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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Expertos en aeropuertos

Es mejor tener el AIFA que no tenerlo, sin duda, pero su costo en realidad fue estratosférico

Oscar Gómez Cruz

Maestro en Asuntos Internacionales de Negocios Universidad de Columbia. Maestro en Administración Pública INAP. Egresado de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard. Es presidente de 2TRES15

Viernes, Marzo 25, 2022

El pasado 21 de marzo, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, inauguró el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), rodeado de miembros de su gabinete, flanqueado en casi todo momento por sus "favoritos" para la sucesión del 2024, como una especie de "pasarela" y prueba de popularidad y relaciones públicas.

Lo acompañaron también empresarios, políticos de todo el país y por supuesto, medios de comunicación.

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Hoy todo mundo opina del citado aeropuerto, aún sin haber puesto un pie en él. Todos, de un día a otro, nos convertimos en "expertos" en aeropuertos, cuando una semana antes éramos expertos en geopolítica con énfasis en la zona de conflicto en Ucrania.

Así son los ciclos de información y hay que entenderlo, pero hay cosas a destacar sin ser "expertos" en la operación de aeropuertos.

Por principio, es sabido por todos que, a su llegada al poder, el presidente López Obrador dio un manotazo en la mesa y canceló los trabajos ya avanzados en el aeropuerto que se construía en Texcoco. Al hacer esto se perdieron miles de millones de dólares en infraestructura enterrada y en el "drenado" del Lago de Texcoco, para lo cual se contrataron empresas holandesas expertas en ese tipo de ingeniería.

Hablamos de miles y miles de millones de dólares enterrados, aunados a deuda vía bonos, que el gobierno de Enrique Peña Nieto emitió para financiar con capital privado la mega obra. El cancelar el aeropuerto bajo el argumento de corrupción, favoritismo, arreglos por debajo de la mesa y sobreprecios de una obra "fifí", implicó al gobierno continuar con la presencia de trabajadores en el sitio de construcción, ya que de no hacerlo, se hubieran "incumplido" los compromisos, con penas gigantescas para México.

Nunca se procesó a nadie por corrupción ni se demostraron irregularidades en los procesos de licitación, (que seguramente los hubo, al igual que corrupción) y se eligió a la antigua base aérea militar de Santa Lucía, como la sede del nuevo proyecto. Se designó al Ejército Mexicano para ejecutar la obra, se asignó todo directo por cuestiones de seguridad nacional y se gastaron nuevamente miles de millones de dólares, prácticamente a discreción.

El aeropuerto recientemente inaugurado es obvio no está terminado ni cuenta con lo necesario para operar de forma óptima. Es entendible, es razonable, porque se hizo en un periodo de tiempo muy corto y, además, se requiere el flujo de pasajeros para que los negocios se establezcan y para que a las aerolíneas les sea rentable operar ahí.

Ahora, está el actual Aeropuerto Benito Juárez, que es de todos sabido lleva años superado en capacidad, pero si este opera como alterno a Santa Lucía, resulta importante saber cómo mantendrán sus costos las aerolíneas, teniendo que operar con personal de tierra en ambos sitios.

Por otro lado, el acceso al nuevo AIFA aún no está terminado y el trayecto es largo, no solo para los pasajeros que lo utilicen, sino para los empleados del aeropuerto y aerolíneas que tienen que desplazarse hasta allá.

Es mejor tener el AIFA que no tenerlo sin lugar a dudas, pero su costo en realidad fue estratosférico por el dinero enterrado, las pérdidas e indemnizaciones, la nueva construcción a puerta cerrada y la infraestructura alterna.

Los caprichos salen caros. Ahora que sea para bien de los mexicanos.

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