Mucho se ha especulado alrededor del famoso Tren Maya. Unos argumentan la devastación y las consecuencias de impacto ambiental que tendrá su construcción, y otros, apoyan otro de los proyectos estrella del Presidente. Este es un tema más que suma a los altos niveles de polarización que vivimos en México y que tanto nos dividen como sociedad.
Según el gobierno federal, el Tren Maya es un proyecto pretende mejorar la calidad de vida de las personas, además se plantea como objetivos “cuidar el ambiente” y detonar el desarrollo sustentable. Se estima que recorrerá una distancia de 1,500 km aproximadamente y pasará por los estados de Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo.
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Pasé casi toda mi infancia y juventud en el sureste de México, por lo que tengo un cariño muy especial por cada uno de estos estados de la República; es por ello, que hablar del Tren Maya se convierte en un tema sumamente contrastante y preocupante para mí.
El proyecto, en mi opinión, tiene una gran visión de desarrollo regional. Muchas comunidades de esta región del país tienen mucha riqueza cultural y pueden tener un gran desarrollo turístico por el paso del Tren Maya; sin embargo, hay temas sumamente preocupantes con relación al cuidado del medio ambiente, a la planeación del proyecto y a la transparencia con la que se presenta la información del proyecto.
Hace unos meses Fonatur, la autoridad encargada del Tren Maya, anunció un cambio de tramo, lo que desató una ola de críticas al proyecto por parte de diferentes asociaciones civiles ambientalistas, ya que en la ruta inicial ya se habían talado más de 22 mil árboles, además un video de artistas se viralizó en redes sociales, lo que logró enfurecer al Presidente y una vez más, se lanzó al ataque en contra de aquellos que no apoyan sus proyectos.
Y es que, según la revista FORBES este proyecto se trabaja sin un Manifiesto de Impacto Ambiental (MIA), sin permisos para la tala de árboles y sin el correspondiente cambio de uso de suelo forestal. El gobierno federal se justifica con base a un decreto emitido por el Presidente en el que señala que “todos los proyectos de infraestructura son de interés público y de seguridad nacional”.
No soy una experta ambientalista, pero sabemos que la intervención humana en cualquier ecosistema tendrá consecuencias medio ambientales; sin embargo, esto se puede prever y minimizar con planeación.
En el caso del Tren Maya, las protestas son las consecuencias de la falta de planeación estratégica de los proyectos hechos a capricho de la voluntad política; son manifestaciones de generar proyectos sin conciencia medio ambiental y es un reflejo de la falta de gobernanza participativa que defienda y abogue por el derecho a un medio ambiente sano y la aplicación del principio de transparencia proporcionando información a las comunidades sobre las implicaciones territoriales de la construcción del Tren Maya.