Decimos privilegiar la paz cuando la historia de la humanidad se basa en violencia, guerra y conquista. Tan solo hoy estamos viviendo uno de los episodios más lamentables de la humanidad en Ucrania.
Nos ufanamos de poner ante todo la justicia y el respeto, cuando el mundo recompensa los abusos, y los que los cometen parecen salir siempre triunfadores ante un sistema corrupto e impune, que le da más valor al dinero, al poder y a la posición, que a la verdadera justicia.
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Resulta increíble ver la escena de la reciente entrega de los premios Oscar, en la que Will Smith se levanta y abofetea al conductor Chris Rock, por haber hecho mofa de la cabeza rapada de su esposa, producto de una condición de salud. Pero por irreal que parezca, no puedo decir que esta reacción es totalmente injustificada, ante el papel de un barbaján que, en su afán de hacerse el simpático, insulta y se burla en vivo y en televisión de alcance mundial de una mujer por una condición física.
Por semejante atrevimiento, este tipejo llamado Chris Rock no debería ser contratado de comediante ni en una fiesta infantil en el futuro.
Will Smith reaccionó con un entendible coraje, de una forma en la que muchos pudiésemos pensar era esperada, basada en el ideal de un hombre que defiende a un ser querido, del ataque vulgar y no provocado de alguien que busca llamar la atención.
Ante una corte se podría presentar lo anterior como un atenuante a favor de Smith, pero ya da lo mismo: él pierde en imagen, en contratos y en dinero, por haber recurrido a la violencia. Sin importar el veredicto de un jurado, la opinión pública y su reacción tangible se reflejará en el futuro del actor, como sucede en el caso de cualquier persona que tiene que hacerse responsable de sus actos.
La violencia es nuestro modo de vida como seres humanos, pero ésta sólo genera un ciclo que nunca se rompe y que no puede ser aceptado, al menos abiertamente, por la gente. Así que, es necesario condenar el uso de la violencia, independientemente si existe o no justificación para ella; el no hacerlo nos llevaría a la barbarie absoluta.
Chris Rock no merece una bofetada, merece una madriza por su falta de respeto y por meterse con una persona por su apariencia, se deba esto a un padecimiento de salud o sea por elección propia.
Pero analicemos como siempre, las cosas “a toro pasado”. Smith tenía ante sí al menos dos opciones:
La primera era levantarse lleno de rabia pensando en defender el honor de su esposa y abofetear a un rufián de barrio poniéndose a su altura. Esta opción fue la que tomó y con la que, en automático, lo que prevalece es la violencia no el ataque injustificado por parte de Rock.
Nuestra falsa moral nos hace despreciar la violencia inmediatamente, basados en una lógica de paz y armonía que pocas veces privilegiamos como seres humanos y como sociedad. La imagen que dio y dará la vuelta al mundo es la de Smith golpeando a Rock, y así este último pasa de victimario a víctima.
Esto es justo lo que pasa en las escuelas con muchos niños que soportan el abuso del clásico del bully, y el día que se hartan y responden, ellos son señalados y castigados.
La segunda opción de Smith era levantarse con la misma rabia, tomar de la mano a su esposa, abandonar la sala y el evento e irse a su casa. Imagine usted la escena cuando lo anuncian como ganador del Oscar a mejor actor y él no está presente.
Visualice que lo ponen al aire vía FaceTime, mientras dirige un discurso a la audiencia y al mundo entero bajo la siguiente narrativa.
“No me encuentro con ustedes porque decidí abandonar la sala, debido a las ofensas proferidas por un mediocre hacia mi esposa.
Una condición de salud no puede ser motivo de burla en ningún lugar, bajo ninguna circunstancia. Y no podemos como sociedad, normalizarlo y mucho menos pensar que es gracioso.
Quien haga esto no es un comediante, es un imbécil.
Mi opción inicial ante el ataque era la violencia, pensé en pararme y abofetear a ese mequetrefe que contrató la Academia, y que se atrevió a ofender a mi esposa, pero el hacerlo generaría violencia y me rebajaría a un nivel al que no pertenezco.
Hoy vemos con tristeza y preocupación que el mundo está al borde de una crisis global, por idiotas que utilizan su pedacito de poder para atacar a los más débiles. Eso lo vemos diario en las escuelas y en los trabajos.
Y producto de esta manera de actuar vemos actos de discriminación, de injusticia y arrogancia, que solo siembran la semilla de la violencia.
No permitamos esto. No al bullying. No a la burla por una condición de salud o por elección de moda. No a la discriminación. No a la violencia.
Gracias a la Academia y al público por este reconocimiento”, bla, bla, bla.
Le aseguro que el público se hubiera puesto de pie aplaudiendo a Smith, y que su discurso le estaría dando la vuelta al mundo, tendría hoy incontables llamadas ofreciéndole más películas, mientras que el imbécil de Chris Rock no tendría trabajo ni de mimo en una esquina de Los Ángeles.
Esta reacción en los premios Oscar nos da una enorme lección de vida: nunca, nunca, nunca reacciones estando enojado.
Y esto nos reafirma que la falsa moral e incongruencia humana prevalece para bien y seguimos condenando la violencia.
El que más tiene más pierde, y hoy pierde Will Smith.
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