Desde que el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla (IMACP), con Dalia Monroy a la cabeza, trajo obra monumental de Soriano, no se había visto una intervención escultórica en el mayor y más importante espacio público de esta ciudad de Puebla. Sí se le ha invadido de fotos en grandes dimensiones en muchísimas ocasiones, lo que ha permitido acercar al paseante a obras de fotógrafos y pintores, pero de una manera más invasiva que elocuente, más impositiva que comunicativa.
La intervención del espacio público merece un estudio. No solamente se trata de ocupar los vacíos, los huecos que quedan disponibles. Merece estudios de movilidad en el interior, y desde este hacia otros espacios: hacia la calle, hacia el destino de las aceras opuestas, por ejemplo, lo cual mejoraría la visibilidad de la obra expuesta desde diferentes puntos de vista fuera de la plancha del zócalo, eso, además, invitaría al paseante a acercarse a la obra.
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Normalmente, estas fotos de grandes dimensiones ocupan los pasillos del lado del Ayuntamiento y del lado de Catedral, por ser los más anchos, sin otra consideración de por medio.
En esta ocasión -la pericia del artista y/o la atinada gestión- ocuparon una línea visual importante cuyo eje que empieza en el Pasaje Francés y desemboca en la Basílica Catedral de Puebla, con un hito intermedio: la fuente de San Miguel. Ahí fue emplazada la obra de Rivelino TÚ, pieza que ha paseado por diferentes puntos de la República Mexicana, como en Héroes de la Macroplaza de Monterrey (2017), por ejemplo; y por el extranjero, en Trafalgar Square de Londres (2015).
Rivelino (https://www.rivelino.com.mx) es un artista oriundo de Guadalajara, que se ha distinguido por sus intervenciones en el espacio público, pero también ha presentado en Puebla diferentes exposiciones con obra de caballete. Sus propuestas estéticas giran en torno a la igualdad, y ello también implica mencionar aquello que provoca o es efecto de la desigualdad. Es un artista y activista social que también ha participado en foros internacionales con temas económicos, políticos y de inclusión.
Cada dedo -de 12.5 toneladas- está moldeado en bronce pintado con pintura blanca de aerolínea por su resistencia a la intemperie. El escultor escogió la pintura blanca por ser un color neutral. Al respecto hay mucho que cavilar, ya que, si reflexionamos, visualizamos inmediatamente la diferencia conceptual entre los diferentes colores; ejemplo, no hubiera sido lo mismo pintar un dedo blanco y otro negro (inmediatamente nos lleva al racismo), dejar el color natural del bronce (evocación de escultura clásica). Reflexiones que expuso el artista en la charla previa a la inauguración.
Sin duda alguna la dimensión es determinante, pues tratándose de ocupar el espacio público abierto, tiene que gozar de una presencia visual, pero también unas dimensiones que inviten a la interacción, de ahí la importancia de dejar un breve espacio entre ambos dedos.
La escultura pública funciona como tal cuando interactúa con la ciudad, con sus movimientos, con la gente, con su movilidad, pero también con la quietud con los edificios. Es ahí donde las dimensiones determinan.
La presencia de TÚ ha hecho cada espacio en único, pero cada momento también, es donde espacio y tiempo se vuelven irrepetibles en tanto experiencias personales, lo que significa un reto a la memoria.