca Baldomero E. Lázaro, J. (2014) La guerra contra la violencia. Editorial Triacastela.  
Bruner, J. 2013 La fábrica de historias. Fondo de Cultura Económica.
Chillón, A. La urdimbre mitopoética de la cultura mediática. Análisis. Cuadernos de Comunicación y Cultura.
Ripamonti, P. (2017) Investigar a través de narrativas. Notas epistemo metodológicas narrativas/ Experiencias, cruces reflexivos. Research Gate. See discussions, stats, and author profiles for this publication at: https://www.researchgate.net/publication/34109030
Rufer, M.2016 “El archivo: de la metáfora extractiva a la ruptura poscolonial” en Rufer, M.
Gorbach, F. (eds) (In)disciplinar la investigación: el archivo, el campo y las disciplinas, Siglo XXI Editores.

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