Sabemos bien que la decisión del candidato o candidata a la Presidencia de la República, por parte del partido en el poder, representa en México un rito que apasiona hasta a los que detestan la política y a sus personajes.
Esto existe desde los tiempos del todopoderoso PRI; posteriormente la alternancia con los gobiernos del PAN, y ahora con Morena se mantiene mucho de ese sistema que va "seleccionando" a aquellos con posibilidades de suceder en el poder al Tlatoani, al rey sin corona, al todopoderoso hombre de Palacio.
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La Presidencia de México representa, a pesar de avances democráticos, de creación de instituciones autónomas y de pluralidad en el Poder Legislativo federal, la capacidad de controlar las decisiones más trascendentales de la vida nacional.
El particular estilo del presidente Andrés Manuel López Obrador ha abierto prematuramente la especulación y la carrera para la sucesión de 2024. El propio Presidente le ha levantado la mano a Claudia Sheinbaum; le ha conferido, a momentos, poderes fuera de su esfera de atribuciones a Marcelo Ebrard, y recientemente ha puesto en lo más alto de su gabinete y afectos, al exgobernador de Tabasco, Adán Augusto López Hernández, al designarlo al frente de la Secretaría de Gobernación. Pero más relevante resulta ver el poder que le ha atribuido, lo afectuoso que se muestra ante él y lo mucho que destaca el trabajo de su secretario en cada oportunidad que tiene.
Sheinbaum habla y se comporta como un copy-paste de su jefe. El ser mujer juega tanto a su favor como en su contra, en un México aún machista y con predominio de gente muy pobre, bajos niveles de escolaridad y una visión patriarcal respecto a las mujeres.
En lo personal me gustaría ver ya a una mujer al frente de la Presidencia de México, pero no me gustaría ver a Sheinbaum, por la única razón que no propone nada relevante, más que repetir e imitar al Presidente, confiando en que la popularidad de éste le será suficiente en caso de resultar como la ungida.
Marcelo Ebrard tiene a favor y en contra el ser el eterno delfín de López Obrador. Cuenta con el desgaste del “favorito" que muchas veces en el juego del poder, perjudica más de lo que ayuda. Ebrard es bien recibido en los ámbitos empresariales, académicos y pensantes del país, por no ser percibido como un radical. Pero tantos años siendo visto como el "bueno" seguramente le han abierto flancos y expedientes, que sus contrincantes van a utilizar en su contra a medida que se acerquen los tiempos decisivos.
Adán Augusto López Hernández llegó a la Secretaría de Gobernación en un momento en el que dicha secretaría parecía no existir. Su trabajo político se mudó a Palacio Nacional y fue ejercido personalmente por el presidente; por su entonces consejero jurídico, Julio Scherer; por el titular del Centro Nacional de Inteligencia, General Audomaro Martínez; y hasta por el entonces titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, Santiago Nieto.
Todo el enorme poder que algún día tuvo Gobernación se atomizó, y dejó a la otrora secretaría número uno del gabinete como una mera oficialía de partes.
Algo poco favorable para la gobernabilidad del país, que dejó a un lado la institucionalidad ya establecida, para pasar al ánimo y disposición presidencial.
Pero el nuevo titular de Gobernación ha cambiado esa situación en pocos meses y se ha convertido ya en el hombre fuerte del Presidente, con la diferencia del protagonismo y el usual hábito de declarar sobre todo asunto de la vida nacional que caracterizaba a sus antecesores.
López Hernández opera en silencio, es efectivo, goza del aprecio del presidente, del respeto de sus compañeros de gabinete y ha sido muy bien recibido por los grupos de poder económico en México. Ha tenido un solo desliz en su actuar recientemente, que seguramente registró y del cual sacará lecciones.
Ante tal situación, el presidente López Obrador declaró que "no es una de sus corcholatas, que está haciendo su trabajo en la transformación del país y que ahora no está buscando la Presidencia”. Lo cual se traduce para el buen entendedor, como que Adán tiene su venia y que ya está en la lista corta para sucederlo en 2024.
Si Adán Augusto se maneja como hasta ahora, exceptuando el desliz del pasado fin de semana, hace estrategia y se rodea de gente capaz, mi apuesta es por él.
De la oposición nada que agregar desafortunadamente. No saben ni dónde están parados, no logran descifrar al Presidente y por ende no son capaces de debilitarlo.
Increíblemente un jovencito inexperto en política y administración pública, impulsado por las redes sociales de su esposa, parece ser el único opositor que gana popularidad.
En la democracia no llegan los mejores sino los más populares, no lo olvide.
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